¿Eres tú?, ¿soy yo? Miguel Noguera

Era la mañana del domingo 25 de septiembre, mis pasos se dirigían al Hotel Avenida con el objetivo firme de entrevistar a Miguel Noguera (Las Palmas de Gran Canaria, 1979). Durante el trayecto, mi mente se activó con una especie de mecanismo neurótico que generaba un análisis obsesivo de cada uno de mis movimientos; hasta el elemento más simple era motivo de examen.


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Noguera ha publicado los siguientes libros: Ser madre hoy, Ultraviolencia, Hervir un oso, La vieja tigresa o el erotismo en la senectud, Mejor que vivir y La Muerte del Piyayo.

Después de un paseo repleto de ideas arbitrarias cristalizadas en chiste, respiré diez veces antes de entrar con mi cara de póker al hotel. En su hall estaba sentado el dibujante, escritor y «humorista preferido de doña Leticia», según el diario ABC, Miguel Noguera, que había venido a la ciudad para representar un doble Ultrashow, un delirante y ocurrente espectáculo en el que el artista, como afirmó Nacho Vigalondo, «roza con la punta de los dedos los límites expresivos de lo gracioso».

Entre un pequeño portátil, dos mochilas con la cremallera abierta y una cámara GoPro, un amable Noguera me daba la bienvenida. Antes de comenzar la entrevista debía aclarara algún asunto. Para intentar no caer en tópicos ni pretensiones humorísticas, decidí esconder mi cabeza bajo tierra como un avestruz y evité desempeñar la labor de investigación periodística para dejar que fueran otros los que hicieran las preguntas por mí. Pero, ¿quién podría tener una dialéctica equiparable a Noguera? La respuesta apareció como una figura luminosa: ¡Pimpinela!

Así que, sin pensar mucho en las consecuencias, le trasladé esta idea al entrevistado. «¿Preguntas de Pimpinela en general? Pues mira, justo ayer vi un cartel suyo y le hice una foto», dijo él al instante. Parece que la cosa podía funcionar. Antes de empezar la conversación, Noguera se levantó y me enseñó la foto del dúo musical argentino desde la pantalla de su dispositivo móvil.

Pimpinela_cartel

Cartel del dúo musical argentino formado por los hermanos Lucía y Joaquín Galán.

«Me fijé en que el cantante se presenta bajo distintas máscaras. ¡Incuso hay una en la que lleva una redecilla en la cabeza! No sabía muy bien qué quería significar. “Soy el hombre de las mil caras: me pongo serio, me pongo intelectual, me pongo de tipo duro”. Con Pimpinela hay una especie de inversión, normalmente se dice que ante hermanos incestuosos hay algo que se ha roto, una perturbación del orden natural, pero en este caso, la gente los quiere juntos, desean que vencieran esa resistencia de la sangre y por fin se dieran cuenta de su amor. Bueno, centrémonos en la entrevista», comenta con un gesto simpático.

¿Quién es (Miguel Noguera)?

¿Se supone que tengo que hacer esa cosa tan asquerosa de responder en tercera persona?

Yo tiendo a pensar de mí mismo o pensar a mí mismo en los últimos años, dado que he podido dedicarme al Ultrashow y vivir de él. Puedo decirle a la gente que estoy en un teatro. Esto lo vivo como un estado de excepción y un privilegio, siempre pienso que volveré al fango del que partí.

¿Qué vienes a buscar?

Está claro, a Zaragoza vengo a actuar. Pero, en el fondo, la intención es superar toda la angustia que yo pueda tener antes de una actuación, el miedo a que algo salga mal o a que no alcance ese nivel delirante. Lo que vengo a buscar es que la gente disfrute con el show.

¿Y ahora qué vas a hacer?

Ahora mismo voy a comer y ya está. A largo plazo, mi intención es continuar en este punto hasta la jubilación. Me gustaría tener un gran archivo de libros publicados y de Ultrashows grabados. Hay ampliaciones del formato —como podcasts y pizarras—, pero siempre dentro de esta cosa precaria, sencilla e inmediata de escribir, dibujar y hablar. Si me vinieran con un papel en el que me garantizaran que iba a seguir haciendo esto, sin crisis internas de «esto no tiene sentido», firmaría sin duda esta especie de funcionariado artístico extraño. Estoy en este punto de continuidad absoluta, me da igual lo que me pueda perder.

Uffff, no sé por dónde coger estas preguntas. En mi cabeza tenían más sentido.

¿Las preguntas de Pimpinela te están decepcionando? Claro, ellos mismos no concibieron su obra como una entrevista a Miguel Noguera. ¿Te imaginas?: «Él no había nacido pero las preguntas ya estaban ahí».

¿Qué lugar ocupo hoy?

