No es fácil hacer muchas cosas (bien)

No es fácil hacer muchas cosas, nada fácil. Aquellos que no son capaces más que de hacer una, bien o mal, siempre se escudan en dichos populares absurdos o no aplicables a aquellos individuos que poseen la capacidad de hacer varias cosas a la vez (y hacerlas bien).

Martín López-Vega, La eterna cualquiercosa, Valencia, Pre-Textos, Colección La Cruz del Sur, 74 pp, 15 €.

Martín López-Vega, La eterna cualquiercosa, Valencia, Pre-Textos, Colección La Cruz del Sur, 74 pp, 15 €.

Cuando alguien sabe hacer más de una cosa bien se suele decir de él que es «un hombre del Renacimiento» y realmente es un virtuosi, pero fuera de todas esas consideraciones, que por lo general me aburren aunque hoy me divierten porque me río de quienes están tan preocupados por lo que hacen (mal) los demás que dejan de hacer cosas ellos, o la que hacen no merece la atención de nadie cero nada, quien hace algo bien destaca por cada una de ellas, por la suma de las mismas o sea cual sea el lugar sobre el que pongamos el foco de la crítica…

No es fácil ser un traductor que se esfuerza en descubrir autores para los demás todo el tiempo, ni es fácil ser un atento y atinado crítico literario situado al margen de todo aquello que tanto nos molesta en el sector poético, ni es fácil ser editor (y tener gusto), ni es fácil escribir poemas que alejan al lector de su propio yo para insertarse en el del autor. Y todo eso sucede con Martín López Vega, un individuo capaz de hacer esas cuatro cosas con la naturalidad con la que algunos solo son capaces de caminar en medio de la noche por una calle vacía.

La eterna cualquiercosa (Valencia, Pre-Textos, 2014) es el último libro de poemas publicado por el autor hasta la fecha, aunque en realidad es un capítulo más en esa historia que comenzó en 1996 conTravesías, continuó con La emboscada, Mácula, Elegías romanas, Extracción de la piedra de la cordura, que recapituló en Gajos y se elevó a referente poético de toda una generación en el magnífico Adulto extranjero (aún me tiemblan las piernas con el recuerdo de la primera ocasión en la que leí «Alfama») y que a mí me acompaña desde mis inicios poéticos.

«Es hermosa la existencia» dice el verso final de uno de los poemas del libro que más me ha impresionado. Se trata, precisamente, del que lo abre, «Canción del rinoceronte», y digo esto porque no es la primera vez que Martín López-Vega abre uno de sus poemario con un texto de esos que se quedan en la cabeza del lector para siempre (no exagero). En él hay algo de balada, de oda a los buenos tiempos que parecen ser el contexto de este nuevo libro del autor: «Es hermoso el ladrido de Jacob en el rellano / y son hermosas las antenas orientadas a rutinarios satélites / y es hermosa la tienda de modas pasadas de moda de la esquina / y es hermoso el gesto de brazos caídos de los árboles / y el modo en que mi amor arrastra las zapatillas por el pasillo».

Otro de los poemas que me interesan sobremanera (sí, sobremanera) es el titulado «Autorretrato hacia 2009» bien porque sigue la línea de los poemas de Adulto extranjero, bien porque en Retrovisor (Papeles mínimos, 2013), esa antología excepcional (y que es un estupendo regalo para quien no conozca aún la poesía de López-Vega –si es que hay alguien que no la conozca todavía-) ya se dibujaba en la parte de inéditos que, del mismo modo que García Alix construye una poética de toda una generación fotografiándose a sí mismo, el poeta dibuja toda una poética generacional situándose frente al espejo (sea este convexo o no): «He conseguido todo lo que quería. / Todo lo tuve (pretérito perfecto, pero simple). // -Pasó tu hora para ser sacudido. / Quémalo. / Quémalo todo. / Que arda el pasado».

Y en este paseo rápido (que no acelerado) por el libro me voy a detener finalmente en el poema titulado «Félix Romeo (1968-2011)» por lo evidente, porque todos lo queríamos y sentimos su pérdida y posteriormente la orfandad, y porque López-Vega pone palabras a algo que todos veíamos en él: «Tú te quedarás en el cero donde ya no estabas pero a nosotros / nos queda el menos uno y le pondremos tu cara / dirá tus mismas cosas amiguito nos animará a hacer / cuanto no nos atrevemos // Eres el profeta de lo posible».

La eterna cualquiercosa es un excelente libro de un estupendo poeta, que servirá también a través de sus citas para abrir nuevos caminos al lector. Porque Martín López-Vega no es solo un buen poeta, ni solo un buen traductor, ni solo un editor o crítico estupendo, es uno de esos individuos capaz de hacer muchas cosas y de hacerlas bien. Y, qué demonios, eso no está al alcance de cualquiera.

 

Por Nacho Escuín

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