¿Qué hace tan especial a «La La Land»?

Analizamos La La Land, el musical de moda y una de las películas llamadas a triunfar en la noche de los Óscar rubricando unas cuantas de sus históricas 14 nominaciones. La pregunta es obligada: ¿merece tanto bombo como el que se le está dando?

He de reconocer que nunca he sido un gran aficionado de los musicales. Por ello, La La Land tampoco me interesaba demasiado. Otra más, pensé. Otra de estas películas cargadas de nostalgia, llenas de reminiscencias del pasado de Hollywood para regocijo de la industria, de la academia de Hollywood, de la crítica y de algún que otro cinéfilo enamorado. Otra llamada a triunfar en los Óscar para acabar olvidada, años más tarde, al fondo de la cesta de gangas irresistibles de la Fnac. Y es que, bueno, tampoco me podéis culpar: ya hemos visto muchos musicales de este tipo, y además su título… Oh, Dios mío, ¿La La… qué? ¡No sabía que esta historia iba de un tartamudo que soñaba con cantar Jazz! Bromas aparte, os estaréis preguntando qué me hizo cambiar de opinión. La respuesta es sencilla: Damien Chazelle. La La Land está escrita y dirigida por el puto Damien Sayre Chazelle, autor de mi película favorita de 2014: Whiplash.

Aquí lo tenéis, Damien Chazelle, que con sus 32 años recién cumplidos podría convertirse el próximo 26 de febrero en el director más joven de la historia en conseguir un Oscar. Se dice pronto.

Aquí lo tenéis, Damien Chazelle, que con sus 32 años recién cumplidos podría convertirse el próximo 26 de febrero en el director más joven de la historia en conseguir un óscar. Se dice pronto.

Lógicamente, esto cambió completamente mi percepción de La La Land —aunque su título me siga pareciendo ridículo—, ya no solo porque detrás de ella esté una persona a la que tanto admiro, sino por lo que ello implica: garantiza solidez narrativa, una historia donde los números musicales no resulten impostados y sirvan para algo más aparte de dejarte con cara de wow. Pero si hablamos de flipar en colores, no podemos olvidarnos del montaje de Whiplash. Oh là là. Pocas películas he visto que controlen tan bien el sentido del ritmo como esa. Un valor que Chazelle confirma que sigue dominando a la perfección en La La Land. Ahora que me paro a pensarlo, la verdad es que no se me ocurriría nadie mejor que él para dirigir un musical. Y eso, incluso para mí, que no soy un aficionado al género, me subió el hype era motivo suficiente como para sumergirme en esta ciudad de las estrellas.

La La Land funciona bajo la archiconocida premisa «chico conoce chica» (en este caso, «chica conoce chico»), aunque si vamos levantando sus capas narrativas veremos que va de otra cosa. Me explico: vale, en su plano superficial la cinta sí que se centra en el coqueteo —bastante original, por cierto— entre los protagonistas y en hacer avanzar, a base de pulsos dramáticos y números musicales, la relación de Mia (Ema Stone) con Sebastian (Ryan Gosling). Y la verdad es que todo ese camino es bonito: la química entre ambos es vibrante, las canciones encajan bien (¡vaya coreografías!) e incluso la estética parece brillar por y para ellos. ¡La ambientación está sacada de otra época, aunque todo transcurra en la actualidad! No en vano, la ciudad que se nos muestra es reflejo directo de los sueños y aspiraciones de los protagonistas, con tintes reales que rompen con la magia solo cuando la historia lo pide. Es esa capacidad para saber evocar otra época —inspirándose de clásicos como Cantando bajo la lluvia— de forma natural lo que eleva exponencialmente el valor artístico de la película. Pero volvamos a eso más adelante. Por ahora centrémonos en el que, desde mi punto de vista, es realmente el hilo conductor de esta película: el peaje a pagar por cumplir tus sueños.

Estos dos son unos soñadores. Y me encanta. Creo que la imagen lo deja clarísimo, así que sobran las palabras.

