«Braquo», la serie

Me ocurre de vez en cuando, cuando echo en falta un poco de acción en la pantalla recurro a series policíacas. En este género las tenemos de todos tipos y colores, pero como bien sabemos, nos gustan los malos malotes sin remedio, así que en lo más alto del escalafón de los antihéroes podemos situar sin mucho problema a los policías corruptos. La gran referencia en este sentido es, sin duda, la excelente The Shield, en donde un grupo especial antibandas de la ciudad de Los Ángeles se convierte en azote del mal porque ellos mismos consiguen, en ocasiones y con los pertinentes conflictos, ser peores que los delincuentes a los que persiguen.


Braquo es una serie francesa creada por Olivier Marchal y producida por Capa drama con la participación de Canal + en asociación con Marathon Group, Be-Films y RTBF.

Braquo es una serie francesa creada por Olivier Marchal y producida por Capa drama con la participación de Canal + en asociación con Marathon Group, Be-Films y RTBF.

Braquo (abreviatura del argot «braquage», esto es, atraco a mano armada) parece seguir la misma estela dibujada por los policías del distrito de Farmington en la serie estadounidense antes mencionada, aunque sus motivaciones están mucho menos claras y la producción resulta a todas luces excesiva en sus postulados y en la presentación de las acciones.

La serie nos traslada a un París grisáceo, triste y nada glamuroso ni turístico. En ese paisaje, seguiremos las andanzas de un equipo de élite de la policía formado por cinco personas: el comandante Eddy, el jefe, (Jean Hugues Anglade), Walter (Joseph Malerba), el impetuoso y joven capitán Théo (Nicolas Duvauchelle) y Roxane (Karole Rocher), el personaje en apariencia más débil.

La trama gira en torno a la acusación contra uno de los integrantes del grupo, Rossi (Olivier Rabourdin) por haber violado y torturado a un detenido —no sabemos si es verdad o no—. De esa acusación se encarga el desagradable Vogel (Geoffroy Thiebaut) de asuntos internos, apoyado en todo momento por instancias superiores, aunque poco a poco la trama se va ampliando.

El tema principal de la primera temporada (hay tres) es el honor, esto es, limpiar el buen nombre de su compañero: si hay que secuestrar, se hace; si hay que matar, se hace. Sin embargo, no solo no obtienen resultados al respecto, sino que el grupo se hunde cada vez más y más en el lodazal de la corrupción y el crimen puesto que todo se va complicando por momentos. Esta problemática se entremezcla con los casos que deben ir resolviendo, siempre de manera brillante, usando la fuerza siempre que se les antoja y, en principio, con total impunidad.

También hay problemas personales —se agradece que apenas sean de índole sentimental— que, irremisiblemente, los unen al lumpen o a los bajos fondos: todos ellos parecen ser grandes bebedores, llama la atención que en su nave —comisaría— haya un grifo de cerveza, Théo es drogadicto, Walter un ludópata y Eddy parece recurrir con frecuencia a la compañía de meretrices.

De esta manera, cada acción de su día a día está condicionada por las adicciones, el vicio y la avaricia. Cada paso que dan —a veces con una torpeza proverbial y con una fortuna del todo inverosímil— no hace sino complicar una y otra vez su vida y su futuro profesional. Es cierto que los de asuntos internos parecen sus enemigos, pero no es menos cierto que sus enemigos más contumaces son ellos mismos.

 

Braquo

 

 

 

 

 

Por Pablo Lorente

 

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