Netflix hace su «Death Note», y le sale sushi con salsa barbacoa

Desde el 25 de agosto se encuentra disponible en la plataforma Netflix la adaptación cinematográfica yanqui del aclamado manga Death Note. Si no te suena ni un poquito de lo que estamos hablando, no te preocupes, te sitúo brevemente: Death Note es un manga lanzado en 2003, que posteriormente tuvo su adaptación al anime serie de TV en 2007. Rápidamente, se convirtió en un éxito, debido a que posee una historia adulta que atrapaba desde el primer minuto, una realización impecable —tanto en el dibujo como en la animación—, y unos protagonistas con uno de los mejores juegos de gato y ratón que he podido ver en el mundo audiovisual.


La historia trata de un prometedor joven japonés, que tiene como objetivo llegar a las altas esferas de la policía y, desde ahí, acabar con el crimen. Pero un día, y por puro azar, cae en su mano una libreta que permite asesinar a la persona que escribas en ella. Light Yagami, el protagonista, decide acabar con la criminalidad asesinando a todos los delincuentes. Pero hay gente que se opone a esta forma de justicia, entre ellos el enigmático L, un excéntrico genio de la policía japonesa que tiene como objetivo encontrar al misterioso asesino. Bajo esta premisa arranca la historia de Death Note, una brillante partida de ajedrez entre las dos personas más inteligentes de Japón, que deja escenas para el recuerdo. Aun sin ser un fan de estos animes, os recomiendo encarecidamente que leáis el manga o veáis el propio anime. Os aseguro que os encantará.

Death Note Protagonistas

Light (izq) y L (dcha), protagonistas de Death Note

El año pasado, el gigante Netflix anunció una adaptación en forma de largometraje del famoso manga. Aquí empezaron los problemas: adaptar un manga siempre ha sido un problema por su estética y su marcado estilo japonés. ¿Cómo adaptar esos peinados imposibles sin parecer ridículo? —he de admitir que la frontera de los peinados siempre me ha frenado más cuando pienso en adaptar obras japonesas que temas más técnicos, o de ritmo de guion—. Para Netflix la solución era bastante obvia: whitewashing. Esta famosa palabra que últimamente se escucha cada vez más en el mundo del cine, básicamente podríamos definirla como occidentalización, en este caso de roles. La película no comenzaba bien con las primeras imágenes oficiales. En este punto de la historia los foros estaban ardiendo, y los fans más acérrimos estaban profundamente heridos. ¿Cómo demonios se iba a hacer una buena adaptación cuando la base ya estaba totalmente equivocada? No había mucho margen para ser optimista, la verdad. Pero aquí llega el giro dramático: ¿quién iba a pensar que lo más criticado iba a ser lo que acabase salvando una película condenada al fracaso? Aquí es a donde quería llegar. Me explico: la película como adaptación del manga/anime NO VALE NADA. Ya está, ya está dicho. No queda nada de ese duelo intelectual de titanes, capaz de mantenerte enganchado capitulo a capitulo. La compleja trama de investigación, traiciones y falsos señuelos no aparece ni siquiera por encima en la película. La fuerte rivalidad de estos dos genios intentando acabar el uno con el otro desde las sombras apenas se trata en una escena de 3 minutos. Si lo que quieres es ver todo lo que acabo de describir, vete al anime ya y olvídate de esta paupérrima adaptación. No vas a encontrar nada en esta película de lo que hace a Death Note, bajo mi punto de vista, uno de los mejores mangas de la historia.

¿Dar roles orientales a orientales? ¡Que disparate!

Comparemos al actor que da vida a Light en la nueva Death Note con el personaje del anime. ¿Dar roles orientales a orientales? ¡Qué disparate!

En este punto, ¿cómo dar motivos para ver la película? Muy sencillo. Si volvemos a la primera decisión de Netflix, la famosa occidentalización tan criticada, es lo que paradójicamente salva la adaptación, al conseguir desmarcarse totalmente del manga. Se dice que las comparaciones son odiosas, y en el caso de Death Note no puede ser más acertado. ¿Cómo demonios adaptar un anime tan complejo de 37 episodios en una hora y poco de película? Es algo realmente complicado. Por eso Netflix decidió coger los conceptos básicos de Death Note y marcarse su propia versión. Hay algo de investigación policial, hay un cuaderno y un joven que lo usa bajo la premisa de hacer justicia. Hay un tío llamado L que es un genio y come gominolas. Es como que a Netflix algo le sonaba del anime pero tampoco querían tomarse la peli muy en serio. Y, por increíble que parezca, es esto lo que funciona. Si consigues olvidarte del manga —cosa que por suerte yo conseguí en los primeros 10 minutos de la película— puedes llegar a disfrutarla. Como película en sí funciona: tiene una fotografía bastante cuidada y con personalidad, no te hace perder el tiempo —en sus 101 minutos no te aburres en ningún momento, siempre están pasando cosas en pantalla, a veces de menor interés pero no consigue aburrir—, tiene algunos puntos de película de adolescentes de instituto de serie B, que francamente empañan la visión general de la película (la relación con su novia carece de interés y se supone que es clave en la trama). Pero, pese a todo, yo he disfrutado de la versión de Netflix. Eso sí, un placer culpable.

Nuestro pálido L… no tan pálido en Netflix.

Nuestro pálido L… no tan pálido en Netflix

En resumen, ¿quieres la Death Note de Netflix? Olvídate del manga/anime. Si vienes de haber visto este, o lo tienes siquiera reciente, te vas a cabrear, y mucho. No pierdas tu tiempo. Como adaptación, la película para mí tiene 1 punto sobre 10. Por el contrario, si quieres matar una tarde de domingo con una peliculilla ligera, puedes considerar Death Note como una opción. Digamos que el Death Note de Netflix es como echarle chorizo a la paella o, mejor dicho, salsa barbacoa al sushi. Creo que eso resume todo el artículo.

 

Por Enrique Carricoba

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