Napalm Death, Deathrite, Looking For An Answer y Ósserp: metralla sonora

El pasado viernes 15 de diciembre, Napalm Death trajo su asolador sonido directo a la ciudad de Zaragoza por segunda vez en su carrera, dentro de una gira por toda la península que ha durado medio mes de diciembre. La primera vez fue en enero de 2013, teloneados por nuestros paisanos Himura. Los madrileños Looking for an answer y los alemanes Deathrite han estado acompañando a los británicos en gran parte de los conciertos de su gira.En Barcelona y Zaragoza, además, se han sumado a este visceral festival los catalanes Ósserp. Cuatro bandas que logran comprimir en sus canciones de escasa duración las múltiples vertientes que tiene y ha tenido el grindcore desde que Napalm Death lo dio a luz en el año 87.


Pasados escasos minutos de las 20 h, Ósserp pusieron en marcha la destructiva velada, acogida por la Sala López. Formados por voz, guitarra, bajo y batería, los catalanes parecían transportarnos al ambiente del Obscene Extreme Fest. Con un sonido de guitarra digno de los trabajos más destacados de Rotten Sound, un batería dando el do de pecho y una voz gutural con ecos del mismísimo Infierno, Ósserp presentaron a los asistentes su segundo trabajo, Al meu pas s’alça la mort. Si uno se fijaba un poco, podía ver incluso al técnico de sonido sacudiendo la cabeza al ritmo de la música. Tras presenciar su actuación, uno se queda sin argumentos para entender por qué esta banda no sigue los pasos de sus colegas gallegos Nashgul, grupo de reconocimiento internacional con los que ha colaborado en diversas ocasiones.

Tony, cantante de Deathrite, por Niko Bleach.

Lo que me costó pedir un botellín y tomármelo (poco tiempo) es lo que tardó en comenzar el segundo grupo, los alemanes Deathrite. Cuatro miembros, de los cuales tres llevan cuidadas y vistosas melenas. Un guitarrista con una guitarra en forma de V. El sonido de la voz con cierto eco, como el death metal de los 80 y 90. Sin que toquen una nota, uno piensa que van a tirar por algo más clásico, más cercano al thrash metal que al deathgrind corrosivo. Efectivamente, Deathrite están más cerca del sonido Converge que del deathgrind más veloz, pero sin abandonar ciertos ritmos y riffs que recuerdan a los primeros Carcass. Como anécdota, Deathrite quizá sea de las escasas bandas que puedan denominarse grindcore y que agiten las melenas y alcen los cuernos como en un concierto de heavy. Sin apenas intermedios entre una canción y otra, cabe especial mención para el cantante, con un grito bastante desgarrado e intenso, paralelo al de su compañero de escenario, Mark Greenway, de Napalm Death.

 

 

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Makoko, guitarrista de Looking For An Answer, por Niko Bleach.

La tercera banda de la noche es, junto a Nashgul, una de las bandas españolas de grindcore en activo más reconocidas en el panorama internacional. Con cuatro discos en su haber, y funcionando desde el año 1999, escuchar Looking for an answer es escuchar uno de los sonidos grindcore más depurados y ejemplares de la escena.
Con notables influencias del death y el brutal death de los años 90, los madrileños son la evolución más cuidada de bandas como Repulsion o Agathocles. Su música, carente de solos, está nutrida de pesados riffs que se mueven por conjugaciones amplísimas de ritmos: desde el blast beat más despiadado hasta ritmos lentos dignos de una marcha zombi. Todo ello acompañado por la cavernosa voz gritada del cantante, que sirve de nexo con la ideología fuertemente misántropa de la banda. Especial mención merece el batería, que reduce al mínimo las partes de las que se compone y consigue crear ritmos imposibles y elaborados con apenas elementos. Presentando su último disco, Dios carne, Looking for an answer consiguieron, con su potente directo, poner a la gente a tono para la gran bola de demolición que se avecinaba.

 

 

Napalm Death es, quizá, una de las escasas bandas de la música que no conserva ni un integrante de la formación original inicial, aunque siempre ha mantenido un gran compromiso y crítica política e ideológica en sus letras. Formados a inicios de los 80 en Inglaterra (la localización exacta es un dato indeterminado, aunque Greenway afirmó durante el concierto que son de Birmingham), la banda empezó tocando un estilo de punk mezclado con metal extremo, a caballo entre el hardcore punk y el crust punk. Los miembros entraban y salían del grupo con bastante rapidez.

En el año 87 lanzaron el memorable álbum Scum, y todavía no había ningún miembro de los que a día de hoy son Napalm Death. Este álbum se caracteriza principalmente porque gran parte de sus temas no llegan al minuto de duración. Son temas ejecutados a gran velocidad y apenas se entiende lo que cantan. Llegaron a crear la canción más corta de la historia (1,3 segundos). Además de lo anecdótico, los años pasan y el disco continúa recibiendo un gran reconocimiento de crítica y público. Con su tercer álbum, Harmony Corruption, Napalm Death establecieron una mezcla de grindcore y death metal con importantes influencias de hardcore punk y crust punk que centró su propio estilo musical. En el año 2000, dicho estilo dio una nueva vuelta de tuerca y evolucionó en el Enemy of the music bussiness, un disco con el que sus trabajos posteriores tienen bastante en común.

Napalm Death por Niko Bleach

Napalm Death, por Niko Bleach.

Una breve introducción instrumental dio paso a Silence Is Deafening, el primer tema de su segundo concierto en Zaragoza. El vocalista, Mark Greenway, a sus 48 años, posee la garganta y las cuerdas vocales de un tiranosaurio. Por más que describa es imposible hacerse una idea de la inconfundible y brutal voz del frontman de la banda que, durante los momentos sin voz de las canciones, se movía como un poseído por el escenario, agitándose como si estuviese electrocutándose. Resulta impensable que este señor haga vida normal cuando para cantar emplea tantísima fuerza y aire. Aunque lamentablemente no estaba en sus filas el guitarrista de la banda, Mitch Harris, su sustituto John Cooke llenó el puesto con creces. El batería, Danny Herrera, tocaba a una velocidad endiablada sin apenas sudar. El bajista, Shane Embury, tiraba al público alguna púa durante los parones entre canción y canción. Espontáneos subían al escenario, a saltar y moverse junto a los integrantes de la banda para después tirarse para que el público los cogiese. A alguno le cedía el micrófono Greenway para que cantase. Uno en concreto cogió el micrófono del bajista e hizo los coros de la canción que sonaba. Durante los parones, Greenway alternaba español e inglés, sin apenas dejar de hablar salvo para beber agua. Recalcó que su concierto era un evento donde todos éramos iguales, brindaba deseándonos “saludos”.

Hace ya dos años de la publicación de su último disco, Apex predator – Easy meat, por lo que tocaron alguna canción del disco, pero el concierto fue principalmente un repaso a toda su trayectoria: un medley de canciones del Scum (no faltó “You suffer”), la mítica “Suffer the children” del Harmony Corruption, temas del Order of the leech, del The code is red… long live the code o del Utopia Banished, entre otros. Incluso tocaron una versión de un grupo de hardcore punk sueco del cual se reconocían influenciados en su música (no logré entender el nombre que pronunció Greenway). El concierto finalizó con una exhibición de ruidos y disonancias del guitarrista, al estilo Hendrix o Townshend, mientras el bajista y el batería tocaban de fondo. Un epílogo apocalíptico para un recital musical que podría ser la banda sonora de una demolición, o de una catástrofe natural.

 

Por Adrián Martínez Moliné

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