Café con Desirée Orús

Desirée Orús (Zaragoza, 1960), licenciada en Historia del Arte por la Universidad de Zaragoza, lleva más de treinta años comisariando numerosas exposiciones y ejerciendo como crítica de arte, entre otros medios, para el suplemento cultural «Artes y Letras» de Heraldo de Aragón. Además, preside la Asociación Aragonesa de Críticos de Arte y cabe destacar que es la primera mujer en desempeñar el cargo.

Podríamos hablar durante horas sobre la vida de Desirée, y seguro que en cada etapa encontraríamos un autor, una pieza, una estética particular.  Sin embargo, la taza que ambos tenemos delante pide que nos ajustemos al presente, y lo pide con premura a fin de que no se nos enfríe. Así pues, sin más dilación, nos adentramos en el universo de Desirée Orús…


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Desirée Orús: «Todos podemos decir si algo nos gusta o no nos gusta, pero la diferencia radica en si somos capaces de argumentar nuestra postura»

—¿Cómo llegaste al mundo de la crítica?

Primero, estudiando la carrera de Historia del Arte; segundo, porque desde pequeña crecí en un entorno rodeado de artistas. Tenía dos opciones: rechazar el ambiente en el que me crié o aceptarlo.

Escribir ha sido siempre para mí una necesidad. En 1987 comencé a escribir para distintas revistas y en 1989 en el periódico El Día. A esto debemos sumarle la realización de numerosas exposiciones y presentaciones de catálogos.

—Y además eres hija del pintor José Orús… Imagino que la figura de tu padre ha sido un aspecto determinante en tu formación.

Pero no solo por mi padre. Ya desde muy pequeña solía asistir con él a tertulias de artistas; les conocía, me conocían, conocía sus obras… esa atmósfera es la que realmente educó mi mirada. El arte era algo normal para mí ya desde la infancia. Asistía a exposiciones, visitaba museos, tenía muchos referentes cerca… Lo más importante es educar la mirada.

—En una época en la que el pensamiento se encuentra tan fragmentado, en la que tantas estéticas conviven, se funden y confunden, ¿cómo mantiene el crítico una postura que trascienda el gusto personal?

Gracias a la formación y a la experiencia. Con los años asimilas tanta información que a la hora de ver las distintas técnicas, disciplinas, estilos —o incluso la hibridación de los mismos— ya tienes la preparación necesaria como para evaluar cada pieza en su contexto.

—¿Desligando los gustos personales?

Siempre. Es cierto que existe un diez por ciento de subjetividad, pero aunque pueda advertir cuestiones como el hecho de que un artista innove o no innove, que se encuentre o no se encuentre dentro de la contemporaneidad, si ejecuta bien la técnica no puedo valorarlo negativamente. El crítico debe desligar el gusto personal a la ejecución de su crítica.

—¿Crees que el arte debe ser contemporáneo?

El artista debe ser fiel a su tiempo, reflejar el mundo de su tiempo; pero también debe reflejar su mundo personal. Con el paso de los años los artistas descubren un estilo, una forma de expresarse, y la explotan. Es posible que los artistas acudan a movimientos anteriores —de hecho, el revisionismo es muy importante—, pero terminarán evolucionando hasta configurar su propio estilo. Precisamente por eso son tan importantes las exposiciones retrospectivas: te permiten conocer las referencias del artista, los elementos ya presentes en el inicio de su obra y cómo estos van cambiando, evolucionando, hasta configurar un estilo propio.

—Como es sabido, la libertad de expresión permite la libertad de opinión, por lo que —si integramos esta premisa en nuestra conversación— cualquier pieza artística es susceptible de ser evaluada por cualquiera… ¿En qué se diferencia el crítico?

Todo el mundo puede opinar, pero no todas las opiniones son igual de fiables. Todos podemos decir si algo nos gusta o no nos gusta, pero la diferencia radica en si somos capaces de argumentar nuestra postura. El crítico tiene formación y experiencia suficiente como para explicar el porqué de su valoración.

—Por tanto, ¿hablamos de juicio o de opinión?

Creo que ya no se emiten juicios. Más bien existe una demostración de la mirada, la cual puede oponerse a la mirada de otro crítico o incluso a la mirada del artista. De esta forma se confrontan conocimientos, que es lo verdaderamente enriquecedor.

La mirada rompe el tiempo

Imagen de la obra de Señor Cifrián en «La mirada rompe el tiempo», muestra que tuvo lugar en la Lonja esta primavera, y que también reunió obra de Nacho Arantegui, David Latorre, Julia Puyo, Mapi Rivera, Peyrotau & Sediles y Víctor Solanas-Díaz.

—Además de a la crítica, también te dedicas al comisariado, cabe decir que tu última muestra «La mirada rompe el tiempo» recibió muy buenas apreciaciones. ¿Cómo acoges el estar al otro lado?

Las valoraciones positivas siempre agradan, pero tampoco me incomoda que a alguien no le guste la muestra. Uno se expone al público y a la crítica, y por tanto debe asumir las diferencias de opinión.

—¿Cómo ha de ser un buen comisario?

Si es una exposición individual, debe escoger a un artista del cual conozca muy bien su obra, realizar una selección de piezas que refleje la evolución del artista y que se presente con un montaje clarificativo para el público. Cuando uno es comisario debe realizar un texto para el catálogo, el cual explicará la producción del artista con un ochenta por ciento hablando de su obra y un veinte por ciento sobre cuestiones personales clave. Otro aspecto importante sería detectar las piezas que suponen un intermedio en la producción del artista.

Por otro lado están las exposiciones colectivas. Lo más importante en ellas es la idea, el concepto que articulará la exposición. Una vez que tenemos claro el concepto, seleccionamos a los artistas que encajan en lo que queremos expresar. El comisario debe trabajar de forma conjunta con cada uno de los artistas y realizar un seguimiento de su producción.

—En muchas ocasiones el criterio del comisario puede ser contrario al del artista en cuanto al espacio, la instalación de la obra… ¿Hasta qué punto choca la libertad creativa del artista con la realidad del comisario?

El comisario nunca debe invadir la parte creativa, ya que el proceso creativo es labor del artista. Además, es el comisario quien escoge al artista, por lo que no puede esperar que este altere su lenguaje para adecuarse a la exposición. Por ello insisto en que los procesos de selección son muy importantes.

—Veo que se trata de una profesión multidisciplinar… ¿Cuál crees que es la causa de que un profesional del arte se dedique a materias tan diversas?

Sencillamente porque no son departamentos estancos. Un crítico es a la vez comisario, historiador del arte, profesor… Se trata de una profesión donde se desempeñan distintas funciones, del mismo modo que un cirujano es en primer lugar médico.

—¿Y cómo definirías tu profesión?, ¿teórica del arte?

Teórica del arte… ¡pero contemporáneo!

 

Por Javier Fajarnés

 

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