¡Guau, menuda introspección! Se podría cuestionar porque en mí existe la dicotomía del «loco». Es decir, ¿hasta qué punto soy una especie de Cañita Brava autoconsciente? Una persona que no es consiente del patetismo que emana y eso es precisamente lo que la gente ama de él. «¡Mira el tío cómo está emocionado con sus dos cucharas!». Pero imagínate que, de repente, él baja del escenario y empieza a hablar normal, sin esa colocación nasal. Incluso los músculos relajados de su cara, casi muertos, se vigorizan, convirtiéndose en una cara normal con un cuerpo casi atlético. Y explicara: «Bueno, a mí me gusta plantear esta estética rota porque es muy expresiva. Yo soy un artista conceptual». En el momento en el que sea autoconsciente, se rompería todo.

En mi caso está también ese juego. La gente piensa «Este tipo tiene un material cada vez es más vergonzoso, cada día es más adulto y sigue ahondando en cosas que no tienen ningún interés ni valor, pero él sigue obsesionado con eso, a la vez lo dice y eso genera valor estético». Hay chavales que conectan con lo que hago, pero no sé si se ríen de mí y prefiero no saberlo. Luego está la parte de genio. Ves como te has dejado llevar por una proyección, hay infinidad de personas mucho más finas, inteligente y graciosas que yo, lo mío es muy tosco. Cuando entronizan esto fuera de toda medida te hace sospechar que estén proyectando algo sobre mí figura que puede que no ocurra.

¿Quién se queda? ¿Quién se va?

Nunca me habían hecho esta pregunta, es un rollo de entrenador. Se puede aplicar un poco a quién permanece y quién se ve obligado a buscar un trabajo u otra cosa.

Es exactamente por dónde quería ir.

Hay para quien su único objetivo es conseguir seguidores, yo tengo la suerte de no tener esa motivación ni interés. En las redes suele haber muchísimo entusiasmo. Si no tienes ese espíritu, hay que encontrar una voz propia promocional, como mi tono casi obsceno de «necesito dinero, pagadme». Cada uno busca su forma de promocionarse. Me he ido mucho del quién se queda y quién se va, ¿no?

Cartel_Miguel_Noguera

El Ultrashow de Miguel Noguera es un clásico de Mundo Idiota Zaragoza, ciclo que ofrece actuaciones de música y monólogos alternativos con el humor como componente principal.

Dejando a un lado a Pimpinela, ¿existe alguna diferencia entre Miguel Noguera dentro y fuera del escenario?

En el Ultrashow cada vez soy más histriónico y teatral. Es el sentido que tiene, por eso lo hago en teatros con oscuridad total, un punto de luz y el público sentado cómodamente. Si lo hiciera en un bar me sentiría ridículo porque sobreactúo mucho todo, cada vez me alejo más de la normalidad.

Mucha gente cree que al salir me drogo y propicio situaciones absurdas y soy lo opuesto, soy tímido y un muermo, sin iniciativa de ningún tipo. No tengo ningún interés más allá de cumplir una rutina de forma casi enfermiza. Cualquier persona que convive conmigo acaba cansada de esta resistencia a la novedad.

En ocasiones, la gente tiende a buscar una interpretación lógica o una trascendencia de tus ilustraciones, ¿ha sido este tu objetivo en algún momento?

Muchas veces son escenas muy toscas. Personas con un humor más tradicional pueden sentirse engañadas. Se acaba convirtiendo en algo intelectual precisamente porque no hay nada. No hay un valor, artesanía, ingenio o intelectualización. Se tiende a interpretar como algo crítico precisamente porque no se puede interpretar.

Es cierto que hay gente que intenta buscarle vueltas y no las tiene. Siempre deja como una especie de insatisfacción. Si te lo presentan como el «gran algo» es decepcionante, hay que ver un enjambre de ilustraciones, no una mirada concreta.

¿Siempre has tenido este tipo de humor?

Siempre he tenido esa mirada hacia el momento presente, la fijación en detalles o fantasías sobre una realidad presente. Eso siempre ha estado ahí, pero igual nunca había insistido tanto, ahora tengo espacio y tiempo para recrearme. Al recibir muestras de confianza hace que actúe de una forma más desinhibida.

¿Se podría categorizar de alguna manera a tu público?

La mayoría son más jóvenes que yo, no sé si es bueno o malo. Nunca sabes si perdurará para siempre ese interés. Luego hay gente de mi edad, muchas personas del mundo audiovisual o las artes gráficas. También hay gente muy dispar, gente vieja, alguien que de repente conecta con lo que haces.

En este punto, la conversación volvió a diluirse entre los versos de Pimpinela. «¡No he escuchado todas sus letras pero imagino que habrá cosas muy locas!», añadía Noguera. Parece que había que ir cerrando la entrevista antes de entrar en otro de sus ocurrentes bucles. Intenté mantener durante toda la conversación mi cara de póker, aunque he de confesar que no pude aguantar más allá de la primera pregunta. No eres tú Miguel Noguera, soy yo, que tengo la risa tonta. Bueno sí, eres tú.

 

Por Isabel Esteban Ríos

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