“La ciudad y el cuchillo”, el nuevo poemario de Javier Fajarnés

La tarde del pasado viernes, la Librería Antígona acogió la presentación de La ciudad y el cuchillo (Pregunta Ediciones, 2017), el segundo poemario de Javier FajarnésUn año después de que presentase, en este mismo lugar, su opera prima, Alud –que él mismo define como una obra que plantea un derrumbamiento de la realidad–, reaparece, tras aquella avalancha, con una nueva publicación en la que nos sugiere un descarnado pero hermoso análisis de los aspectos más crudos de la realidad de las metrópolis contemporáneas.


 

Javier Fajarnés (izq) y David Francisco (dcha)

Javier Fajarnés (izq.) y David Francisco (dcha.) durante la presentación de La ciudad y el cuchillo.

Para quien todavía no conozca a Javier Fajarnés, es necesario repasar la cada vez más extensa biografía profesional del autor, quien no solo compagina sus estudios de Comunicación Audiovisual con la redacción de artículos y reseñas en diversas revistas, sino que también coordina una sección de entrevistas en el programa La torre de Babel de Aragón Radio. En cuanto a su producción literaria, además de los dos poemarios ya mencionados, algunas de sus composiciones han sido incluidas en las antologías Amantes. 88 poetas aragoneses (Olifante, 2017) y AntiaéreA #3 (Leído Et, 2017). También ha hecho sus pinitos en el mundo del cine, protagonizando la película Doble mente (David Francisco, 2017), y en el ámbito sonoro junto al músico experimental Antuán Duchamp, con el que conforma el grupo poético-musical Bauman2.

 

La presentación comenzó con una breve introducción de Julia Millán Sanjuan, anfitriona y propietaria de Antígona, y de David Francisco, editor de Pregunta junto a Reyes Guillén, gracias a los cuales tuvimos la oportunidad de conocer más de cerca al protagonista de la velada poética. Ambos se declararon testigos del proceso de creación poética del autor, así como del crecimiento físico de la obra «poema a poema y página a página», definiéndola como un paso más en la trayectoria de Fajarnés, ya que «intenta romper consigo mismo y buscar nuevas formas en la propia voz, lo que, sin ningún tipo de duda, logra con este último libro», asegura David.

 

Miguel Ángel Ortiz Albero, durante

Miguel Ángel Ortiz, leyendo un extracto de un texto de Baudelaire.

Tras esta reflexión cedieron el micrófono a Miguel Ángel Ortiz Albero, escritor y artista plástico, náufrago reconstruido que aseguró –entre las risas de los espectadores– que, con un micrófono en la mano, desearía ser primo de Nick Cave. En su discurso no tuvo sino palabras de afecto para el autor, cuya obra relacionó con el imaginario de Baudelaire: «Me juré a mí mismo no hacer alusión a la juventud de Fajarnés, pero es inevitable. [En Consejos a los jóvenes literatos] Baudelaire da consejos de temas tan dispares como la suerte o la mala suerte en los comienzos, los salarios, las simpatías y antipatías, la crítica, el trabajo y la inspiración, la poesía e, incluso, las queridas. Como yo no soy Baudelaire, no puedo aconsejarle a Fajarnés […] otra cosa que no sea: que haga lo que le dé la gana. Que lea a Baudelaire y sus consejos, o no […]. Pero, sobre todo, que a los baudelaires provincianos que quieren darle consejos, no les haga ni caso. Que ya lleva dos libros».

 

 

 

También realizó un hondo análisis de algunas de las ideas presentes en el libro, principalmente la ciudad, lo cotidiano, lo banal e intrascendente, la dificultad de percibir el cuchillo sobre la ciudad, mencionando como referentes al pintor Giorgio de Chirico o al filósofo Walter Benjamin, los cuales, junto al propio Javier Fajarnés, lo llevan a considerar que «en las ciudades modernas, organizadas, hay una serie de grietas que son como los umbrales de la nada, […] territorios en los que se alternan la presencia y la desaparición.  En esta ciudad bajo el cuchillo […] no sabemos muy bien si estamos, no estamos o hemos desaparecido». Por último, y antes de dar paso al autor, Ortiz Albero citó parte de la obra El crimen perfecto, del sociólogo francés Jean Baudrillard, para una reflexión final sobre el desarrollo del lenguaje y la poesía dentro de las grandes urbes: «La ilusión específica del lenguaje, la función poética, ya no existe en los lenguajes virtuales o numéricos, en los que la equivalencia es total y la interacción, bien regulada, como en los circuitos cerrados de preguntas y respuestas».  Contra esa tendencia, apunta, «hay que cifrar, no descifrar, hay que trabajar la ilusión, hay que convertir en enigmático lo que es claro, y en ininteligible, lo que es demasiado inteligible».

 

Ejemplares del poemario.

Ejemplares del poemario.

Tomó entonces el micrófono el propio poeta, Javier Fajarnés, para mencionar en primer lugar a José Ángel Valente como un referente dentro del ámbito poético, definiéndolo como «una sombra, una presencia que ha acompañado el desarrollo de este libro. Valente decía que el poema se gesta en el poeta antes de ser escrito, yo creo que lo que plantea La ciudad y el cuchillo son restos. La poesía, lo que el escritor materializa, es algo residual, la verdadera creación vive en el interior de la persona».

 

 

Fajarnés declaró que lo que buscaba con La ciudad y el cuchillo era «cortar los elementos y observar, contemplar cuál es el mecanismo que opera en su interior, cuál es la esencia de eso. No quería someterme a la realidad impuesta». Lo que el lector encontrará en su nuevo poemario son, precisamente, esos elementos cortados por el cuchillo. «Nuestro entorno urbano está tan sistematizado, es tan brutalmente burocrático, que la ciudad se plantea como un gran cuchillo, en el que todas las formas, las normas que rigen nuestra vida, las ideas que imperan, son cortantes». 

 

«Me planteo hasta qué punto el acto violento vive en nuestro día a día. Hasta qué punto los actos que realizamos no son actos violentos, hasta qué punto nosotros mismo no somos esos cuchillos»

«Me planteo hasta qué punto los actos que realizamos no son actos violentos, hasta qué punto nosotros mismo no somos esos cuchillos»

En cuanto al objeto protagonista de la obra, el cuchillo, una imagen con mucho poder, Fajarnés aclaró que «aunque se pueda entender el cuchillo como algo amenazador, también nos lo podemos plantear como un elemento liberador, ya que […] puede romper las fronteras, puede romper, incluso, nuestro cuerpo y, si es algo capaz de quebrarnos, debemos plantearnos hasta qué punto somos simplemente un cuerpo».

Para finalizar el encuentro con los artistas, Javier Fajarnés y Antuán Duchamp unieron su talento, en los versos y en el sonido respectivamente, como Bauman2, recitando extractos del poemario con un sonido experimental que dibujaba cada palabra y cada frase para los espectadores, los cuales correspondimos a la actuación con un aplauso tan grande como el cuchillo que pende sobre la ciudad.

Al final, según el autor, debemos entender que, como sujetos, no podemos caer en el solipsismo fácil, es decir, tenemos que entender que no solo existimos nosotros, sino que conformamos «toda una unidad, una comunión». Y, precisamente, lo que también busca expresar Fajarnés en La ciudad y el cuchillo es que «aunque vivimos en un entorno agresivo y peligroso –que quizás nos han impuesto–, pese a los cortes, existe una unidad».

 

 

 

Por Ana Plou Fernández-Mota

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