La fuerza, el hype y el fracaso en «Star Wars: Los últimos Jedi»

Cierro los ojos. Respiro… solo respiro. Me sumerjo en este texto tal y como hice con la película: con la mente en blanco y la claridad de alguien que no se expuso a tráilers, teorías o críticas previo visionado.


Normalmente soy el primero en ver adelantos de películas, pero esta vez quería hacer un experimento. Al fin y al cabo, siendo fan de Star Wars, realmente no necesitaba ningún tráiler para convencerme de ir a ver esta película. Honestamente, aunque los adelantos hubiesen apuntado a una chustipeli del calibre de Sharknado, habría ido al cine igualmente. Amo con locura esta saga y, además, ya salí con buen sabor de boca del Episodio VII, así que, ¿para qué someterme a destripes innecesarios?

Más de uno me tomaba por loco, pero después de ver el batacazo que muchos se han dado por subir su hype midicloriano por encima de 9000, creo que mi enclaustramiento al estilo Luke Skywalker en esa isla de Los últimos Jedi fue la mejor decisión que pude tomar. A mi determinación de no ver avances de la película también añadí una norma complementaria antes de ir al cine: no leer teorías de fans, especialmente aquellas relacionadas con Snoke o los padres de Rey. Esto me lleva a hablar de un tema importante que, casualmente, resulta ser la piedra angular sobre la que gira la película: el fracaso, un elemento muy interesante sobre el que también pivotará mi análisis. Y es aquí, al mencionar las teorías que han rodeado a Los últimos Jedi durante estos últimos dos años, cuando llegamos al primer punto importante de este texto. Por favor, si sigues leyendo ten en cuenta que, para poder ir hilvanando mi análisis, tendré que hacer mención directa a eventos clave de la trama de la película, así que, si no la has visto todavía, te aconsejo que no sigas leyendo. Dicho esto, es momento de hablar ya de los tres fracasos que mencionaré en estas líneas. Tres como el número de lecciones Jedi que Luke promete enseñar a Rey en la isla. La primera lección, o fracaso, mejor dicho, gira en torno al fenómeno fan de Star Wars. ¿Lo has sentido? Ha habido una perturbación en el fandom.

 

Durante la película solo vemos dos de las tres enseñanzas de Luke. ¿Será la tercera una escena eliminada o se están guardando alguna sorpresa para el episodio IX?

Durante la película solo vemos dos de las tres enseñanzas de Luke. ¿Será la tercera una escena eliminada o se están guardando alguna sorpresa para el Episodio IX?

 

Una vez se estrenó el Episodio VII, las teorías sobre el devenir de la trilogía en su segunda parte comenzaron a poblar la red. Nada nuevo bajo el sol: esto ha ocurrido siempre en sagas importantes y mentiría si no dijese que era de esperar. Sin embargo, esta vez la cosa se ha ido un poco de madre. Entiendo que a la gente le guste teorizar y disfruten con ello, pero que cuando las cosas no salen como ellos predijeron, maldigan la película e incluso tengamos miles de personas pidiendo a Disney que elimine Los últimos Jedi del canon, pues es para llevarse las manos a la cabeza. El fracaso de las teorías sobre la identidad de Snoke –que se diluye y pierde relevancia tras su muerte en el Episodio VIII–, las largas discusiones sobre los padres de Rey, que tampoco vieron su respuesta en la película, donde vemos a Rey como una heroína sin el legado propio de un apellido importante, y la sombra alargada del Luke del universo expandido, que allí se pasa al lado oscuro –cosa que aquí no sucede–, hace que un grupo numeroso de gente ignore completamente todo lo bueno que tiene la película y abominen ella por no haber encontrado en la pantalla lo que esperaban ver.

