Foo Fighters – «Sonic Highways»: la historia de Estados Unidos hecha canciones (2.ª parte)

Ya hemos cruzado el ecuador de la serie/documental/disco/monográfico/histórico. Sonic Highways todavía retumba en nuestros oídos y es que todavía no hemos conseguido sacar el disco del reproductor del coche.


La versión en vinilo de Sonig Highways contiene 9 portadas con temáticas de las ciudades en las que se grabó

La versión en vinilo de Sonic Highways contiene 9 portadas, una por cada ciudad en la que se grabó

En la primera parte habíamos dejado atrás las ciudades de Chicago, Washington, Nashville y Austin. El viaje musical de los Foo Fighters todavía nos depara puntos clave para la música americana. Los Ángeles, Seattle, Nueva Orleans y Nueva York concretamente. Una lástima que la música no consiga estar del todo a la altura que las historias.

La verdad es que llegados a la cuarta entrega la expectación es máxima aunque uno ve en el horizonte que le quedan cuatro capítulos y que el resto del camino se puede hacer un poco monótono. Historia de la ciudad, estudio, grabación, historia de la ciudad, estudio, grabación… ¿Cómo superar la monotonía y no dejar al espectador con ganas de apagar la televisión en la quinta o sexta entrega?

La historia comienza con Pat Smear y Dave Grohl paseando por el barrio donde Smear vivió la mayor parte de su infancia. Hay que tener en cuenta que en Los Ángeles viven los Foo Fighters en la actualidad, por lo que se esperaba un capítulo de «mira, mis amigos hollywoodienses, qué majos somos todos». Y es que la ciudad no camina coja en cuanto a grupos conocidos: The Doors, X, Guns N Roses, NWA, Van Halen, The Eagles, Jane’s Addiction o los Red Hot Chili Peppers.

Pues sí, al principio, sí. Pat nos obliga a conocer The Germs, su anterior grupo y pioneros del punk. También a Rodney Bingenheimer, DJ de la KROQ, que cuando no existía internet era el que decidía qué se escuchaba y qué no. Y como habíamos conocido a The Germs había que conocer a The Runaways, el grupo de la incombustible Joan Jett.

Y hasta ahí. Ahí acaba el desfile de colegas. De repente el grupo se va al desierto y, en medio de la nada ahí está, el Rancho de la Luna, lo más antagónico a un estudio de grabación que uno se puede encontrar. La historia del estudio y de sus fundadores, Fred Drake y David Catching, enternece. Entre grabación y grabación, Josh Homme, líder de Queens of the Stone Age, nos cuenta la historia del stoner rock y el desierto. Ahí grabarán el tema con la mejor línea de bajo del disco, «Outside». Una canción que suena a desierto, muy impregnada por la ambientación. Y como colaborador Joe Walsh, guitarrista de los Eagles.

Y de Los Ángeles a Nueva Orleans. La expectación es máxima porque si algo respira Nueva Orleans es música, y de la buena. Durante el capítulo se enfrentan a verdaderos músicos, de profesión y vocación. Músicos hijos de músicos, como el agricultor que cultiva los campos de sus antepasados. Y para empezar una jam improvisada.

Cuna del Jazz, la nómina de artistas salidos de Nueva Orleans no necesita presentación: Fats Domino, Louis Armstrong, Little Richard, Juvenile, Aaron Neville… De nuevo los Foo Fighters no van a un estudio normal, mejor dicho, no van a un estudio. Van al Preservation Hall en el French Quarter, regentado por Ben Jaffe. Sí, una sala de conciertos, una sala que está igual desde hace cien años.

Por supuesto la banda tiene que vivir la calle. El Mardi Gras, la historia del Katrina, cómo los vecinos siguen a los féretros de los difuntos al sonido del jazz, las jam sessions improvisadas en medio de la calle, las fiestas de la gente en sus casas que acaban con trompetas, trompas y trombones amenizando la velada…Y la historia de Trombone Shorty, ese chaval de 4 años que el trombón mide más que él.

