El alucinante y desesperado sonido del nintendocore

Esta es la historia de un género musical gobernado por el caos y la nostalgia de las antiguas videoconsolas cuyo origen se remonta a unos 20 años atrás, un género que llevó a sus fundadores a girar por 45 países durante tres meses de fiesta ininterrumpida y que hizo que acabasen renegando del término que inventaron para definir su sonido: nintendocore. Un género tan loco, extremo y asombroso que, de no existir, habría que inventarlo.

El nintendocore es un estilo musical caracterizado por mezclar chiptunes con metal, hardcore o varios derivados del rock; las bandas que lo conforman han tomado influencias de géneros y subgéneros que van del heavy metal al screamo pasando por el post-hardcore, el metalcore o el shoegaze. Si no os sonaba de nada, seguramente estaréis deseando escuchar este extraño mejunje musical cuanto antes, pero, primero, un poco de historia.

Mezclador con varias Game Boy incorporadas. Fuente: Flickr.

La música ya había incorporado previamente sonidos de videojuegos desde prácticamente el origen de estos, cuando bandas de synth pop de los 70 como Yellow Magic Orchestra samplearon sonidos de juegos como Space Invaders (Taito Corporation, 1978). Esto dio origen al chiptune, género que hace referencia a la música creada a partir de chips de audio de videojuegos o emulaciones de los mismos. El chiptune se fue consolidando en los 80, especialmente gracias a Haruomi Hosono, miembro de la mágica banda (a la que también perteneció Ryūichi Sakamoto) que lanzó en 1984 su álbum Video Game Music. Desde entonces, el género no ha parado de expandirse y algunos ejemplos notables de grupos y artistas de chiptune de los últimos años (que, aunque tienen más de electrónica que de rock, también han sido etiquetados como nintendocore) incluyen a Crystal Castles, Sabrepulse (conocido por su mezcla del género con el breakcore), Super Busty Samurai Monkey o a Anamanaguchi. Estos últimos, por cierto, se encargaron de una de las mejores bandas sonoras de juego alguno en PS3: la de Scott Pilgrim vs. The World: The Game (Ubisoft Montreal, 2010).

Sin el chiptune no existiría el nintendocore, pero las raíces del género propiamente dicho se pueden rastrear a principios de los 90 cuando dos bandas de rock versionaron cada una un tema de un videojuego. Autoclave, una banda de Washington D. C. lo bastante única como para que Dischord decidiera publicar su discografía, versionó el tema principal del videojuego Paperboy (Atari Games, 1980) en su canción homónima. Por su parte, Mr. Bungle versionó en vivo el tema principal de Super Mario Bros. (Nintendo EAD, 1985) numerosas veces. Y no solo eso, para su primer y homónimo disco, la mítica banda de Mike Patton también sampleó la música de Kōji Kōndo al final del tema Egg, así como voces de Altered Beast (Sega, 1988) en medio de la canción, o música de RBI Baseball (Atari Games, 1986) en Carousel.

Entonces llegamos a finales de los 90, cuando en Estados Unidos empieza a surgir un género bastante denostado por los puristas conocido como metalcore –o, mejor dicho, metalcore melódico– que bandas como Avenged Sevenfold popularizarían en los 2000. Uno de los primeros grupos de este género fue HORSE The Band, y a menudo se la considera como la 1.ª banda de nintendocore, término que ellos mismos acuñaron a modo de broma para describir su sonido, caracterizado por el sintetizador de Erik Engstrom, lleno de sonidos de 8 bits que recordaban a los videojuegos de la NES, y mezclado con las nostálgicas letras de Nathan Winneke, que referenciaban a algunos míticos personajes de Nintendo con canciones como Birdo o House of Boo. Sin embargo, la crítica solo enfatizaba este aspecto, más allá del potente sonido que HORSE the Band tenían de por sí, por lo que la banda californiana empezó a distanciarse del término; sus integrantes no querían encasillarse y lo que parecía un sueño hecho realidad les empezaba a sonar infantil.

«Molaría más si fuéramos una banda más exitosa, creo, pero como por todo lo que se nos conoce es por el nintendocore, y ni si quiera somos tan grandes por ello, simplemente es molesto porque la gente puede pensar que solo somos como una broma o algo así, y creemos que somos mucho más que eso» (Erik Engstrom en Jimmy Alter TV, 2008)

Otro de los grupos pioneros del género fue The Advantage, una banda de rock instrumental de Sacramento especializada en versionar temas de juegos de la NES. Su nombre viene del controlador de Nintendo homónimo y, aunque se formó en 1998, no fue hasta 2004 cuando sacaron su primer larga duración. También conocidos por sus versiones de temas de videojuegos, Minibosses, banda de Arizona formada en 1999, fueron quienes eclipsaron el estatus del género dando una capa de rock progresivo al asunto con discos como brass (2005) y quienes llegaron a tocar tanto en clubs tradicionales como en exposiciones de videojuegos. Y más tarde, los neoyorquinos The Depreciation Guild lanzarían su primer disco, In Her Gentle Jaws (2007), una interesante mezcla de indie con instrumentales que parecían salir de una vieja consola de Nintendo.

Math the Band, The Megas, NESkimos… Muchos otros grupos fueron surgiendo y haciéndose un nombre en el género, pero fueron HORSE The Band quienes llegaron a trascender como toda una de banda de culto, debido en buena parte a su Earth Tour. Una combinación de aburrimiento, frustración y autodestrucción llevó a HORSE The Band a embarcarse en 2008 en el tour más ambicioso imaginable: 90 días de viaje sin pausa ni garantías de conseguir de vuelta los 60.000 dólares que se gastaron a lo largo de lugares como China, Serbia, Bielorrusia (la 1.ª banda que tocaba en cinco años, los anteriores fueron Cannibal Corpse) o incluso Transnistria, el territorio no reconocido como nación al que desaconsejaba viajar el Departamento de Relaciones Exteriores y Comercio debido a su alto nivel de riesgo.

Portada de Desperate Living (2009). Fuente: Amazon.

Nathan se rompió el hombro diez días antes de terminar la gira, pero aun así tocó en otros ocho conciertos sin más tratamiento que el alcohol. Dos miembros acabaron dejando la banda a la vuelta. El sueño, el miedo, el odio y la depresión habían imperado esos días a lo largo de países en los que la libertad puede llegar a ser un pájaro que vuela demasiado alto, pero el espíritu desesperado del Earth Tour también sirvió para dar forma al último álbum de HORSE The Band. Inspirado por la película homónima de John Waters, Desperate Living (2009) capturó la esencia del enérgico directo de la banda durante aquellos días y se convirtió en el mejor disco de HORSE The Band.

Autoproclamados como «la banda más molona del mundo» y «la banda más DIY de la historia», aunque seguramente encajarían mejor en la definición que les dio Guie Rossini en un comentario de YouTube, «la mejor banda fracasada de la historia», HORSE The Band vivieron desesperadamente y se consolidaron como verdaderos outsiders del hardcore, pero lo que es más: crearon todo un género. Un género alucinante.

 

Por Marcos Jiménez Lobera

Imagen destacada: Kotaku

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