Una cita con el Microteatro en Casa

El pasado viernes 27 de mayo, con mis prisas ya crónicas, aceleré el paso para asistir puntual a mi cita en la calle Heroísmo. Al llegar a mi destino, sin saber muy bien por qué, salude con un tímido «Hola» a una pareja que estaba justo debajo de la placa de cerámica que indicaba que me encontraba en el lugar adecuado: «Calle Añón».


Heroismo

Las directrices a seguir eran las siguientes: estar diez minutos antes en la esquina de calle Heroísmo con calle Añón y máxima puntualidad.

Con sonrisa nerviosa incontrolable, un cosquilleo en el estómago empezó a movilizarme más de lo habitual. La verdad, no suelo tener este tipo de encuentros, pero unos amigos me lo habían recomendado, así que me lancé y decidí por fin tener una cita con el Microteatro en Casa.

Javier Ercilla, uno de los maestros de ceremonias y autor de los textos de las escenas, llegó puntual al encuentro para guiar nuestros indecisos pasos hacia la casa elegida como escenario de esta nueva edición de microteatro. Fuimos subiendo peldaños y con cada ascenso mis ganas por saber qué me esperaba iban en aumento hasta llegar a la puerta de un tercer piso.

De repente, como si me hubiera teletransportado, me encontré en un salón blanco con ocho sillas colocadas frente un sillón que se iba a convertir en las tablas de dos de las tres escenas de la noche: Frikis y malditos y El vecino.

Así daba comienzo una de las sesiones de Microteatro en Casa. Con realidad y verdad. Sin focos ni maquillaje. Como explica Javier Guzmán, director de esta iniciativa «no adaptamos el espacio para crear la ambientación teatral. Nuestras casas son casas de verdad, habitadas, y eso se nota. Es una especie de teatro dogma, teatro como la vida misma».

Javier Guzmán e Irene Alquezar

«Usamos obras realistas. Ese sería el nexo principal de todas nuestras escenas», comenta Javier Guzmán.

El chirrido de las bisagras de la puerta de entrada dio comienzo a la primera pieza de la sesión, Frikis y malditos —interpretada por Irene Alquézar y Javier Guzmán—, basada en una conversación sobre las metáforas de La Guerra de las Galaxias en el programa radiofónico Julia en la Onda. Desde ese momento, resultó complicado distinguir lo real y lo irreal. Al instante eres un intruso que se encuentra en una conversación primeriza de una pareja. Los actores sin salirse de su papel, consiguieron que los espectadores nos quedáramos pegados a una pantalla invisible que iluminaba nuestros rostros. Entre papadas de Darth Vader, frikis de Star Wars y Dune de Frank Herbet empezaba a sentir unas ganas irrefrenables de romper la cuarta pared para ser una más de la conversación y reír, sentir, odiar y desear con ellos.

Después de unos 15 minutos se cerraba la primera escena con el mismo chirrido de bisagras que anunciaba su comienzo. Nos trasladamos al dormitorio para asistir a la segunda pieza: Línea Ardiente. Una cama, dos actores y ocho personas de pie alrededor del lecho. Ojos, respiración, risa y nudo en la garganta. La tensión de una escena de sexo y soledad se hizo añicos con los plausos del público.

Fran Martínez en la segunda escena de la edición.

El actor Fran Martínez interpretó la pieza sobre una cama real y bajo la atenta mirada de un público que se encontraba a escasos centímetros.

Vuelta al salón para sentarnos alrededor del sillón y ver El vecino, la tercera y última de las tres escenas que se representaron el pasado viernes 27 en esta edición del mes de mayo.

En este punto ya sentía la casa menos extraña, al público más cercano y casi como vecinos a los actores. No sé si será por el realismo de sus obras, el humor, una interpretación nada sobreactuada o la integración del espectador en el escenario, el hecho es que mientras estaba en mi primera cita con el Microteatro en Casa solo deseaba tener una segunda que me llevara a una tercera y así sucesivamente.

Con los úlitmos aplausos se daba pie al momento de las preguntas y felicitaciones. Al terminar, había un tiempo dedicado para tomar algo mientras se generaba un pequeño coloquio en el que se intercambiaban impresiones de esta iniciativa que, como explicaba Javier Guzmán, surgió del grupo de teatro de Los Mancusos cuando volvían de un bolo, «la idea de hacer teatro en casas particulares como hacían en Argentina durante la dictadura debido a la censura».

Dwstacado microteatro

«Está funcionando genial, con llenos totales en todas las ediciones. No nos lo esperábamos», afirma el director de la iniciativa.

Un ejemplo real que confirma que el pulso teatral de la ciudad late fuerte. Un marco en el que el teatro posdramático se manifiesta por calles, solares o casas, haciendo que sean  lugares perfectos en los que vivirlo. Las distancias se acortan y el público se sitúa de una forma diferente a ese teatro a la italiana de patio de butacas. Como en una pantalla de cine se ven los detalles, miradas y gestos mientras que al mismo tiempo se mantiene la esencia del teatro: un momento único, irrepetible, efímero e inmediato.

La edición acabó cuando bajé el último peldaño y empecé a recordar sus palabras, movimientos, silencios y espacios. Deshice el camino andando, desaparecieron las prisas y ahora solo quedaba planear mi próxima cita con el Microteatro en Casa.

 

Por Isabel Esteban

 

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