Martyn Heyne y Balmorhea: una renovación mental, espiritual y emocional

Asistir a un concierto un domingo es un pequeño lujo del cual, considero, no se debería abusar, por lo menos en España. Creo que las salas lo organizan así principalmente por cuestión de agenda. Pero en este caso tal vez obedecía a una pretensión diferente sobre cómo enfocar la experiencia de esa música en vivo. Imagino que nadie me contradirá cuando afirmo que un concierto en España se asocia a fin de semana, a una noche que solo acaba de empezar y al preludio de cierta juerga. Por ello, me pregunto si organizadores (como en esta ocasión son Bombo y Platillo) de una actuación musical en domingo por la noche lo harán pensando en que el público, después de estar allí, se irá a planchar la oreja (algunos contra su voluntad). Y es que lo que ofrecieron Martyn Heyne y Balmorhea la noche del pasado domingo 17 de marzo en el Centro Cívico La Almozara fue una verdadera renovación mental, espiritual y emocional. Un estimulante recital de cuidados sonidos y atmósferas que operan dentro de cada uno de una manera difícil de describir.

El evento estaba anunciado a las 20:00. Pasaba algún minuto de la hora señalada y la gente charraba en el recinto entre cervezas. He de admitir que, contra mi pronóstico, el recinto estaba bastante lleno. Por fortuna para unos cuantos asistentes de avanzada edad, había mesas y sillas repartidas por todo el aforo, incluso filas pegadas a las paredes para quienes se quedasen sin mesa. En muchas de las mesas, como centro, una vela. Entre el barullo, el movimiento, el ir, venir y desabroche de cazadoras, un joven vestido de manera anodina empieza a caminar por el escenario, sin mucha prisa, guitarra en mano. El escenario estaba provisto de varias guitarras, batería, teclado, alguna silla, y algún «pingo» musical que me estaré dejando. Juraría que el 90 % de la gente no se daba cuenta de que este señor que se acercaba al borde del escenario era la primera actuación de la noche. Dicho mozo, el alemán Martyn Heyne, se sienta en la silla, se apoya bien la guitarra y empieza a mirarnos con una sonrisa entre lo incómodo y lo cómico. El público empieza a reaccionar. Zanja conversaciones, toma asiento, y las luces realizan el clásico ritual que nos dice que la actuación va a comenzar.

El alemán Martyn Heine, por Stephan C. Kaffa.

La actuación de Heyne apenas llega a la hora de duración, en la que interpreta piezas que sobrepasan los 5 minutos de duración, valiéndose de su guitarra y un efecto de eco sobre el que desarrolla la rítmica. Acompañando en los directos a los daneses Efterklang, Heyne empalma acordes en sus canciones que mezclan lo íntimo y lo complejo, con esa base de post-rock que comparte con bandas como Explosions in the sky o Mogwai. Entre una canción y otra, aprovechó para agradecer a España la contribución que hizo al mundo con la guitarra. La última canción de su recital se permite interpretarla en compañía del batería de Balmorhea.

 

Al acabar su actuación, cabe destacar que una de las ocupantes de la mesa que tenía justo detrás de mí (y que parecía emplear las calles de Zaragoza para escuchar y los conciertos para hablar, bastante alto) describió la experiencia de la actuación como tortuosa. En el bando contrario, sentada justo a mi derecha, una mujer parecía extasiada (artificialmente) con la actuación del alemán. Tanto fue así que entre canción y canción le gritaba alguna tontada en inglés, o lo vitoreaba entre aplausos al grito de «¡bravo!». He de admitir que ambas personas contribuyeron a que mi experiencia musical tuviese tintes dignos de La que se avecina.

Portada del último álbum de Balmorhea, Clear Languaje (2017).

Un total de seis componentes son los que representan y nutren Balmorhea, entidad sonora recomendable para cualquier oído. Provenientes de Texas y con una base de post-rock minimalista, cruzan el sonido de bandas como This will destroy you con violín, violonchelo, contrabajo, banjo o vibráfono. Esto provoca que escucharlos sea escuchar canciones de mucha atmósfera y ambiente, pero también arreglos de cuerda de orquesta de cámara, o mezclas con música folk. Como curiosidad, los seis integrantes alternan instrumentos en el escenario conforme avanzan las canciones. En esta actuación en Zaragoza (que no ha sido la primera), Balmorhea interpretó casi todas las canciones de su último disco, Clear Language, si bien también tocaron al menos una de todos sus trabajos anteriores. Especial mención merece la interpretación de «Dreamt» (canción que, personalmente, me tuvo al borde de la lágrima), así como la alarmante juventud de la talentosa violinista y cantante del grupo, Aisha Burns. Balmorhea deleitó a los asistentes con un concierto de casi hora y media, cerrando la actuación con dos bises que generaron una merecida ovación del público.

 

 

Por Adrián Martínez Moliné

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