«Three Billboards Outside Ebbing, Missouri»: ¿cómo soy capaz de reírme con semejante dramón?

Dura, tensa, divertida, ácida, violenta, cruda y con un magnífico humor negro. ¿Es posible condensar en 112 minutos de película todos estos atributos? Martin McDonagh lo ha hecho realidad en su último largometraje, Tres anuncios en las afueras, título para la cartelera española.


Después de grabar maravillas como In Bruges un thriller ágil y divertido sobre sicarios bastante despreciables de los que terminas encariñándote, el cineasta da un paso más y se saca de la manga un western contemporáneo que ofrece desde la ternura más profunda que pueden suscitar unos personajes rotos hasta el humor negro más bestia, que nos recuerda a las exitosas Fargo o Not Country For Old Men no solo por el tipo de socarronería, sino también por lo intrincado de las situaciones que se presentan.

Que el director haya decidido localizar las hazañas de nuestros protagonistas en Ebbing, un pueblo ficticio del estado de Missouri, no es casualidad, ya que, si traducimos este nombre al español, nos llevamos una grata sorpresa con su significado: «decadencia», palabra que representa a lo que está condenado cualquier lugar en el que se infravalore la gravedad de una violación, del asesinato o de cualquier acto violento. La interpretación de los actores Frances McDormand como Mildred Hayes, Woody Harrelsoncomo el sheriff Willoughby y Sam Rockwell como el agente Dixon– es sublime y, junto con una banda sonora (compuesta por Carter Burwell) que nos deja un genial regustillo a country en cada nota que suena, consigue plasmar en pantalla esa pequeña ciudad del Oeste americano con vestigios de racismo, sexismo, homofobia, violencia e ignorancia.

Mildred, Willoughby y Dixon en comisaría, dándose la turra los unos a los otros.

Mildred, Willoughby y Dixon en comisaría, dándose la turra los unos a los otros.

«Mientras más público se haga un caso, más probabilidades hay de que se resuelva» es la máxima casi publicitaria que conduce a Mildred, madre de una chica violada y asesinada, a recurrir a los soportes que Red Welby, dueño de una pequeña agencia de publicidad, tiene dispuestos en la carretera de entrada al pueblo para presionar al sheriff Willoughby con la investigación del caso, que ha estado parada durante 7 meses por falta de pruebas. Digamos que, de alguna manera, este es el detonante que lleva a los protagonistas a comportarse de manera radical y tomar decisiones realmente trágicas, desarrollando así frente al espectador una personalidad muy compleja, excelentemente construida.

Mildred es una mujer con un carácter muy fuerte –forjado tras sufrir años de maltrato de su ex-marido– que desafía sola a una ciudad entera (como ese personaje de western que aparece de repente en la calle principal del pueblo y dispara a todo el que se cruce con él), rota a causa del dolor por la pérdida de su hija y llena de ira porque el sistema en el que vive no la ha podido proteger ni encontrar al culpable de su muerte, por lo que su sed de justicia le hace tener, en muchas ocasiones, comportamientos crueles y despiadados. Cabe destacar que su caracterización y vestuario a lo largo de la película –un mono gris y un pañuelo, casi todo el tiempo– dan la sensación de que la protagonista no tiene tiempo de pensar qué ponerse; en la guerra solo puedes preocuparte de cómo ejecutar tu próxima jugada.

THREE BILLBOARDS OUTSIDE OF EBBING, MISSOURI

Peter Dinklage en el papel de James, fiel encubridor de algunas de las locuras de Mildred. Personaje 100 % entrañable.

Por otro lado, Willoughby se nos presenta como un alto cargo de policía pasivo ante la muerte de la hija de Mildred, pero poco tardamos en descubrir que, realmente, es un buen hombre que simplemente intenta ser justo con todo el mundo y que, además de padecer una grave enfermedad, su incapacidad para atrapar al asesino lo corroe por dentro. Su subordinado Dixon, un oficial de policía presentado como el típico paleto con pocas luces, racista, homófobo y violento, es el que sufre la evolución más marcada de los tres y el que protagoniza algunas de las escenas más ocurrentes de toda la película, en las que será imposible que no te preguntes: ¿cómo soy capaz de reírme con semejante dramón? No te preocupes, no eres mala persona. Todos lo hemos hecho.

 

No es una película de buenos y malos aunque, al principio, podamos pensar que existen personajes que hacen la función de héroes y de villanos. Estas percepciones se van difuminando a lo largo del filme hasta darnos cuenta de que absolutamente todos pueden alcanzar las cotas más altas de mezquindad, en lo que a comportamiento se refiere.  Eso es lo que hace las interpretaciones tan humanas, junto a la impulsividad intrínseca de varios de los personajes y a la capacidad de redimirse. Por tanto, lo que importa en esta película no es la resolución de un caso sino la evolución y transformación de los personajes –desde la ira que generan en ellos los tres anuncios hasta la calma que produce el perdón que se respira en las tres cartas de Willoughby– y cómo transmiten esa evolución mediante diálogos cargados de sarcasmo y frases lapidarias. Tampoco podemos pasar por alto el hecho de que hay algo de denuncia social al estilo de vida de la América profunda –aquella que venera a Donald Trump– que es, como hemos dicho antes, sexista, racista, homófoba y violenta; aunque, realmente, no es lo que más trasciende de toda la película, más bien ayuda a contextualizar.

Tres anuncios en las afueras es un peliculón auténtico, incluso en los momentos más excéntricos y surrealistas. Es desconcertante, hiriente, está llena de matices y es increíblemente disfrutable, pese a la dureza de la historia. Sin duda, es uno de los grandes títulos que vamos a escuchar repetidas veces en esta época de galas ya que, nada más empezar el año, cuenta con 17 premios, entre ellos, Globos de Oro, varios Premios del Sindicato de Actores, Premios de la Crítica Cinematográfica y del Toronto International Film Festival. Acaba de empezar el año y no podemos afirmar que pueda ser una de las mejores películas de 2018, pues todavía nos queda mucho que ver, pero sí que te podemos asegurar que estás ante una película diferente y que no te va a defraudar.

 

Por Ana Plou Fernández-Mota

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