En busca del videojuego perfecto

Los videojuegos, como cualquier otro arte, también tienen sus obras maestras. Algunos nos dedicamos a buscarlas con ahínco.

En un mundo donde los jugadores son cada vez menos exigentes y muchos estudios apuestan por reciclar y copiar ideas ya conocidas, quedamos unos pocos que…, simplemente, buscamos algo diferente. Buscamos sorprendernos y encontrarnos con algo nuevo. Ese «¡guau!» que sientes cuando estás ante algo que nunca habías visto, o que jamás se había hecho de esa manera.


Lógicamente, ese factor sorpresa resulta cada vez más esquivo, ya no solo por la edad, que también con tanto vicio y canas a tus espaldas ya no te sorprendes tanto como antes, sino por la madurez y consolidación del sector. Aceptémoslo, los videojuegos ya no son ese arte virgen e inexplorado que fueron en los años ochenta, noventa y parte del inicio del nuevo milenio. El medio sigue teniendo cierto margen de mejora, cierto, pero sus cimientos ya están asentados. Las generaciones de videojuegos ya no marcan un salto gráfico y jugable tan grande como solía ser habitual. Es impepinable que una PS4 o Xbox One tiene más potencia que su más inmediata predecesora, pero desde un punto de vista gráfico el salto es menos sorprendente que los avances vistos en generaciones pasadas.

Undertale

Undertale posee una estética muy minimalista, y se promociona como el videojuego de RPG en el que no hay que destruir a nadie

Pese a ello, pese a encontrarnos ante un hardware, en mi opinión, conservador y continuista a excepción de la Nintendo Switch, que sí propone algo diferente, noto que el público mayoritario, en lugar de pedir un plus de originalidad en los juegos, cada vez busca cosas más simples, fáciles y guiadas, donde siempre te lleven de la mano, así como clones de fórmulas de éxito ya conocidas. Lo único que se demanda es una cosa: que tenga buenos gráficos. Si tu juego se ve bien, tendrá más posibilidades de éxito.

Hoy en día siento que hay tanta gente perdida en la guerra de resoluciones, efectos y rendimiento, que al final se pierde el foco de lo realmente importante: la jugabilidad. Lo que esta te transmita y te haga sentir, ya sea mediante los retos que se te planteen, la conexión jugable y única que estableces al controlar al protagonista, o la sensación de estar dentro de una gran historia en la que eres el eslabón más importante de la cadena.

No obstante, afortunadamente hay esperanza. Como he escrito al principio, quedamos unos pocos que buscamos algo más, y no me refería únicamente a jugadores, sino también a desarrolladores. Hoy más que nunca tenemos la suerte de vivir en una época donde hay lanzamientos de nuevos juegos día sí, día también. Estudios pequeñísimos, algunos incluso formados solo por una persona como el caso de Toby Fox, creador de Undertale—, nos demuestran que con muy poco se es capaz de hacer muchísimo. Una máxima que quizá muchos hayan olvidado, pero que está más vigente que nunca. Tampoco hacen falta unos gráficos bonitos para hacerte llorar, y si no que se lo digan a Kan «Reives» Gao, la mente detrás de To The Moon.

Gameplay_(Ocarina_of_Time)

The Legend Of Zelda: Ocarina of Time. Todo un clásico de Nintento al que siempre es un placer nostálgico volver a jugar

De la misma forma, no es necesario retrotraerse al pasado para encontrar obras maestras del videojuego, aunque para mí es inevitable no mencionar dos que me marcaron y que si no lo fueron estuvieron muy cerca de ser videojuegos perfectos. Son The Legend of Zelda: Ocarina of Time y Super Mario 64, los culpables de que me enamorase de este arte. Recuerdo ambos títulos con mucho cariño, y nunca me cansaré de jugarlos. Pero, a todos nos encanta descubrir juegos nuevos. ¡Qué aburrido sería estar jugando siempre a lo mismo! Somos humanos, así que, para bien o para mal, una vez que hemos terminado un videojuego, queremos más y más. Nunca terminamos de estar plenamente satisfechos y, cuando se te pasa el duelo por esa joya que te acabas de pasar y que ya no podrás volver a descubrir por primera vez, irremediablemente buscas llenar ese vacío con otra cosa que te llene, otro juego que esperas roce la perfección y te mantenga levitando de inicio a fin.

En mi búsqueda del juego perfecto, en este 2017, me he topado con varios goles fantasma. Ya sabéis, esos en los que el balón parece que besa la línea de gol, pero que no queda claro si la ha sobrepasado. Hablo por supuesto de juegos que, pese a tenerlos en un pedestal y defenderlos con capa y espada, quizá no llegaron a ser esa experiencia perfecta y sin fisuras que me habría gustado que fueran. Son The Legend of Zelda: Breath of the Wild y Persona 5. Sé que hay otros juegos de este año que quizá podrían sumarse a esta lista o acercarse, pero bueno, supongo que tengo una vida OK no y con tres meses de no hacer nada más que jugar al Zelda y otros tantos al Persona, pues como comprenderéis no he tenido tiempo de catar mucho más.

Super Mario Odyssey, o qué pasaría si este héroe de Nintento tuviese su propia Space Jam

Super Mario Odyssey, o qué pasaría si este héroe de Nintento tuviese su propia Space Jam

No en vano, uno no puede evitar su naturaleza de jugón y ya busco mi próxima víctima. Estableciendo un paralelismo con el mundo del surf, podríamos decir que ardo en deseos de encontrar la ola perfecta. Ese videojuego que suba aún más la apuesta. Ese que me fascine, que me divierta y conmueva a partes iguales. Ese que, en definitiva, me traiga de vuelta a mi infancia, a esas tardes jugando con mi Nintendo 64, soñando con salir a la calle y volar como Mario con su gorra alada. Quién sabe, ¿quizá sea Mario Odyssey esa experiencia que busco? Sale el 27 de este mes, así que supongo que saldré de dudas muy pronto.

 

Por Juan López

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