«Climax» es una experiencia extraordinaria

«Despreciaste Solo contra todos, odiaste Irreversible, detestaste Enter the Void, maldijiste Love, ahora prueba Climax». Así nos invitaba a presenciar su última película presentada en Cannes Gaspar Noé, el director argentino y orgulloso de hacer cine francés que, para esta ocasión, nos ha brindado su película menos explícita, pero más terrorífica. Tras el agridulce sabor que dejó Love (2015), que dividió a la crítica, Noé ha cogido todos los ingredientes de su obra para, en tan solo unos meses, mezclarlos en un explosivo cóctel de provocación que, esta vez sí, ha conseguido enamorarnos. Todo ha sucedido muy deprisa: el proceso desde la preproducción a la posproducción ha durado solo cuatro meses, el casting empezó en enero y un mes después ya estaban rodando en un colegio abandonado de los suburbios de París. Han sido 15 días de rodaje a los que Noé se ha referido como «un asalto de un banco», al igual que el rodaje de Irreversible (2002), pero cambiando de banco y atacando con bailarines.

El alucinante baile del principio. Fuente: Wild Bunch.

Climax (2018) nos sitúa en el París de los 90 para contar una brutal historia (o brutal experiencia, más bien) libremente basada en hechos reales, centrada en un grupo de bailarines de danza urbana que, tras unos días de ensayos en un recinto perdido de la mano de Dios en medio de un bosque rodeado de nieve, da una fiesta que se desmadra. Aunque decir que se desmadra es quedarse bastante corto. Noé ha desmentido cualquier referencia a El resplandor (Stanley Kubrick, 1980), como algunos pensaban, y ha citado influencias setenteras como El coloso en llamas (John Guillermin, 1974), La aventura del Poseidón (Ronald Neame, 1972) o Vinieron de dentro de… (David Cronenberg, 1975). Pero ya en los VHS que hay alrededor de la televisión donde nos presentan a los personajes podemos anticipar algunas conexiones: la intensa actuación de Isabelle Adjani en La posesión (Andrzej Zulawski, 1981) parece haber dejado huella en algún asfixiante momento de la película y Suspiria (Dario Argento, 1977) también tiene lugar en un recinto cerrado en el que se baila y las cosas más horribles empiezan a suceder. El significado de meter esa inquietante bandera de Francia de por medio también ha sido desmentido por su director, que, al igual que el tema de la nieve, se ha dado por casualidad.

Climax se parece a una delirante montaña rusa operada por un maníaco que te va hacer estallar: es mortalmente divertida.

Primero subes a la cima de la montaña…

Gaspar Noé estaba obsesionado con los buenos bailarines y, quitando a Sofia Boutella y a Souhelia Yacoub, el reparto se compone de bailarines que Noé encontró en salas de baile, batallas de krump y en Internet. La excelente coreografía merece un artículo aparte, porque la escena del principio podría ser lo mejor de Climax. Esta secuencia de baile está rodada en un solo plano que va desde cenitales a primeros planos, pero también es tan potente y visualmente inquietante porque lo que presenciamos son bailarines inusuales que, con sus psicóticos pasos cada vez más agresivos, y junto a la gloriosa música electrónica de la época, nos ponen en el correcto estado de ánimo para descargar adrenalina.

También es meritorio que no hubiera ningún guion, todo se ha rodado en orden cronológico y los personajes/actores son los que conducen la película. La forma de trabajar de Noé con los actores ha sido muy curiosa: les preguntaba lo que les apetecía hacer en la película y cómo querrían sacudir a la audiencia. Por ejemplo, a quién querían besar, pegar o insultar. Y después preguntaba a la otra persona si le importaría que esta persona le hiciera eso. El buen ambiente entre ellos propició una actitud recíproca y todo fue sobre ruedas.

… y luego te derrumbas

En palabras de Noé: «la película va sobre un lugar seguro que se convierte en una casa de locos». Es un poco como la historia de la Torre de Babel: un grupo de gente construye una pirámide para llegar hasta las nubes y después ese mismo grupo se derrumba con la pirámide. La humanidad puede crear grandes cosas, pero con la influencia del alcohol u otras sustancias todo cae. Para Noé no necesitas drogas para perder el control, porque el alcohol es más que suficiente.

David (Romain Guillermic) y Selva (Sofia Boutella). Fuente: Wild Bunch.

Lo curioso es que la película sigue siendo divertida, pese a lo oscura que resulta. Es como un mal viaje del que no eres partícipe. Noé transmite perfectamente esa sensación de angustia extrema de sus personajes, pero sin que la sientas como tuya. En Climax no quería hacer ningún efecto visual o sonoro para reproducir la sensación de estar drogado. Sus largas tomas al estilo del documental hacen que lo que vemos se parezca más a estar con gente drogada que a estar drogados. No deja de ser una pesadilla, de todos modos.

En el cine de Noé suele presentarse el abuso de drogas y sus consecuencias. Para el rodaje de Climax enseñó a los actores numerosos vídeos de gente drogada para que se introdujeran en ese estado mental. En esos vídeos algunos se tiran al suelo, otros se quedan embobados, hay quienes adoptan actitudes agresivas, etc. La gente bebida o drogada cambia. Así que ¿las drogas revelan nuestra auténtica identidad? Pero, entonces, ¿cuál es nuestra verdadera identidad? Antes de ser persona, el hombre es un animal, con todas sus compulsiones reptilianas. El alcohol elimina el neocórtex y el cerebro mamífero, dejando solo el cerebro reptiliano, que se ocupa de la dominación y el instinto de supervivencia. Primitivismo, violencia y sexualidad es todo lo que queda.

Cartel de la película. Fuente: MoviDone.

Posiblemente Climax es la película más única de Noé, y también la que mejores críticas ha cosechado (ha ganado el premio a la mejor película de Sitges, sin ir más lejos). Que sea menos explícita que, por ejemplo, Love, no la hace menos provocativa. Tampoco falta ninguno de los ingredientes habituales de su director: violencia, drogas, sexo… A Noé lo amas o lo odias, pero desde luego Climax se te queda grabada en la memoria y te corta el aliento como pocas películas de este año, incluso de la década. La película termina de forma abrupta (los créditos se los ha ventilado al principio al estilo del cine de la vieja escuela), alguien bromea diciendo que quiere «matar al director de esta película» y no puedo contener una sonrisa maliciosa.

Tras la preocupante famosa escena de Irreversible cuesta imaginar qué nos tendrá preparado para la próxima este incorregible director. Como diría Noé: «Nacer y morir son dos experiencias extraordinarias». Y Climax también es una experiencia que bien vale la pena presenciar.

 

Por Marcos Jiménez Lobera

Imagen destacada: Wild Bunch

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