Cuando el vino se viste de arte

Montalbán Estudio acaba de recibir la medalla de oro en los European Design Awards 2017, en la Categoría Packaging de Bebida Alcohólica, por Mimbo Wine, de La General de Vinos y Licores. Su diseño, sin etiqueta, rompe la imagen clásica de la botella de vino, con un estilo alegre y limpio, y su tapón de cristal hace de su envasado un auténtico objeto de coleccionista. Y es que no es la primera vez que se busca dar un valor artístico al recipiente de este tipo de bebidas. Ese el caso de Enate o Vintae con el vino, de Casa Lolea con la sangría, o de Freixenet con el cava. Por ello, hemos querido conocer a fondo el porqué del enorme vínculo existente entre el vino y el arte, así como entre Montalbán Estudio y La General de Vinos y Licores, y qué mejor para ello que entrevistar a Víctor Montalbán y Cristina Caballero.


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Víctor Montalbán y Cristina Caballero son el núcleo de Montalbán Estudio y, desde hace más de un año, de la mano del sumiller Ismael Ardid, se aventuraron en el mundo de la enología con La General de Vinos y Licores.

—¿Cómo un diseñador gráfico se aventura en el mundo del vino?

Víctor Montalbán (VM): El año pasado conocimos a Juan Pablo Fernández, que es nuestro socio en esto del vino. Empezó siendo un cliente y se acabó convirtiendo en un socio. Nos presentó un proyecto que nos pareció muy interesante, nos apeteció entrar como socios, y lo que iban a ser un par de marcas de vino ha ido creciendo exponencialmente hasta ser una compañía distribuidora bastante grande.

 

—¿En qué consiste La General de Vinos y Licores?, ¿a qué mercado está dirigido?

Cristina Caballero (CC): Nació con la idea de crear un solo vino, un vino de la casa y, a raíz de ahí, ir creciendo. Queremos buscar en las distintas denominaciones de origen de España bodegas pequeñas, especiales, gente que mime lo que hace, porque nosotros también lo hacemos con el diseño y la comunicación. Escoger lo mejor de cada denominación de origen y hacer vinos especiales y, sobre todo, diferentes, que se adapten a este mercado, que está cambiando. Y que la gente aprenda que no se trata solo de vino, sino que una parte importante también es cómo lo vistes.

—¿Habéis tenido que poneros al día en el mundo de la enología?, entiendo que en este sentido la figura del sumiller y socio de La General, Ismael Ardid, ha sido y es importante.

VM: De hecho, puede que nuestro punto fuerte sea que tenemos a un grupo de personas, incluyendo a nuestro socio mayoritario, que sí entienden de enología. Nosotros hemos desarrollado un poco el gusto y el criterio, y tenemos ciertos conocimientos, pero creo que lo interesante es que no sepamos demasiado, que actuemos como público. Nuestra opinión va enfocada a valorar si nos encaja a nosotros, como tipo de cliente intermedio, ya que no somos ni muy mayores ni muy jóvenes.

CC: Que estemos un poco verdes hace que vayamos a una cata y que, al final, el vino que más nos guste probablemente sea el que más guste al público al que va dirigido.

—Cada vez es más frecuente que las botellas de vino sean pequeñas obras de arte, ¿por qué en los últimos años se ha producido esa conexión?

CC: Internet ha sido clave para las marcas. Tienen que ofrecer cosas diferentes, y el medio por el que más están vendiendo es a través de redes sociales. Tienes que ser muy original, muy atractivo, que a la gente le llame la atención lo que estás haciendo, y además te permite sinergias con, por ejemplo, artistas plásticos que van a ser prescriptores de tu marca.

—En Aragón esta relación viene de largo, un ejemplo pionero es Enate, ¿destacaríais alguna bodega que haya creado una línea de diseño interesante?

VM: Hay muchas. Pero, por ejemplo, los del Grupo Vintae son quizá los que mejor controlan todo esto. No solo sacan un vino, sino que crean un producto con una imagen muy cuidada. Lo hacen todo muy fresco y muy joven. Casi no parece vino, si lo comparamos con el estilo clásico y pictórico de Enate. Vintae busca que la gente joven se aficione al vino.

CC: Yo destacaría el diseño de Libalis, que lo ha hecho Vintae, precisamente.

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Cristina Caballero: «El diseño sería el último paso, pero todo lo que hay antes es casi lo más complicado». Foto: Unpardedos Fotógrafos

—Hace tiempo que el diseño ha ido más allá de una simple etiqueta, ¿esto puede estar vinculado a esa especie de elitismo que rodea a la enología?

VM: Nos gusta la idea de que la botella se pueda reutilizar. Es el caso de Mimbo, que va con su corcho de cristal, y eso nos parece bastante interesante. Pero tampoco queremos ir de elitistas con el vino, al contrario. Hemos intentado que la gente al ver la botella se pueda imaginar cómo es el contenido. Es algo que también ocurre con un buen libro, si la portada te está contando algo.

CC: Es más, de todos los vinos que tenemos, Mimbo es el único que tiene este formato. Con él tuvimos la posibilidad de hacer algo diferente. Siendo diseñadores, es un reto para nosotros darle una vuelta al packaging, que no sea solo una etiqueta.

—¿Es tan importante hacer un buen vino como su presentación?

CC: Al final, el contenido también tiene que ser bueno.