La canción del capítulo, «In The Clear», no pasará a la historia como lo mejor del rock. Ni siquiera se acercaron al jazz. Lo más parecido son los vientos que sutilmente suenan en ella y que si hubieran sido improvisados hubiesen ganado. Sin duda, Nueva Orleans merecía algo mejor.

Y de ahí al norte, a Seattle, al estado de Washington, al rincón de Estados Unidos. Uno de los grandes atractivos de esta serie era este capítulo. Uno no puede evitar pensar en Nirvana cuando le dicen Foo Fighters, y si juntas Foo Fighters y Seattle sabes que sí o sí, un tema que acabará saliendo será Nirvana.

Efectivamente, Kurt Cobain tarda en salir 45 segundos en la primera conversación. Una conversación que Dave mantiene con Barrett Jones, un amigo que ha guardado todo lo que Dave compuso desde la muerte de Kurt Cobain hasta que grabó las primeras canciones de Foo Fighters.

El capítulo repasa la música de Seattle más allá del grunge de Nirvana, Pearl Jam, Soungarden, Alice in Chains. De allí son artistas como Ray Charles, Jimi Hendrix, The Sonics o Macklemore. Narran la historia de Sub Pop Records, el sello del primer disco de Nirvana, que comienza como una revista y hoy tiene una tienda en el aeropuerto de Seattle.

Seattle es una isla en medio del océano. Es una ciudad alejada del resto de los Estados Unidos y por ello nace el grunge, porque todos esos músicos se ven obligados a montarse su propia historia. La canción se graba en Robert Lang Studio, que si tenéis oportunidad, visitad su web, un estudio que está literalmente bajo la tierra. Robert Lang fue el último sitio donde grabó Nirvana y donde Dave Grohl grabó el primer disco de Foo Fighters.

La canción, muy a pesar mío, es mala, la peor del disco. «Subterranean» no llega a las expectativas que uno se plantea antes de ver el capítulo. Sinceramente, si algo debería saber hacer este grupo es grunge, y si algo debía tener este capítulo es grunge. Las baladas en este caso están fuera de lugar.

Por último llegamos al final del viaje en la capital del mundo, Nueva York. Aquí es hora de darlo todo y no dejarse nada en el tintero. El octavo y el último capítulo de Sonic Highways no defrauda. Todos los entrevistados durante la serie vuelven a aparecer al ritmo de la ciudad que describen. El sueño americano traducido a sonidos.

Los personajes que se asoman por este último capítulo vuelve a tener mucho nivel: Paul Stanley cantante de Kiss, Chuk D de Public Enemy, Rick Rubin, Thurston Moore de Sonic Youth… y el presidente de los Estados Unidos, Barack Obama.

Para la canción se desplazan a The Magic Shop, uno de los últimos estudios de Nueva York, donde ha grabado gente como The Ramones, Coldplay, Arcade Fire, Björk, The Cranberries, Norah Jones o David Bowie. Hoy en día debido a la digitalización global, a NSYNC y a la política de una desdibujada MTV, el estudio se dedica casi en exclusiva a digitalizar y restaurar material antiguo.

La serie acaba como tiene que acabar, con «I Am a River», una canción clásica de cierre, pero que cuanto más la escuchas, más te engancha, sin duda, una buena canción para cerrar.

En general esta segunda parte es más floja que la primera, que te impacta por todos los lados. Quizá el esquema de la serie y de las canciones sea a menudo repetitivo y eso te lleve al tedio, especialmente si te ves toda la serie de una sentada, como hice yo. Pero a su favor tengo que decir que en los últimos días empiezo a tener dudas de que mitad del disco me gusta más si la primera o la segunda, cada vez me engancho más a la segunda parte.

En conclusión, estamos ante un muy buen disco. No es lo mejor que han hecho los Foo Fighters, pero es un claro caso de experiencia transmedia a través de la música, novedoso en este campo. Ojalá cualquier grupo del Estado estuviese por la labor de hacer algo parecido a lo que han hecho Foo Fighters. Si puedes y aún quedan entradas no dejes de verlos, una lástima que esta vez no hagan parada en España.

másetrellitas

 

 

 

 

 

Por David H. Secorún

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