«Fuenteovejuna» convocó a su rebaño en Zaragoza

Decía Lope de Vega que «no hay placer que no tenga por límites el dolor», y precisamente en esos límites discurrimos el pasado jueves 28 de septiembre en el Teatro Principal de Zaragoza, con motivo de la representación de Fuenteovejuna, en el marco del I Festival Internacional ZGZ Escena. Esta producción del Centro TNT continúa de gira por toda España y cuenta con fechas cerradas hasta diciembre.


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Rocío, Lole, Carina, Sandra, Ana, Sonia Joana y Puny han nacido y crecido en El Vacie. Antes de llegar al Centro TNT, nunca se habían planteado participar en una representación teatral. Foto: Centro TNT

La obra, adaptación del famoso drama de Lope de Vega, bajo la dirección de Pepa Gamboa, traslada los sucesos del célebre pueblo a una comunidad gitana, en la que sigue presente la opresión política, la desigualdad de género y la esperanza de progreso. ¿El alma de la obra? Las mujeres gitanas de El Vacie (Sevilla): el asentamiento chabolista más antiguo de España.

Antes de comentar la experiencia, me gustaría destacar que este grupo de mujeres, criadas en un entorno marginado por la sociedad, llevan más de siete años recorriendo los principales teatros de nuestro país. Su adaptación de La casa de Bernarda Alba ya fue en su día alabada por la crítica y reconocida con numerosos galardones a nivel nacional y europeo, así como por la Comisión Europea de Justicia.

Pese a ser reconocidas por sus «buenas prácticas de inclusión social», la apuesta resultaba un tanto arriesgada. A mi lado, una pareja se preguntaba cómo era posible que un grupo de mujeres analfabetas (sí, las actrices de El Vacie son analfabetas) interpretaran un texto del Siglo de Oro. Reconozco que yo mismo tuve dudas al respecto, y temí que una libre adaptación pudiera desvirtuar la retórica original. Sin embargo, Fuenteovejuna no se nos presenta como una simple actualización. Más bien se trata de una mudanza (como diría Antonio Gamoneda) cuyo objetivo es recuperar las esencias del famoso texto y demostrar su permanencia en el tiempo, pese a variables dialécticas, étnicas o políticas. Es posible que el espectador de Fuenteovejuna tenga la sensación de habitar un entorno distópico, propio del imaginario orwelliano, en el que la guerra se concibe como garante de fortuna y gobierno, y en el que la franja que divide el mundo íntimo del político brilla por su ausencia.

«La ley es de quien la escribe», dice el Comendador al grupo de mujeres. Y el que la escribe puede dictar sin argumentos, «casi sin libros y sin palabras». Por eso la mujer gitana, analfabeta o sencillamente excluida en cualquier Fuenteovejuna del mundo; aquella que desconoce el poder del libro o la palabra, se ve condenada a la objetualización. Porque sin voz somos objetos, simples piezas de mercadillo como hábilmente queda satirizado en esta obra.

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Esta representación se estrenó el 21 de octubre de 2016 en el Teatro Central de Sevilla abriendo la XXV temporada y no dejó a nadie indiferente. Foto: TNT. Centro de Investigación Teatral

Como reza la cita de Lope de Vega, el placer limita con el dolor. En Fuenteovejuna encontramos mucho sufrimiento, pero también destellos de esperanza. Una esperanza que encuentra en el humor un grato espacio de distensión narrativa, pero también un efectivo instrumento de crítica a nuestros prejuicios étnicos. Pepa Gamboa y las actrices de El Vacie son perfectamente conscientes de los tópicos en base a los cuales nuestra sociedad dibuja el arquetipo de gitano, y precisamente las risas que despierta el uso de estos tópicos en escena es lo que ratifica nuestra parte de culpa en los procesos de exclusión.

El Comendador abusa de las mujeres, las somete a sus instintos, porque nosotros le otorgamos ese espacio de abuso. Esta política agresiva nace precisamente del abandono político, obligando a pequeños grupos humanos a crear sus propias sociedades, sus propias reglas, su propia concepción de la justicia.

Una vez concluida la representación y tras un buen rato de aplausos y ovaciones generales abandoné el teatro asolado por las dudas. ¿Vivimos tan lejos de Fuenteovejuna?, ¿estamos ya viviendo en una «Fuenteovejuna»?, ¿era el público que reía el verdadero rebaño?

A estas alturas me lo creo todo. Solo digo que la obra original fue publicada en 1618, y su discurso todavía es por fortuna y desgracia plausible.

 

Por Javier Fajarnés

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