Podríamos decir que se han visto sorprendidos, aunque ellos te dirían que en el mal sentido de la palabra. Esa capacidad de sorprender y no apostar a lo seguro es precisamente, a mi entender, uno de los grandes valores de la película. Y yo me pregunto: si se criticaba al Episodio VII por ser tan parecido al IV, ¿por qué se critica ahora al VIII por no ser el V? Señoras y señores de la Real Academia de la Fuerza Galáctica, por favor, aclaraos porque ya no entiendo nada. Mientras lo meditáis, con vuestro permiso salto al hiperespacio para aterrizar en el segundo fracaso: el de los personajes.

Es la primera vez que me encuentro con una situación así tras ver una película de Star Wars, pero si lo piensas con detenimiento, aquí, en algún momento de la cinta, todos los personajes principales fracasan de una u otra manera. El doble mensaje que podríamos sacar de Los últimos Jedi, por tanto, es que los planes no siempre salen bien –y menos si son alocados como el de Finn y Rose– y que siempre, siempre, hay esperanza incluso aunque todo parezca estar perdido. Tal y como diría Poe al final de la película, refiriéndose a la diezmada Resistencia: «somos la chispa que va a encender la llama que quemará a la Primera Orden».

 

Poe Dameron (Oscar Isaac) es el mejor piloto de la resistencia, pero también uno de los personajes que más mete la pata en la película por su arrogancia y cabezonería. ¡Parece de Aragón el tío!

Poe Dameron (Oscar Isaac) es el mejor piloto de la Resistencia, pero también uno de los personajes que más mete la pata en la película por su arrogancia y cabezonería. ¡Parece de Aragón, el tío!

 

Esa chispa también la ve Rey en Luke cuando lo mira a los ojos al inicio de la película (o al final del Episodio VII, según se vea). No en vano, Luke simboliza una nueva esperanza para la Resistencia. Sin embargo, hay un problema, relacionado, cómo no, con un fracaso que traumatizó a Luke en el pasado e hizo que tomase la decisión de exiliarse y vivir como un ermitaño. La película aquí maneja a la perfección los miedos del personaje interpretado –de forma soberbia, por cierto– por Mark Hamill y nos ofrece un flashback a tres pasos interesantísimo sobre el día en el que perdió a Ben Solo. Cada nueva versión que vemos de ese acontecimiento va añadiendo nueva información para finalmente descubrir que a Luke sí se le pasó por la cabeza asesinar a su pupilo al asustarse por su inmenso potencial, un hecho que lo avergüenza y lo hace sentir fracasado como maestro Jedi. Es ahí donde entra Rey –y en cierta medida R2D2 con esa escena nostálgica del holograma de Leia– para recordarle a Luke que siempre que haya vida hay esperanza.

La esperanza, sin embargo, no surge de la nada y en este caso es precisamente Luke quien, al final de la película, simboliza esa luz al final del túnel que la Resistencia tanto necesitaba para sobrevivir. Su acto mesiánico y su sacrificio final para asegurar la huida de los suyos es sin lugar a dudas uno de los momentos más inspiradores y especiales de toda la saga. Uno, además, que nos muestra un poder Jedi hasta ahora desconocido: la proyección del alma a otro lugar sin que el cuerpo se mueva del sitio, dando la sensación de que estás allí, pero no aquí. Un milagro que funciona bien narrativamente gracias a que durante toda la película vemos a Kylo y Rey conectados de forma similar. Es cierto que en su caso solamente pueden verse entre ellos y la técnica es a mucha menor escala, pero al final, en definitiva, también están proyectándose. Por ello somos capaces de creer que Luke, un maestro Jedi mucho más poderoso, pueda hacer gala de ese increíble poder.

El vínculo que une a Kylo y Rey es otro de los elementos más interesantes de la película. Ambos ven debilidad en el otro y tratan de atraerse mutuamente a la luz y al lado oscuro, respectivamente. Sus dudas, inocencia y esperanza por salvar esa distancia que los separa hace que nuestro interés por ambos personajes aumente exponencialmente. Nos identificamos con ese comportamiento porque es muy humano y da un soplo de aire fresco que se agradece a la relación entre protagonistas y antagonistas del universo Star Wars. Además, es genial ver cómo esa subtrama recoge el guante de lo ya iniciado en El despertar de la fuerza, dando un paso más allá y demostrando, entre otras cosas, que Adam Driver realmente merecía ese papel como Kylo Ren.

