Muse – «Simulation Theory»: vivir es Matrix

¿Es esto que llamamos realidad verdaderamente real o es solo fantasía, producto de una simulación? Esta teoría es la que nos plantea el nuevo álbum de Muse: Simulation Theory (2018), el octavo disco de la banda de Devon, que fue publicado el pasado 9 de noviembre tras haber lanzado previamente cinco singles como adelanto (Dig Down, Thought Contagion, Something Human, The Dark Side y Pressure) y que ha dividido a la crítica y de nuevo nos ha hecho plantearnos otra cuestión existencial: ¿es este otro disco de Muse eclipsado por los primeros?

Portada del disco. Fuente: Muse – Simulation Theory.

La portada del álbum, cuyo diseño ha sido llevado a cabo por Kyle Lambert (Stranger Things), recuerda –quizá demasiado– a la de Ready Player One (Steven Spielberg, 2018) y nos mete de lleno en la atmósfera retro que desprende Simulation Theory por todas partes; el disco está cargado de esa aura ochentera que comparten Stranger Things (Ross Duffer y Matt Duffer, 2016) o Ready Player One. Matt Bellamy estuvo probando la realidad virtual y las sensaciones que tuvo lo llevaron directamente a la visión distópica del futuro que tenía en su infancia y adolescencia, a los primeros juegos de Nintendo, a la Amiga, la Atari, también al cine de la época y, por extensión, a la música de estas películas que tanto ha inspirado a Bellamy. Esas sensaciones provocadas por la realidad virtual hicieron pensar a Bellamy en la idea de la fantasía haciéndose realidad, porque para el músico inglés vivimos una época en la que la simulación se ha convertido en algo fundamental, tanto en el entretenimiento y en la ciencia como en nuestra forma de entender el universo.

Visualmente, el nuevo disco de Muse parece haber adoptado un enfoque más positivo y colorido que contrasta con su material previo; sin embargo, otra razón de haber escogido este estilo visual retro ha sido que, para Bellamy, nuestra época también se siente un poco como la de principios de los 80: la gente se desvincula de los cambios políticos que sufre el mundo porque son demasiado complicados de entender y decide escapar de la realidad.

Pero, como vimos en Matrix (Lana Wachowski y Lilly Wachowski, 1999), la simulación también puede ser una forma de enfrentarse a la realidad. «¿Estamos atrapados en una simulación? Sí. Rompe el código para escapar». Así se le avisa a Terry Crews en el vídeo de Algorithm, un tema épico lleno de sintetizadores, música de videojuegos y piano que nos sumerge en el mundo de Simulation Theory. Le sigue The Dark Side, una grandilocuente y brillante canción electro pop en cuyo vídeo Bellamy conduce por un universo futurista huyendo de los colosales robots del vídeo de Algorithm, que aquí lanzan rayos de neón morado por la boca.

En las simulaciones, normalmente, puedes ser cualquier cosa y estar en cualquier lugar, así que ¿a qué lugar querría Bellamy regresar? Pues a los 80, eso ya lo intuíamos. ¿O deberíamos decir a 1955? Porque, en concreto, Bellamy viaja a Regreso al futuro (Robert Zemeckis, 1985) en Pressure, quizá el tema más tradicional del álbum y el que más recuerda a sus primeros discos. Inicialmente influida por el bajo de Paul McCartney en The Beatles, Pressure resulta en una gran canción de power pop con trompas y un poderoso riff de guitarra y bajo, con un videoclip en el que Bellamy encarna al Marty McFly (Michael J. Fox) que tocaba Johnny B. Goode, mezclando, además, guiños a Los Cazafantasmas (Ivan Reitman, 1984) y a Gremlins (Joe Dante, 1984). Y la ficticia banda del vídeo aquí se llama Rocket Baby Dolls, que, curiosamente, era el nombre que tenía el grupo antes de pasar a llamarse Muse.

