Destiny 2: La maldición de Osiris

La Maldición de Osiris, primera expansión de Destiny 2, nos lleva al planeta Mercurio para conocer un nuevo capítulo en la historia de los guardianes. El shooter desarrollado por Bungie, empresa de desarrollo de videojuegos conocida por su impecable trabajo en la creación de la saga Halo, lleva tan solo tres meses en el mercado y no ha dejado a nadie indiferente, tanto para bien como para mal.Y es que parece que poco han aprendido de las críticas que recibió su predecesor, pese al gran éxito de ventas, y de las quejas que ponían en tela de juicio aspectos como la duración y profundidad de la aventura principal, su carácter repetitivo o el poco contenido que ofrecía a jugadores experimentados.


Destiny se concibió como una experiencia FPS (First Person Shooter) con tintes de MMORPG (Massive Multiplayer Online Role Playing Game) como nunca se había visto. Con una inversión de más de 500 millones de dólares a sus espaldas, mostraron una amalgama perfecta de calidad gráfica, jugabilidad, diseño y banda sonora que vaticinaba una revolución en la comunidad. El problema es que, poco a poco, los jugadores empezaron a darse cuenta de que el videojuego había dado todo lo que tenía tras escasas horas de juego y que la historia solo rascaba la superficie de todo un universo creado como trasfondo para la aventura. Aunque en los años posteriores intentaron arreglarlo a golpe de expansiones, cuatro para ser exactos, esto no aplacó ni el descontento de la comunidad, ni las acusaciones a Bungie de sacar los videojuegos a medias.

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La calidad de la visión en primera persona es innegable.

Con tales antecedentes, el estreno de La Maldición de Osiris se había convertido en un faro de esperanza al que los jugadores se aferraban, pensando que Destiny 2 se transformaría en lo que el juego debería haber sido desde el principio. Pero, sorpresa: no ha sido así ni de lejos. Tres años después y con un reporte exhaustivo de lo que falló en la primera parte de Destiny, ha vuelto a suceder. La nueva entrega adolece de los mismos males y la desarrolladora no ha elegido un sendero muy diferente del que tomase años atrás: expansiones. Aunque hayan dado un poco más de profundidad a los personajes y la historia sea algo más atractiva, el juego llega al cenit de sus posibilidades tras unas 20 horas de juego y comienza a ser repetitivo hasta la saciedad, aspecto que, de nuevo, no ha gustado mucho a los fans. Con esto no quiero decir que haya que juzgar los juegos por su duración, sino que es primordial analizar si estos ofrecen al usuario una experiencia duradera.

La historia parte de una premisa intrigante, eso hay que concederlo. El legendario guardián Osiris descubre una anomalía temporal en la que la raza Vex intenta manipular el presente, el pasado y el futuro para dominar el universo. El jugador, como guardián experimentado, tiene que ayudar al viejo hechicero a frenar la amenaza y hacer que el cauce del tiempo siga su curso normal. Es una lástima que no hayan sabido aprovechar al máximo tal planteamiento, pues vuelven a quedarse cortos en el desarrollo de las misiones dejando un regusto agridulce cuando se derrota al villano de turno. Después de superar este nuevo tramo de historia, el juego ofrece tres misiones adicionales que no son más que añadidos carentes de sentido para la trama y sin ningún aliciente real.

En cuanto a las novedades jugables que ofrece esta ampliación, también se quedan en un puedo y no quiero. Hay dos nuevos entornos que el jugador puede explorar, la superficie de Mercurio y el Bosque Infinito. El primero es insultantemente pequeño, con un solo sector perdido (cuando los demás mapas de Destiny 2 suelen tener tres o cuatro de media), alguna que otra patrulla y un único evento público. Del segundo mapa, original y visualmente atractivo, podría decir que todavía estoy intentando descubrir su utilidad, al margen de actuar de nexo para la historia principal.

