Café con José Manuel Serrano y Juan Romeu (SinFaltas.com)

José Manuel Serrano y Juan Romeu son dos amigos, amantes de la lingüística, emprendedores y creadores de la start-up SinFaltas.com, una plataforma desde la que dan soporte a particulares y negocios para mejorar su expresión escrita y, con ella, la imagen corporativa mediante un lenguaje correcto. Tras su conferencia «Filólogo 2.0: nuevas maneras de emprender», que se celebró con gran acogida en el aula magna de la Facultad de Comunicación y Ciencias Sociales de la Universidad San Jorge y que se enmarca dentro del IV Seminario sobre Norma(s) y uso(s) del español, tuvimos la oportunidad de tomar con ellos un café y charlar sobre SinFaltas.com, la corrección y la ortografía, las redes sociales y el futuro de la lingüística. 


— ¿Cómo nació SinFaltas.com?

José Manuel Serrano: SinFaltas.com surge de la amistad con Juan desde los cuatro o cinco años, cuando nos peleamos en la fila del colegio por unas tijeras azules. Él dice que azules…

Juan Romeu: No, yo digo que eran rojas; de hecho, todavía las tengo. Me las quedé yo (risas).

José Manuel Serrano: Eso: él dice que eran rojas y yo que eran azules. De ahí viene el color de nuestro logo. Estuvimos prácticamente trece años juntos en el colegio, fuimos de los pocos que hicimos latín y griego, y luego cada uno tomó su camino. Yo hice jurídicas, Juan hizo hispánicas y, después de terminar nuestras carreras y Juan su doctorado, seguimos conservando la amistad. Hablando, detectamos que había una preocupación por la lengua, por escribir bien, sobre todo en redes sociales. Incluso cuando salíamos de copas con amigos la gente le hacía preguntas a Juan: «oye, ¿cómo se escribe esto o lo otro?». Juan estaba en ese momento en el paro y yo sabía que hacía cosas originales, así que le propuse montar una startup basada en la lengua. Ese fue el germen de SinFaltas.com.

 

José Manuel Serrano (izda.) es licenciado en Derecho y Juan Romeu (dcha.) es doctor en Filología Hispánica.

— Vuestro equipo está compuesto por personas con diferente formación, desde abogados y periodistas hasta informáticos e historiadores. ¿Cómo coincidisteis en el mismo proyecto?

J. M. S.: Enrique del Río, historiador del arte, es amigo en común. También colabora mi familia. Todo ha sido tirar de redes de amigos que se interesaron por el proyecto y que han decidido involucrarse en cierta medida. Al final, siempre hemos creído que tener un equipo multidisciplinar ayuda mucho y, aunque los que más lo lideramos somos Juan y yo, ellos nos han dado su apoyo en absolutamente todo y lo sacan adelante día a día. 

 

 

— ¿Qué os llevó a ejercer como correctores y asesores lingüísticos?

J. M. S.: Realmente, cuando empezábamos con el modelo de negocio de SinFaltas.com no teníamos muy claro qué hacer.

J. R.: Empezamos pensando en crear videojuegos para niños, series para televisión de dibujos animados…

J. M. S.: Enrique nos dijo que teníamos que centrar el foco en crear un producto mínimo viable (MVP), por ejemplo, una web con un chat.

J. R.: Exacto, para ver cuántas consultas había y la demanda.

J. M. S.: Pero, claro, esa página web había que completarla con servicios, por lo que empezamos a pensar qué servicios lingüísticos se podían ofrecer y a crear nuestra marca. De ahí nació el concepto de sastrería lingüística en la que hacemos un servicio a medida para asesorar a las empresas sobre la importancia de la ortografía y la gramática y del impacto económico que tienen en su imagen corporativa.

 

— Uno de vuestros momentos más virales fue cuando publicasteis la tabla periódica de la ortografía, ¿cómo surgió la idea?

J. R.: La idea surgió mientras iba en el autobús, viendo una tabla periódica relacionada con los móviles. Siempre voy pensado en cosas que hacer para SinFaltas.com (infografías, artículos…). Entonces, pensé: «¿y si aplicamos la tabla periódica a la ortografía?». En ese momento empecé a ver los distintos elementos y el primero que aparecía era la H de hidrógeno. Una regla de ortografía con esa letra es fácil. Las demás salieron casi solas, aunque había que cuadrar muchas cosas: que fuese breve, informativa, comprensible y que se ajustasen todos los elementos a su inicial. Fue complicado, un encaje de bolillos, pero en semana y media conseguimos tener todo listo.

 

— ¡Semana y media! Lo hiciste muy deprisa.

J. R.: Bueno, yo tengo la ortografía en la cabeza, sé perfectamente cuáles son las dudas más generales y las que más interesan. Aunque se me olvidó la de que las mayúsculas se tildan igual que las minúsculas…

J. M. S.: Todos los genios tienen algún despiste (risas).

Los símbolos de los elementos químicos de la tabla periódica se vinculan a una regla ortográfica.

— Habéis hecho muchos más proyectos de este tipo: el calendario de adviento, el I Campeonato de Palabras y Expresiones o explicar los complementos directos a través de la música. ¿La letra con risa entra?

J. M. S.: Yo entiendo que sí, es mucho más visual.

J. R.: Eso creemos. Es una manera de jugar con la lengua, de hacer que sea atractiva para la gente y que le pierdan el miedo. También es una manera de generar ayuda para los profesores. Igual que nosotros hacemos Los Cuarenta Principales de la Ortografía con títulos de canciones, ellos pueden decirles a sus alumnos: «tenéis que coger títulos de canciones que os gusten y ver si en el título hay alguna falta de ortografía o de gramática». Siempre intentamos aportar ideas para que la gente vea que la lengua es algo que de verdad usan, no una cosa que se estudia en clase sin más. Que los alumnos se hagan preguntas y vean que ellos mismos pueden responderlas.