VM: De hecho, teniendo tanta competencia, si compites, es realmente por el vino. Cuando nuestros vinos entran en el mercado, te das cuenta de qué pie cojean. Si no tienes un buen producto, no se vende. Lo tenemos muy comprobado.

—Entiendo que también es importante saber a qué mercado va dirigido.

VM: En principio nosotros nos hemos especializado en sector restauración. Sí que es cierto que planteamos que cada uno de nuestros vinos se pueda encontrar en lineal.

CC: Lo planteamos haciendo gamas distintas. Ahí no es tanto el contenido, sino que el diseño va a ser lo importante.

—¿Qué es lo más importante a la hora de diseñar una botella de vino?, ¿su sabor, su aroma, el tipo de maridaje al que va dirigido…?

VM: Creo que depende más del momento en el que lo vayas a consumir, y no tanto de maridaje, por ejemplo. En verano, a 35 grados en la playa, no me veo con un Rioja reserva servido a temperatura ambiente. Tiene que ser el consumidor el que aprenda a escoger el vino y tomarlo en su contexto más adecuado. Aparte de eso, lo que más valoramos nosotros es el sabor.

—¿En qué orden funcionó el proceso creativo de Mimbo?

VM: Además de trabajar desde el principio en el concepto de lo que es el vino en sí mismo (escoger el producto, el tipo de vino que tiene que ser, etc.), nos encargamos tanto de ponerle el nombre como de darle imagen. Nos condiciona muchísimo el nombre.

CC: El diseño sería el último paso, pero todo lo que hay antes es casi lo más complicado.

—¿Qué fue vuestra inspiración?

VM: Nuestros socios más entendidos nos explicaron el concepto. Queríamos algo para un perfil de gente más joven, no queríamos hacer el típico vino de La Rioja. Empezamos por encontrar un nombre fresco y divertido. Tras descartar miles, salió el nombre de Mimbo de un compañero nuestro. Nos pareció simpático, porque nos recordó un poco a «mambo». Es como bailongo y festivo. En la etiqueta se puede ver que cada letra del nombre va por su sitio. Una vez que teníamos el nombre, y habiendo pensado este tipo de formato en el que la botella es transparente y el tapón es de cristal, empezamos a construirlo, y nos dimos cuenta de que seguía siendo muy serio. Lo que hicimos entonces fue deconstruirlo todo y hacer esos pequeños iconos que hay en la botella.

—¿Y por qué los motivos playa y montaña?

CC: Surgió durante el proceso de diseño, buscábamos algo que hiciera especial a cada una de las variedades y que las diferenciase; lo antagónico a la playa es la montaña. Mimbo tinto está en camino, también sigue este mismo esquema, y le hemos metido un punto más de innovación. Va a ser espectacular. De momento, están haciendo pruebas.

—Hay muchas personas que trabajan en un producto así, ¿cómo os habéis distribuido el trabajo?

VM: Nosotros dos somos el núcleo, pero cada vez que necesitamos a alguien más especializado o con más experiencia en un área concreta, tenemos una red de colaboradores bastante amplia: desde los fotógrafos, que se implicaron en hacer las fotos con el atrezo, hasta la becaria que teníamos entonces, que además venía de La Rioja y estuvo muy activa, pasando por nuestra copy, que es la que ha escrito los textos con los que definimos Mimbo.

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«Hemos intentado que la gente al ver la botella se pueda imaginar cómo es el contenido. Es algo que también ocurre con un buen libro, si la portada te está contando algo». Foto: Unpardedos Fotógrafos

—¿Qué ha supuesto para vosotros recibir el Gold Medal European Design Awards 2017?

CC: Te da un subidón después de tanto tiempo trabajando en La General de Vinos. Te hace ver que ha merecido la pena. Alguien reconoce tu trabajo. Igual es una cuestión más de autoestima, de quedarte relajado.

VM: También vas a su web y haces una búsqueda con filtro de estudios españoles que tienen el premio, y te das cuenta de que apareces a la altura de los mejores, y no sabes muy bien qué pintas al lado de gente a la que admiras. Y resulta que estás ahí, tan normal. No nos lo hemos creído mucho.

—Comentabais en el blog del estudio que os daba un poco de pena ser la única representación española en dichos premios, ¿a que creéis que se debe?

VM: Inscribirse a estos premios no es barato, hacerlo con Mimbo nos costó 140 €. Cada vez que inscribes un proyecto y te cuesta ese dinero, te lo piensas. Es un premio europeo, y la competición es enorme. Hay que ir con los mejores trabajos que tengas. Así que un motivo muy disuasorio es el precio y otro es que quizá los clientes no se fijan tanto en los premios como antes. Antes parecía algo muy importante, ahora creo que buscan más otras cosas.

CC: Buscan más el precio, la mayoría de las veces…

—Ahora mismo qué proyecto tenéis entre manos en ese nexo que es La General y Montalbán Estudio?

VM: Estamos haciendo más vino para otros clientes, pero dentro de poco vamos a trabajar con una empresa nueva de vino en Cataluña, cuyo sistema es parecido a La General de Vinos y Licores. Van a sacar diferentes vinos de todas las denominaciones catalanas, y estamos trabajando en los conceptos, ilustraciones y diseños de todos esos productos. Saldrán al mercado en un mes y medio, aproximadamente, y vamos a empezar con siete marcas de vinos.

 

Por Adrián Martínez Moliné y Elisa Plana

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