Abrazar el Ebro

¿Tú también tienes a ese amigo de toda la vida que siempre ha estado ahí, pero que en ocasiones sientes lejano debido al paso del tiempo o la distancia? Está claro que lo quieres, pero, sumergidos bajo la rutina, vamos perdiendo día a día la oportunidad de darle un buen achuchón.


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ebroNAUTAS surgió en 2005 como empresa spin-off de la Universidad de Zaragoza. Foto: ebroNAUTAS.

En esos momentos de reflexión propios del mes de septiembre, decidí reencontrarme con una de esas valiosas amistades. Llevada por una corriente natural, desemboqué en él, permítanme que les presente: se llama Ebro. Es el río más caudaloso de España, el segundo más largo por detrás del Tajo y una de las más poderosas avenidas de la capital aragonesa.

Quizá no responde a la definición estándar de amistad pero, ¿acaso en Zaragoza no sentimos una afinidad y conexión especial hacia él? El río Ebro baña nuestra ciudad desde que nace en Fontibre (Cantabria), a su paso da de beber a parte de la industria y agricultura de la capital y, sobre sus aguas, se ven reflejadas las estampas más bonitas de la ciudad. Estas son algunas de las razones por las que empezar a quererle como se merece, con sus crecidas y bajadas, su caudal irregular, su cuenca, delta y meandros.

Retomar este tipo de amistades requiere de cierta ayuda y encontrarla fue muy sencillo gracias al equipo de ebroNAUTAS. Oscar Alamán, uno de los miembros de esta empresa, nos explica su origen: «Surgió como la inquietud de un grupo de geólogos por mostrar el encanto de nuestros ríos de la mejor manera posible, navegándolos». Como añade Oscar, su objetivo estaba claro, «divulgar las características de los ríos a través del disfrute fluvial y, de este modo, conseguir una mejor preservación de este patrimonio natural y cultural». Y así, de la mano de ebroNAUTAS, me lancé segura a abrazar al río con la actividad «Los Puentes de Zaragoza: Redescubre la Capital del Ebro».

Todo comenzó en el Parque del Agua, los nervios en el estómago de quien se reencuentra con un viejo compañero se hacían evidentes en el ambiente. ¿Irá bien?, ¿habrá silencios incómodos? Desde el primer momento estas dudas se disiparon gracias a la cercanía y confianza que transmitían los ebroNAUTAS. Parece que no era la única en querer navegar, ya que junto a mí había un grupo de unas 25 personas que, a golpe de pala, estaban dispuestas a fluir por su suave corriente.

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Cada año ha ido creciendo el número de participantes que se lanzan a navegar por el río. Foto: ebroNAUTAS.

Eran las 20 horas y, desde el instante en el que «nos bautizamos» en sus aguas, todas las horas se convirtieron en la hora mágica. A partir de ahí, entré en una especie de flashback en el que solo puedo recordar una sucesión de imágenes y sensaciones que desearía fueran eternas.

Los arcos del puente de Piedra dibujaban círculos perfectos al reflejarse sobre el agua. Todos los participantes, como si hubiéramos quedado hechizados bajo un mismo embrujo, guardamos silencio al pasar por el Pilar. En ese momento tan solo las algas parecían hablar, se podía escuchar su murmullo constante al rozar contra las embarcaciones.

Al volver la vista se admiraba la belleza de las aguas que dejábamos atrás, esas mismas en las que se bañaban los zaragozanos en los años sesenta. Vimos atardecer resguardados por la frondosa ribera y sentimos un cosquilleo al revivir la leyenda del pozo de San Lázaro mientras flotábamos sobre su epicentro.

Y así, con un silencio mágico, navegamos en piragua desde el Parque del Agua hasta Vadorrey, pasando bajo ocho puentes —puente del Milenio, pabellón Puente, pasarela del Voluntariado, puente de la Almozara, puente de Santiago, puente de Piedra, puente de Hierro y puente de las Fuentes—.

Al atravesar la última pasarela y después de conocer algunas de las historias que albergan sus cristalinas aguas, solo queda desear perderse en esta tranquila y majestuosa avenida natural. Viajar, sumergirse, dejarse llevar por su delicada corriente, conocer con él paisajes desconocidos. ¡Abro los brazos para reunirme contigo otra vez, querido Ebro!

Parece que Oscar tenía razón al decir que una de las mejores cosas para todo el equipo, compuesto por Paola Rubio, Javier Fuentes, Néstor Jiménez, es «observar el cambio trascendental que sufre una persona cuando navega por primera vez por el río y la vinculación afectiva que este viaje genera hacia el río en el navegante». Gracias a iniciativas como esta, la ciudadanía puede reencontrarse con el río y quizás en un futuro, como afirma Oscar, «nos llevará a disfrutar como antaño, si no mejor, de nuestros cauces fluviales».

 

Por Isabel Esteban Ríos

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