«Slow Food»: otra manera de saborear la vida

¿Conoces la escena de la película Ratatouille en la que el crítico gastronómico prueba el famoso plato elaborado a base de hortalizas y su sabor le hace viajar a la infancia?  Con esta referencia cinematográfica, Jorge Hernández, fundador de Slow Food España y presidente del convivium de Zaragoza explica la desaparición de las tradiciones gastronómicas y el desinterés general por el origen y sabor de los alimentos. «Actualmente un niño no conoce el sabor de las hortalizas», explica Jorge Hernández en referencia a la película.


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Famosa escena de la película en la que el crítico Anton Ego regresa en sueños a la cocina de su madre.

En un mundo en el que las prisas devoran el día a día, surgen movimientos que invitan a bajar el ritmo, a pensar en otra dirección fomentando una vida más creativa, de altos valores y sin prisas. Así expone Jorge Hernández la finalidad de Slow Food, una filosofía que surgió en Italia en 1986 gracias al periodista Carlos Petrini, que desarrolló este concepto como protesta a la apertura de un McDonals en la plaza de España en Roma.

En 1989 se constituyó en París la red Slow Food, que hoy en día está formada por más de 100.000 asociados organizados en 1500 núcleos locales, más conocidos como convivium, en 160 países de todo el mundo.

Este movimiento slow surgió en relación con la comida y, con el paso del tiempo, se ha ido extrapolando al resto de los campos, convirtiéndose en una filosofía que persigue mejorar la calidad de vida con la mirada puesta en el origen de los productos.

El presidente del convivium de Zaragoza, Jorge Hernández, sin prisa, nos explica cómo ha ido surgiendo el movimiento en nuestro país. «En noviembre de 2003 se constituyó en Casa Pascualillo (Zaragoza) Slow Food España. Al principio éramos 12 o 13 personas y poco a poco empezaron a emerger grupos con mucha más fuerza». Según Jorge, Slow Food se ha convertido en «la mayor organización alimentaria mundial de participación ciudadana presente en 160 países donde la gente aprende de las culturas alimentarias y se incentiva el conocimiento de sus productos haciendo un llamamiento a la biodiversidad».

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Logotipo de esta organización global.

Desde el núcleo de Zaragoza se trabaja por lanzar una restauración colectiva respetuosa con el medioambiente, haciendo que la comida social no se deteriore, y fomentando el consumo de productos locales y sostenibles en comedores escolares o de hospital.

En un momento en el que nos hemos alejado de la naturaleza, cuesta distinguir los sabores originales, algo que repercute en la salud y en el medioambiente. El foco de esta situación, argumenta Jorge Hernández, se podría situar en los años setenta en un «momento en el que el crecimiento de las urbes empieza a desdibujar las tradiciones gastronómicas. Todo se empieza a estandarizar y las cadenas cobran más fuerza».

Desde Slow Food Zaragoza trabajan por volver a educar el sentido del gusto tan manipulado por los intereses de la industria alimentaria. Pausar, respirar, no correr, saborear, y sentir la gastronomía como un acto placentero. Un granito más de arena que nos recuerda de vez en cuando que detener el reloj no es una pérdida de tiempo. Como expresa en su manifiesto la organización Slow Food España: «Contra la locura universal de la fast life, se hace necesario defender el tranquilo placer material. Proponemos como vacuna una adecuada porción de placeres sensuales asegurados, suministrados de tal modo que proporcionen un goce lento y prolongado».

Por Isabel Esteban

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