Café con Isabel Abenia

Isabel Abenia es una artista zaragozana licenciada en Derecho que, además de dedicarse a la pintura, ha publicado varias novelas históricas. La primera de ellas, El alquimista holandés (2009), es un acercamiento a la última etapa de la vida del misterioso pintor El Bosco y Erik el godo (2015) nos sitúa en la Hispania visigoda a través de los ojos de un joven procedente de Escandinavia. Con su último libro, La última Sibila (2018), se ha metido de lleno en el ocaso de la Grecia clásica. Pero dejemos que sea su autora quien nos hable un poco sobre esta fascinante historia y sobre su trabajo como escritora.


La última Sibila (Isabel Abenia, 2018). Fuente: Amazon.

—¿De qué trata La última Sibila?

Isabel Abenia: El argumento básico de la novela gira en torno a la historia de una niña llamada Berenice que es llevada al santuario de Apolo en Delfos como posible candidata para el cargo de sibila. En su nuevo hogar deberá adaptarse a un estilo de vida muy distinto al que le correspondería por nacimiento y convivir con el resto de sacerdotes y sacerdotisas, con los maestros y con la anciana pitia. De todos ellos irá adquiriendo sabiduría y conocimientos, pero también aprenderá que el mundo es un lugar hostil y que sus habitantes están dominados por oscuras pasiones. Pero además de este, hay muchos otros temas relevantes que se analizan en esta obra histórica que se desarrolla en el siglo II, una época de transición en muchos aspectos; y también puede decirse que es una novela negra y de misterio. 

—¿Qué te ha inspirado para escribirlo? ¿Algún referente en concreto?

I. A.: En cuanto a la temática, siempre he sentido una gran atracción por el mundo grecorromano, la mitología y las instituciones oraculares. Si hablamos del estilo, mis referentes son los autores clásicos de novela histórica, de entre los cuales destacaría a Robert Graves.

—¿Cómo ha sido el proceso de documentación?

I. A.: Apasionante y complicado. Suelo tocar temas escasamente documentados y este no ha sido una excepción, quizás ha sido el más complejo al que me he enfrentado porque el papel de las sibilas era un asunto casi secreto y hay poquísimas referencias a ellas en la literatura clásica, a excepción de algunas sentencias proféticas que han pasado a la historia. Mi fuente principal ha sido la obra de Plutarco que, además de ser uno de mis escritores favoritos, fue sacerdote de Apolo en Delfos durante muchos años, por eso he situado el argumento en la época concreta en la que él se encontraba ejerciendo ese cargo.

—¿Hasta qué punto sabes lo que va a pasar en la historia cuando te pones a escribir? ¿Te gusta tenerlo todo bien atado de antemano o prefieres que la trama fluya de vez en cuando?

I. A.: Argumentalmente hablando, suelo tener las ideas más o menos claras cuando comienzo la obra, pero lo cierto es que los personajes te van llevando a situaciones que no tenías planeadas al principio, como si adquiriesen vida y tomasen sus propias decisiones. Cuando la trama fluye se da una especie de magia indescriptible en la que el autor se convierte en un mero transcriptor de lo que le cuentan sus protagonistas, con ello la novela gana en frescura y agilidad. 

El alquimista holandés (Isabel Abenia, 2009). Fuente: El Corte Inglés.

—El siglo XVI, la Hispania visigoda, la Antigüedad clásica… Tus obras suelen ambientarse en épocas bastante remotas. ¿Qué te interesa en particular de estas?

I. A.: Me interesa el pasado como origen de lo que hoy somos, no se puede entender el presente sin echar la vista atrás, tanto personalmente como a nivel colectivo. Los primeros años de vida modelan a cada persona y la convierten en un adulto con una serie de virtudes y defectos; lo mismo sucede con la especie humana en conjunto, cuando nos preguntamos el porqué de una situación actual tenemos que remontarnos a tiempos pretéritos para encontrar la respuesta. En cuanto a la elección de las épocas de cada una de mis novelas, puede decirse que es la atracción por sus protagonistas lo que me ha llevado a escribir sobre un periodo concreto. El Bosco, el obispo Braulio o Plutarco son personajes que me han marcado por distintas causas y he tenido que recrear su tiempo para aprender más de ellos.

 

 

 

La última Sibila ya es tu tercera novela. ¿Sientes que has evolucionado como escritora?

I. A.: Por supuesto, la experiencia y la edad cambian la percepción e incrementan los conocimientos; algunas dudas quedan despejadas y se adquiere una soltura especial, a pesar de que hay que reconocer que jamás dejas de aprender y de apasionarte como el primer día.

Erik el godo (Isabel Abenia, 2015). Fuente: Amazon.

—¿Por qué querías contar esta historia?

I. A.: Quería escribir sobre personajes femeninos relevantes de nuestra civilización. El oráculo de Delfos tenía como representante principal a una mujer y esto no es porque sí, en realidad esta figura es un resquicio de la importante labor de asesoría que llevaban a cabo las reinas y poderosas sacerdotisas del pasado remoto, cuando el patriarcado no se hallaba tan asentado y todavía existía un matrilinaje que otorgaba cierta preponderancia al sexo femenino.

—¿Nos puedes adelantar algo de tu próxima novela?

I. A.: Tengo terminada una y estoy escribiendo otra, no sé cuál de las dos será la próxima en publicarse. Ahora me encuentro indagando sobre Mesopotamia y me está resultando tan fascinante que no puedo parar de documentarme.

—Para terminar, ¿qué recomendarías a alguien que aspira a escribir?

I. A.: Que lea, que lea incansablemente. Sobre todo obras de los grandes autores, porque actualmente no todo vale.

Isabel Abenia con su última novela.

 

Por Marcos Jiménez Lobera

 

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