¿Por qué muchas de las películas de los Globos de Oro todavía no se han estrenado en España?

Después de la ceremonia de los Globos de Oro, si uno no lleva el calendario actualizado de futuros estrenos en cartelera, es probable que se pregunte por qué no ha visto la gran mayoría de películas ganadoras y nominadas. Es más, quizá alguna le suene a chino. Esto se debe a que, como norma general, España es uno de los países a los que más tarde llegan las películas internacionales.

El retraso que tienen en llegar está entre uno y dos meses, si bien, es cierto que es altamente probable que alguno de los títulos favoritos haya tenido pase en festivales como el de San Sebastián o el de Gijón. Mientras que en EE. UU. y Canadá estas películas se estrenan entre noviembre y diciembre, con vistas a que el público las pueda ver antes de los propios Globos de Oro, en España se aprovecha el tirón mediático y el boca a boca producido por dichos premios para generar expectativas. Hasta ayer, miércoles 11 de enero, todavía perdura en los periódicos la resaca producida por los Globos de Oro.


La película que parece llevar la mejor estrategia respecto a su fecha estreno en España es la esperada La ciudad de las estrellas (La La Land). El segundo trabajo de Damien Chazelle (Whiplash) se hizo el pasado domingo con los siete Globos de Oro a los que aspiraba, consolidándose así como la gran favorita del año. Este musical tuvo un primer estreno limitado en Estados Unidos el 9 de diciembre. En Grecia y Argentina se puede ver desde el 22 de diciembre, y en Canadá, desde el día de Navidad. En España la podremos ver a partir del viernes 13 de enero, 5 días después de los mencionados Globos de Oro.

Fotograma de 'La ciudad de las estrellas (La La Land)'

Fotograma de La ciudad de las estrellas (La La Land)

Con este estreno se da un pistoletazo de salida a ocho semanas en los que se irán sucediendo, semana a semana, importantes estrenos en la cartelera española, colocadas como un rompecabezas. Entre ellos, estará la otra gran favorita de los premios estadounidenses, Moonlight (Barry Jenkins, 2016), la alemana Toni Erdmann (2016, Maren Ade), Loving (2016, Jeff Nichols) y Figuras ocultas (2016, Theodore Melfi) —que pueden dividir al público en su estreno el 20 de enero—, Manchester frente al mar (2016, Kenneth Lonergan), Jackie (2016, Pablo Larraín), Lion 2016, Garth Davis), Fences (2016, Denzel Washington) —en España se verá el mismo fin de semana que se celebren los Óscar—, o El caso Sloane (2016, John Madden) .—apartada para días después de los premios de la Academia de Hollywood—.

Recopilando todos estos datos y sucesos toca preguntarse, ¿qué motivos, agentes y decisiones influyen en este retraso de estrenos en nuestra cartelera? ¿Hasta qué punto es responsable el público, las distribuidoras y las exhibidoras de que haya gente que tire de plataformas ilegales para saciar su curiosidad y suprimir la espera?

En el caso de las películas en carreras de premios, es obvio que cuantos más premios y nominaciones consiga, mayor atención del público va a captar, aunque mayor va a ser el riesgo de que la piratería le coja la delantera, o de que el espectador opte por verla adquiriendo una copia por Internet, o viéndola en alguna plataforma de video on demand.

Este retraso, además, suele tener que ver con decisiones comerciales y territoriales tomadas por grandes empresas. En el caso concreto de los largometrajes encaminados a los Óscar, hay que tener en cuenta que buena parte de su público objetivo tiene una edad avanzada como para saber manejar con soltura las redes y hacerse con una copia ilegal. No le importará esperar una semana más a ver la película en la pantalla grande.

La 89ª Entrega de los Premios Óscar tendrá lugar la noche del 26 de febrero.

La 89.ª entrega de los Premios Óscar tendrá lugar la noche del 26 de febrero.

El año pasado, a estas alturas, unos hackers ya habían filtrado Los odiosos ocho (2015, Quentin Tarantino), y El renacido (2015, Alejandro González Iñárritu) sin que se hubiesen estrenado en España todavía. Poco a poco, de una forma o de otra, se filtraron todas las películas nominadas a los Óscar. Podemos estar de acuerdo en que el principal error comienza descargando ilegalmente el contenido, pero si el espectador demanda un contenido masivamente en un período anterior al estipulado, y se sabe que esto se repite año tras año, y parte de ese público pagaría por ver la película antes, ¿sigue siendo la descarga ilegal el principal problema, en este caso, de las películas americanas candidatas a los Óscar?

Una salida interesante a este problema sería generar una promoción tan potente como la de los Globos de Oro y la de los Premios Óscar ya desde los festivales y galas que primero acogen estos exitosos largometrajes.

Por ejemplo, los primeros aplausos a La La Land tuvieron lugar el 31 de agosto en el Festival de Venecia, y no fueron pocos y discretos. Críticos y asistentes al festival la alabaron, y distribuidoras y exhibidoras empezaron a comprar la cinta. Lo más seguro es que ni la mitad de los espectadores que van a pagar su entrada en los cines españoles sepa este dato. Si los medios de comunicación supieran dar luz a estos sucesos, que determinan los pasos que va a dar cada largometraje en su recorrido de galardones, las expectativas se originarían antes, y los espectadores potenciales conocerían de la existencia de estas películas varias semanas antes. Se anticiparía el seguimiento a las obras con anterioridad. El público mordería el anzuelo antes. Estamos hablando de películas multitudinarias, que en nuestro país cosechan fama a través de la palabra de los críticos y del boca a boca. Tienen una temática, un reparto y un estilo con un público fidelizado. Aunque esto supondría no diseñar una cartera de películas tan concreta como es la de las diez o quince películas que ahora mismo están en mayor auge.

En definitiva, todo esto se puede concluir referenciando al inseparable y mastodóntico modelo económico del que depende constantemente el cine, tanto para pervivir como para tomar decisiones. El auténtico fin ahora mismo no es la experiencia cinematográfica que se brinde al espectador, sino que se pague la entrada. De hecho, es probable que la taquilla española no sea un punto de referencia en cuanto a recaudación en taquilla en este tipo de producciones. No obstante, no debería señalarse al público y a sus artimañas de consumo como el principal responsable de todas las pérdidas o fracasos…

 

Por Adrián Martínez Moliné

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