 

“Hay que dejar morir el pasado. Snoke. Skywalker. Los Sith. Los Jedi. Los rebeldes. Que todo se extinga.”

«Hay que dejar morir el pasado. Snoke. Skywalker. Los Sith. Los Jedi. Los rebeldes. Que todo se extinga».

 

El fracaso aquí lo encontramos en la, para mí ya mítica, secuencia de la muerte de Snoke, seguida del posterior combate contra la Guardia Pretoriana de Élite de la Primera Orden. Por un lado, tenemos a Kylo y a Rey, que fallan en su utopía de seducir y «rescatar» al otro, principalmente por sus diferencias ideológicas. Una brecha probablemente insalvable que me deja un poco triste pues soy de aquellos que, como Rey, aún albergaban algo de esperanza en el joven Solo. Por otro lado, está Snoke. Bueno, estar ya no está. Pero estaba y de hecho no se dio cuenta de su fracaso –en cuyas garras cae por manipular a Kylo y creerse siempre un paso por delante– hasta el último instante, justo antes de morir. Su muerte me parece un gran giro argumental por dos motivos: es inesperada –lo cual puede parecer de Perogrullo, pero hay que resaltarlo– y hace crecer muchísimo a Kylo Ren como personaje.

Aplaudo a Rian Johnson, director y guionista de la película, por tener el valor de tomar una decisión tan arriesgada. Me parece todo un acierto y creo que lo han resuelto muy bien, aunque es una pena no saber nada más de Snoke. No obstante, si os soy sincero, creo que el interés por Snoke ha venido más por el hype que el fandom ha levantado que por méritos propios del personaje. Si analizas fríamente tanto El Despertar de la fuerza como Los últimos Jedi, la muerte de Snoke tampoco parece una gran pérdida. Su historia podría haber sido interesante, no lo dudo, pero no parece ser lo que esta trilogía quiere contarnos. En ese sentido, seguir con Snoke quizá solo habría contribuido a estorbar el avance del personaje de Kylo, como ya ha apuntado el propio Rian Johnson en unas declaraciones recientes.

 

Carrie Fisher escuchando atentamente a Rian Johnson en la que probablemente sería una de las últimas escenas que rodó como Leia. ¡Descansa en paz, princesa!

Carrie Fisher escuchando atentamente a Rian Johnson en la que probablemente fue una de las últimas escenas que rodó como Leia. ¡Descansa en paz, princesa!

 

El tercer y último fracaso está relacionado con el primero. Lo siento, me gustan los textos circulares. Por tanto, volviendo de nuevo a los fans, creer que este segundo capítulo de la trilogía fracasa al no responder a todas las cuestiones abiertas en el Episodio VII, es en sí mismo un fracaso. Puede sonar a paradoja, pero lo entenderéis en un instante. Os recuerdo que aún queda un capítulo por contar en esta historia y que, por tanto, la trilogía está aún incompleta. En ese sentido, veo injusto atacar a Los últimos Jedi por cuestiones que perfectamente se podrían resolver dentro de dos años. Rey y compañía aún no han dicho su última palabra y el futuro que hay ante ellos, al menos para mí, pinta esperanzador. Es cierto que esta segunda parte es muy irregular pero, desde mi punto de vista, en las cosas importantes Rian Johnson y su equipo han dado directamente en la diana.

Por ello, estoy convencido que Los últimos Jedi será más apreciada conforme pase el tiempo, cuando la gente se olvide de sus imperfecciones, de las teorías y del hype y empiecen a verla con otros ojos, como los de ese niño que al final de la película –emulando a Luke Skywalker– alza la vista hacia el horizonte, escudriñando con ilusión las estrellas.

Por Juan López

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