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Detalle del diseño de uno de los personajes de Destiny 2. Fuente: Areajugones

Por otra parte, el mayor desafío que ofrece Destiny 2 es la llamada Incursión de Leviathan, una misión para seis jugadores con un nivel de dificultad alto que obliga a los jugadores a estar perfectamente coordinados para tener éxito. Se esperaba que en La maldición de Osiris se incluyese una nueva misión de estas características con el fin de que los jugadores más experimentados tuvieran un aliciente para continuar sus aventuras, algo que ya ofreció la primera expansión de la primera parte de Destiny, pero no ha sido así en esta ocasión. En vez de crear una nueva misión, han decidido crear una versión más reducida de lo que sería una incursión en sí y alojarla dentro del mapa ya existente de la misión de Leviathan.

Otra novedad, no exenta de polémica, es que han subido el nivel para acceder al modo prestigio de la Incursión de Leviathan, que se trata de una versión con más dificultad para esta misión. El problema es que, antes de que La maldición de Osiris saliese a la venta, los jugadores podían acceder a este modo cuando llegaban al nivel máximo con su personaje, y ahora, si no se adquiere esta nueva expansión, no es posible llegar al nivel máximo y, por lo tanto, no es posible acceder al modo prestigio de esta misión. Es decir, se ha recortado contenido jugable que los usuarios de Destiny 2 ya poseían. Una medida calificada de vergonzosa ante la que Bungie se ha pronunciado para decir que será subsanada lo antes posible.

El nuevo equipamiento es uno de los motivos principales por el que los jugadores siguen jugando y, quizás, sea el único aspecto que mantiene al público en Destiny. Es cierto que han incluido varias armas nuevas, nuevos diseños de armaduras, naves y demás parafernalia galáctica, pero también hay que decir que han incluido diseños ya vistos en la primera parte de Destiny, así que nos encontraríamos con novedades a medias en este aspecto.

En cuanto al modo PvP (Player versus Player), que trata de pequeñas escaramuzas en las que los jugadores pueden enfrentarse unos contra otros en diferentes mapas, ha recibido pocas novedades (por no decir ninguna), pues solo se ha incluido un nuevo entorno basado en un mapa ya existente, el planeta Titán. Si nos adentramos en el modo PvE (Player versus Enviroment), comprobamos que solo han incluido un nuevo Asalto de Vanguardia, aparte de las novedades ya comentadas que tienen que ver con el desarrollo de la historia y la versión reducida incluida en la Incursión de Leviathan. Estos asaltos son misiones cooperativas aleatorias para tres jugadores con una duración de unos 15 o 20 minutos cada una. Hay cinco diferentes y pueden repetirse tantas veces como uno quiera.

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Personaje que ilustra la portada de la primera expansión de Destiny 2. Fuente: Bungie

Pero no todo son malas noticias: la banda sonora es de esas que quitan el aliento, gracias a cinco grandes compositores: Michael Salvatori, Skye Lewin, C. Paul Johnson, Rotem Mpav y Pieter Schlosser. Los 44 temas musicales que componen la aventura de Destiny 2 consiguen que disfrutemos de cada nota escuchada y nos emocione en más de una ocasión.

El apartado gráfico también es impecable, digno de alabanza. La belleza y los detalles de cada entorno sumergen de lleno al jugador en parajes imposibles que dejan con la boca abierta por su grandiosidad. Cabe destacar que, en su versión para PC, Vicarius Visions se encargó de que no se realizara un simple port desde su versión para consolas, lo cual se nota en el resultado final.

 

En resumen, la imagen que ofrece La maldición de Osiris es de un mal remiendo para un videojuego parco en contenido. Algunos aspectos destacables, como sus gráficos, el rendimiento o la jugabilidad, hacen que sea una preciosa caja que no contiene absolutamente nada. El ejército de expansiones que vendrán con el paso de los meses (ya se ha confirmado la segunda expansión para primavera de 2018) intentarán arreglar, quizá demasiado tarde, lo que podría haber sido un videojuego para recordar. Veremos cómo acaba todo esto.


Por Jorge García de Vicuña

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