 

— Hacéis una gran labor de resolución de dudas a través de la página web y las redes sociales, ¿desde qué plataforma recibís más consultas?

J. M. S.: Twitter, yo creo.

J. R.: Sobre todo desde el chat, pero respondemos de vez en cuando, cuando podemos. Y después por Twitter, aunque también en comentarios de artículos y en Facebook. Por correo, muy pocas.

J. M. S.: Donde más consultas nos hacen es en Twitter. De hecho, directamente ya mencionan a la RAE, a Fundéu y a SinFaltas.com en el mismo tuit.

 

— ¿Creéis que la gente se interesa más por escribir mejor cuando tiene este tipo de ayuda a su alcance?

J. R.: Creemos que es complementario. La gente ya tiene un interés creciente por la lengua y, gracias a estos medios (no solo nosotros sino también la RAE o Fundéu), ayudamos a avivar la llama. Creemos que parte de este creciente interés se debe a las redes sociales, que hacen que la gente se enfrente todos los días a la lengua. Se escribe más que nunca, todo el mundo escribe, nunca antes se ha escrito tanto en la historia del español. Esto hace que la gente se plantee: «oye, ¿esto cómo lo escribo?». Con las redes sociales está floreciendo el uso de la lengua y su interés por ella. Nosotros simplemente tratamos de avivarlo, de plantearnos preguntas, hacer ver que hay formas y formas de expresarse.

 

— De hecho, en las broncas de Twitter la gente suele invalidar la opinión de los demás basándose en las faltas de ortografía que haya tenido en tal o cual tuit.

J. R.: Si no puedes con sus argumentos, ve a por su ortografía (risas).

J. M. S.: Ocurre también con las tesis doctorales. Cuando vas a defenderla, sabes qué miembro del tribunal se ha leído la tesis o no. El que no se la ha leído hace el comentario de la faltas de ortografía, porque es lo único que ha visto por encima. La ortografía es una fuente de ataque en muchos ámbitos.

 

— Como casi todo lo que hace la RAE, la plataforma de servicios lingüísticos que acaba de estrenar, Enclave RAE, ha llegado rodeada de polémica. ¿Qué opináis de que la suscripción sea de pago? ¿Y de la plataforma en general?

J. R.: La RAE, pese a lo que muchos creen, no es una entidad financiada al 100 % con dinero público. No es una institución pública, tiene una subvención muy reducida. Como cualquier empresa, tiene que financiarse de alguna manera, tiene que ganar dinero para pagar a sus empleados y que no se vayan al paro. Tiene que cobrar por lo que hace, y ya da un servicio de lujo al contestar consultas por Twitter y por correo de forma gratuita, ilimitada y siempre con mucha educación y esmero. La suscripción a Enclave RAE cuesta 30 euros al año, menos que Spotify o Netflix, no es un precio desmedido. Tiene un diccionario avanzado, es decir, puedes buscar palabras por su definición, entre otras muchas cosas. Eso es una joya. Para determinados sectores debería ser obligatorio tenerlo.

 

José Manuel Serrano (izda.) y Juan Romeu (dcha.) repartieron varias tablas periódicas entre los alumnos que contestaron correctamente a sus preguntas.

— ¿Cuáles creéis que son los desafíos de la lingüística en el siglo XXI?

J. M. S.: El mayor desafío de la lingüística en general, de cualquier idioma, va a ser su compaginación con el lenguaje de la programación y con la Inteligencia Artificial. Porque, al final, todo el lenguaje de programación lleva mucha semántica que uno tiene que enseñar a los ingenieros informáticos.

J. R.: Quizás el gran reto es enseñar a las máquinas a usar el lenguaje como los humanos. Que lo sepan reconocer. Para eso hacen falta muchísimos programadores y lingüistas que sepan descubrir cómo funciona bien el lenguaje. Es un buen reto.

 

— Vuestro error ortográfico preferido.

J. M. S.: A mí, más que los errores ortográficos, me gustan las expresiones como «no hay más tutía». «Tutía» va junto, era un remedio. La gente cree que es «tu tía», separado.

J. R.: A mí me hace mucha gracia cuando alguien pone diéresis en «gua» o en «guo»: averigüar, ambigüo, paragüas… Me gusta mucho, es divertido.

 

— El error gramatical que os da pesadillas.

J. R.: El plural del verbo «haber» en las oraciones impersonales: «Habían muchas personas». Me molesta mucho, aunque es plenamente comprensible.

J. M. S.: A mí me duelen las redundancias: «subir arriba» o «bajar abajo», por ejemplo, aunque en algunos lugares son redundancias necesarias por la estructura de la lengua. Yo soy el primero al que, a veces, le salen solas (risas).

J. R.: Otro que me llama mucho la atención es lo de decir «este área» o «este aula», cuando debería ser «esta área» o «esta aula». Los lingüistas lo advierten a menudo: «nunca digas de este agua no beberé, di de esta agua no beberé». Pero, en general, aunque muchos insisten en que nos ofendemos con las faltas, no somos de los de «ay, me sangran los ojos».

J. M. S.: De hecho, nos interesa saber de dónde vienen, por qué se comenten o qué se puede hacer para remediarlo.

 

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *