ARCO 2018: el gran buque del arte contemporáneo

Obra de Chris Jones, de la galería Marc Straus de Nueva York.

Lejos de ser un buque varado en la arena en el que crecen las algas y habitan insospechados seres marinos, ARCO se consagra de nuevo como el buque insignia del arte contemporáneo en nuestro país, un punto de encuentro, un espacio vivo.

Del arte contemporáneo se espera que sea criticado, observado, contemplado… Si no despertara en el espectador una rebeldía interior sería un cadáver, una musa que habría perdido toda su sensualidad. De manera que en ARCO se muestran obras que emocionan o conmueven, que suscitan la risa o la nostalgia.

ARCO este año plantea el futuro del arte y no lo hace como cabría esperar desde un punto de vista tecnológico sino desde un punto de vista de vuelta al origen, algo similar a lo que podríamos encontrar en el arte povera italiano de los años sesenta.

La presencia de artistas aragoneses consagrados en ARCO sigue siendo escasa, no pueden faltar las obras de Broto y Saura por las que todavía apuestan las tradicionales galerías Mayoral y Fernández-Braso. Las galerías aragonesas siguen también brillando por su ausencia, debemos conformarnos con su discreta presentación en un muro del pequeño Espacio Cultural del Gobierno de Aragón  en el que nos encontrábamos por sorpresa con una performance del artista Sergio Muro y una pequeña selección de obras del reconocido aragonés Pablo Serrano.

Sin duda un gran viaje que esperamos recorrer de nuevo en la próxima edición y en el que daremos cabida a nuestros sentimientos y experiencias para dialogar con el arte actual, huyendo de aquel propósito de Greenberg de solucionarle al observador medio sus problemas ante un arte que creía «feo, extraño y difícil de entender».

 

Por Antonio de Clemente
Portada:
obra de Laure Prouvost fotografiada por David Alonso Rincón

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