Propaganda nace de una nota de voz improvisada de Bellamy y la banda la introdujo al pensar que sería la cosa más extraña que podrían incluir en una canción. Cuenta con la colaboración del rapero y DJ Timbaland y el resultado es un tema arriesgado, agresivo y loco que puede recordar a Prince y en el que destacan el solo de guitarra y el trabajo de voz de Bellamy. La influencia del hip hop y de la música tribal se pueden apreciar en Break It to Me, un tema con un destacable riff a lo Hendrix y un groove curioso. El baile que se marca Matthew Gibbs encarnando a un hombre lobo en el vídeo también es digno de mención. Y, aunque la guitarra es bastante simple aquí, Bellamy introdujo unos sonidos locos en el solo para crear ese toque a lo Tom Morello. En medio del disco encontramos un tema inspirado por el folk rock y las ganas de volver a casa tras estar de gira llamado Something Human. La vida en la carretera puede despertar a tu bestia interior, así que esta suave canción trata sobre domar a esa bestia, desconectar y reengancharse a las emociones humanas, todo a través de un videoclip que homenajea a Teen Wolf (Rod Daniel, 1985).

Para el tema que sigue, Bellamy cree que las ideas falsas de otras personas pueden infectar las tuyas e incluso tus emociones. Con un videoclip que sirve de homenaje al Michael Jackson’s Thriller (John Landis, 1983), Thought Contagion nos advierte del poder de la desinformación basándose en la teoría de Richard Dawkins de que los pensamientos son contagiosos y se propagan como un virus o como genes. Get Up and Fight es el tema más pop del álbum y habla sobre la lucha contra el cáncer del tío de Bellamy, que falleció recientemente. Ya en la recta final del álbum podemos escuchar otra mirada a los primeros trabajos de Muse: Blockades, seguida de Dig Down, tema político que anima a la gente a luchar por las causas en las que creen y en cuyo videoclip Lauren Wasser reparte leña en un edificio con un sistema de alta seguridad. Por último, el disco cierra con The Void, canción en la que usaron muchos sintetizadores y sonidos de los 80, especialmente influenciados por el terror, y que remite a esa imagen mental de perderse en el espacio mientras ves tu planeta cada vez más pequeño. Es, sin duda, un cierre muy oscuro para la que se supone que es una visión más optimista de la tecnología por parte de Muse.

El proceso de creación también fue una especie de historia de ciencia ficción porque constantemente tenían esa batalla entre lo orgánico y lo tecnológico a la hora de decidir si harían tal cosa o la otra con instrumentos tradicionales o con sonidos de ordenador. Pero ¿qué hace grande a una canción? Bellamy se preguntaba esto a la hora de abordar el disco, porque para sus últimos trabajos la banda se había concentrado en concebir cada disco como un todo. Ahora Muse han grabado y mezclado cada canción de forma individual antes de pasar a la siguiente, ya que pensaron que así sería su mejor álbum en términos de calidad individual de las canciones. Notaron que tenían a sus fans divididos, que a una parte no le gustaba lo nuevo que hacían desde prácticamente el Black Holes and Revelations (2006), y tampoco era cuestión de volver a las raíces guitarreras porque Drones (2015) nos dejó una sensación muy fría.

Foto promocional del álbum. Fuente: The Times.

Simulation Theory es un poco como Ready Player One, el acercamiento de Muse a las teorías de simulación no son mucho menos superficiales –tampoco creo que nadie esperase un ensayo de Baudrillard ni nada por el estilo–, y las referencias ochenteras ya las hemos visto 80 veces últimamente y con más gracia (salvo la de Regreso al futuro en Pressure, esa es grandiosa), pero Simulation Theory no deja de ser divertido y no se siente como un disco que pretenda ir mucho más allá: Muse parecen más conscientes de ser una banda de pop y estar a gusto con ello. Simulation Theory resulta en el disco más sencillo y accesible de la banda en mucho tiempo, y estará lejos de ser el mejor del grupo, pero al menos han querido hacer algo diferente y arriesgado respecto de sus últimos trabajos, lo que hace que merezca un poco más la pena.

 

Por Marcos Jiménez Lobera

Imagen destacada: LifeBoxset

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *