«Z Nation», la serie

Que los zombis están de moda en la pantalla es algo innegable: la película World War Z y su continuación; el éxito de The Walking Dead  que ya hemos analizado en otro momento, su anunciado spin-off; la rareza de intentar insertar en la sociedad a los zombis de la serie inglesa In the flesh; la invasión zombi en una especie de casa del «gran hermano» en Dead Set; la «frikada» paródica de Death Valley en donde conviven zombis, vampiros y hombres lobo, entre otros casos, así lo demuestran. En este caso analizamos Z Nation (Karl Schaefer y Craig Engler, SyFy, EE. UU., 2014), una serie de zombis marcada por la esperanza.


Tom Everett Scott, Kellita Smith y DJ Qualls son parte del reparto de Z Nation

Tom Everett Scott, Kellita Smith y DJ Qualls son parte del reparto de Z Nation

Esta moda por lo monstruoso sobrenatural y la multitud de producciones al respecto nos hace plantearnos varias cuestiones. En primer lugar, cuáles son los gustos del espectador y de dónde procede esta pasión por los monstruos que la modernidad está generando en el campo de la ficción, en el fondo, probablemente, mero trasunto de la humanidad.

También habría que analizar la pasión del espectador por las diversas versiones del apocalipsis y cómo estas, en la mayoría de los casos, suelen ser una excusa para plantear problemas éticos. Incide en este aspecto el libro que la editorial Errata Naturae dedicó a la serie The Walking Dead en el año 2012. En esta obra se plantean cuestiones sobre la producción desde los más variados puntos de vista, como por ejemplo, cuál es la ética del espectador con respecto a estos zombis o, si es pertinente incluso hablar de una filosofía zombi y una filosofía del espectador: «El placer que nos produce una buena historia de terror no es placer que se derive de la repugnancia o del miedo auténticos; se trata, más bien, de la satisfacción del descubrimiento y del alivio que sentimos con la eliminación de una duda peligrosa» se dice en el libro.

Algunos de los postulados de este libro coral pueden parecer algo forzados e incluso peregrinos, es decir, plantear si es ético matar a un zombi, o si tienen «derechos o privilegios» suena muy extraño. Pero no es menos cierto que adentrarse en el universo zombi y teorizar sobre el mismo —es un producto cultural de primer orden que funciona a través de diversos lenguajes como la palabra, el cómic, el cine, las series o los videojuegos— puede también servirnos para la reflexión sobre nuestro mundo, que es, sin lugar a dudas, el gran acierto de la serie, ya que la ficción no es en ningún caso una mentira: «Maurice Blanchot habló de esa muerte que nunca acaba de llegar, pues la experiencia de la muerte es una experiencia inasumible».

En Z Nation se nos cuenta el viaje de un grupo de supervivientes en el año 3 después de la invasión zombi a California. Su misión es trasladar a un laboratorio médico al cínico Murphy (Keith Allan), la única persona vacunada con éxito contra el virus que puede exterminar a la raza humana. Así pues, y a diferencia con The Walking Dead —sin duda la referencia si hablamos de zombis—, sí que hay una esperanza prolongada en el tiempo, los humanos tienen un fin, una misión, como dicen en más de una ocasión. Para ello, un militar (Citizen Z, protagonizado por DJ Qualls) contacta con ellos y les va dando ayuda e instrucciones desde una base secreta de la NSA, Northern Light.

Los zombis de esta producción fingen estar muertos, rompen puertas y ventanas, tienen muy mala leche y corren muy rápido, así que si los problemas parecen pocos, los humanos con los que se van encontrando por el camino generan otros más complicados y crueles, porque quizá sea la crueldad una de las señas de identidad de esta serie. De este modo, deben enfrentarse a humanos caníbales, a tiernas familias que roban y ejecutan a los que se van encontrando en la carretera, a humanos proxenetas, a humanas andrófobas y a un largo etcétera, casi siempre marcado por guiños a lo poco serio, porque en realidad, Z Nation es una serie poco seria, algo cutre y con bastantes carencias en todos los sentidos.

No nos lo ocultan, en el capítulo 4 uno de los personajes dice que: «Romero tenía razón, todos estamos contagiados», se refiere, claro, a la película La noche de los muertos vivientes de 1968, un clásico del género. En otro capítulo nada serio se deben enfrentar a un tornado del que se desprenden zombis por doquier, sí, igualito que en Sharknado, y es que la productora es la misma.

Habrá segunda temporada, y si nos gustan los zombis se podrá ver, poco más.

zona n

 

 

 

 

 

 

Por Pablo Lorente

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