Café con Javier Fajarnés Durán

Un café con Javier Fajarnés Durán (Zaragoza,1997) engancha, activa e invita a soñar. Tenemos el placer de presentar a este jovencísimo poeta de sorprendente madurez literaria. Sus creaciones han pasado de la memoria de su ordenador a la tinta y al papel con Alud (Pregunta Ediciones, 2016), su primer libro. Pero además, Javier Fajarnés es estudiante de 2.º de Comunicación Audiovisual en la Universidad San Jorge y colaborador de es_Cultura. El próximo martes 29 de noviembre, presentará su poemario, editado por Pregunta Ediciones, en Fnac Plaza España a las 20 h.

Su mirada clara y atenta refleja un espíritu crítico e insaciable. Él, curioso y observador, se pregunta siempre el porqué de la realidad y se sumerge en la búsqueda de respuestas a través de sus versos. En su lírica afloran constantemente potentes imágenes, inquietudes e interrogantes. Sin más dilación, les invitamos a sumergirse en la poesía de Javier Fajarnés Durán.


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«Ojalá naciéramos sin párpados, para no sufrir jamás ese instante de sombra», fragmento de un poema publicado en Alud.

Mañana, martes 29, presentarás tu primer libro, ¿cómo ha surgido este proyecto?

En un primer momento era como una nebulosa, un proyecto algo difuso que se fue formando poco a poco hasta llegar a ser un libro. Yo solía escribir una serie de poemas con regularidad pero nunca me imaginé que fuera a desencadenar en Alud

¿Qué se puede encontrar el lector al tener entre sus manos Alud?

En este poemario hay tres temas principales. Por un lado, el derrumbamiento de la realidad, lo que queda después de la avalancha y la reconstrucción de la misma. El segundo tema habla de las herencias animales, la cercanía que tenemos con ellos y cómo los animales nos pueden enseñar —la muestra de cómo nos hemos deshumanizado o desanimalizado, todo esto relacionado con la ciudad—. Es un poemario bastante urbano. Por último, también trato el tema del desprendimiento del cuerpo y cómo inevitablemente llega a su fin, quedando solo las ruinas.

Llama la atención ver cómo un chico de tan solo 18 años tiene un poemario publicado. 

Yo solía subir y publicar poemas esporádicamente en redes sociales —Facebook principalmente—. Estaba acostumbrado a escribir, pero mis creaciones se quedaban en la memoria de mi ordenador, no lo trasladaba a lectores ni al público. Durante esta época, empecé a asistir a recitales, a micros abiertos y a conocer a gente. Un día, estaba grabando por unas prácticas de Comunicación Audiovisual en un ciclo de poesía y música de La Aljafería —en el que recitaban poetas como Ángel Guinda y Ángel Petisme—, y después del recital, durante una cena, empecé a hablar con Reyes y David, mis actuales editores. Nos agregamos a Facebook, leyeron los poemas que tenía publicados. Me pidieron más, les envié el poemario que había escrito, les interesó y me propusieron la idea del libro.

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En la presentación del libro intervendrán el poeta, los editores y el traductor Daniel Arana.

¿En qué momento empezaste a interesarte más por la poesía?

Siempre he estado muy interesado por la escritura y escribía bastante, pero la verdad es que no tenía especial interés por la poesía, conocía lo que estudiaba en el colegio como todo el mundo. Nunca había tenido una vocación por ser poeta, pero imagino que, pasa un poco como en un alud, que puede parecer una tragedia, pero que al final es una forma de reconstruir la realidad y la visión que se tiene de ella. Al verla con esta perspectiva, me di cuenta de que la poesía tenía mucho que enseñarme. Un día cayó en mis manos Las flores del mal de Charles Baudelaire y, de repente, me empecé a interesar mucho más.

¿Cuáles son tus referentes en la poesía?

Me gusta mucho el grupo poético de los cincuenta, José Ángel Valente, Antonio Gamoneda, y también Zbigniew Herbert o Roberto Juarroz, aunque no me limito solo a la lectura de poesía. Hay que aprender de todo. Por ejemplo, en el libro hay alguna referencia de El guardián entre el centeno de J. D. Salinger que es una novela, no un poemario.

—¿Podrías comentar algo acerca de la escena poética local?

Creo que hay mucho movimiento y algunos eventos como Los Jueves Poesía de David Mayor o Poesía para Perdidos que merecen la pena.
—¿Sientes que hay una especie de «boom poético»?

Ángel Guinda dijo: «Cuando la moda está de moda, los clásicos son la resistencia». Creo que es una gran verdad. La poesía no se puede basar solo en subir, interpretar en un escenario y hacer reír. Corremos el peligro de que no haya una herencia poética de peso literario para otras generaciones. Es bueno que mueva a gente, pero yo me pregunto: ¿hasta qué punto eso es poesía?

—En alusión a tu último comentario, ¿cuál sería tu propia definición de poesía?

La poesía es una forma de dar sentido a tu entorno. Es penetrar en la materia de las cosas y contemplar el mundo desde su interior. No limitarse al reflejo, sino penetrar en la materia del espejo. Construcción y deconstrucción, no mera contemplación.

«Ojalá el mundo fuera todo blancura y no volvieran a dolerme los cuchillos de cristal», fragmento de un poema publicado en Alud.

«Ojalá el mundo fuera todo blancura y no volvieran a dolerme los cuchillos de cristal», fragmento de un poema publicado en Alud. Foto frente a la obra de Julia Dorado, «En blanco y en color» en Espacio en blanco USJ.

¿Has experimentado un cambio en tu forma de observar a raíz de interesarte más por la poesía?

Realmente no lo sé. Considero la poesía como un estado. Siempre me ha gustado preguntarme el porqué de las cosas pese a obtener o no una respuesta, pero no soy quién para determinar un cambio.

 

¿Qué libro recomendarías?

Últimamente estoy leyendo La ciudad leopardo de Subhro Bandopadhyay, un libro muy interesante de un autor increíble. Hace poco terminé Sylvia & Ted de David Aceituno. También recomendaría El libro del Frío de Antonio Gamoneda, la antología Entrada en materia de José Ángel Valente y Tres rosas amarillas de Raymond Carver.

 

Ya por último, con un libro a punto de ser presentado, ¿ves alguna nueva meta en el horizonte?

Me gustaría dedicarme a la escritura, pero eso no quiere decir que sea intrínsecamente a la poesía. Novela, artículos, no me pongo límites. La poesía es un canal para reconstruir la realidad y así poder comprenderla, pero no es el único canal. No tengo metas, de momento seguir escribiendo y cuando sea el momento de parar lo dejaré. Salvando las distancias, Arthur Rimbaud dejó de escribir muy joven. Creo que igual que el interés por la poseía aflora cuando tiene que aflorar, el interés marchita cuando tiene que marchitar.

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