Estos dos son unos soñadores. Y me encanta. Creo que la imagen lo deja clarísimo, así que sobran las palabras.

Básicamente, La La Land va de cómo la carrera por alcanzar el éxito de Mia y Sebastian entra en conflicto con la vida que estos quieren compartir juntos. En ese sentido recuerda mucho a Whiplash, con la que La La Land comparte algún que otro detalle, como el jazz por ejemplo, que está muy presente en ambas cintas, en la primera como un protagonista más, y en la que hoy nos ocupa como un rasgo importantísimo a la hora de definir y marcar la evolución del personaje interpretado por Ryan Gosling (que, por cierto, me parece un clarísimo alter ego de Chazelle, ¡y me encanta!). Es precisamente en el papel que se le da al jazz en La La Land donde encontramos una de las claves que dota de coherencia interna a sus dimensiones narrativa y estética. Y es que, volviendo a lo que comentábamos antes sobre la ambientación de La La Land, esa representación ficticia (idealizada si quieres) que vemos en ella de la actualidad, se ve totalmente identificada con la evolución del jazz a lo largo del tiempo. Sebastian añora el jazz que existía en el pasado y lucha por recuperarlo para que no acabe muerto como anécdota en los libros de historia, de la misma manera que, artísticamente, el universo de La La Land trata de abrirse paso en nuestro mundo moderno, luchando, al igual que Sebastian y Mia, por no ser esa estrella fugaz perecedera, sino ese sol que haga que, por fin, sus sueños se cumplan y sean eternos.

Ya sabes, si quieres llevarte bien con Sebastian hazte un favor y empieza a escuchar Jazz. Conmigo se llevaría bien, lo escucho en la intimidad de vez en cuando, especialmente la BSO de Whiplash, que te recomiendo desde ya.

Ya sabes, si quieres llevarte bien con Sebastian hazte un favor y empieza a escuchar jazz. Conmigo se llevaría bien, lo escucho en la intimidad de vez en cuando, especialmente la BSO de Whiplash, que te recomiendo desde ya.

Todo eso suena muy bonito, pero para que un sueño se haga realidad, además de suerte, es necesario constancia: venir realizando, en definitiva, un esfuerzo tremendo por avanzar en un camino que, al igual que en la vida real no nos engañemos, aquí también está lleno de piedras. A priori uno podría pensar que La La Land, al transcurrir en esa ciudad de las estrellas, daría facilidad para que sus intrépidos habitantes cumpliesen sus sueños con la rapidez de un chasquido; pero no, esto no es Disney, amigos. No estamos ante ese tipo de fantasía, aunque la ambientación juegue con ese elemento y parezca estar sacada de la puerta 32 de El Ministerio del Tiempo (no la busquéis, que me la acabo de inventar). Y hablando de puertas, por una de esas que llevan al Ministerio del 2014 se acaba de colar Whiplash pidiendo a gritos que la mencione de nuevo. Pero no, espera, ya había comentado todo lo que necesitaba decir sobre ella. ¿Qué?, ¿qué Chazelle se va a cabrear si no la menciono más? Ups. En ese caso, no me quedará más remedio que improvisar como en el jazz… ¡Ya sé! ¡Tengo la comparación perfecta entre ambas películas! Si Whiplash nos planteaba métodos de enseñanza de dudosa moral (nunca digas buen trabajo), pero tremendamente eficaces, para hundir a su protagonista y llevarle al olimpo musical, La La Land plantea esa misma carrera al éxito, pero desde otro prisma: uno más centrado en explorar los sacrificios que hay que realizar para llegar a ser alguien, ese que tanto anhelas ser (creativa o profesionalmente). Sacrificios que, en ocasiones, pueden hacerte tocar el cielo, pero también dejarte con un vacío enorme en el corazón. Y ahí es donde reside la jodida grandeza de La La Land. No está en sus actores, ni en sus canciones, y tampoco en su dirección artística o su interesante cuanto menos secuencia inicial. Está en esa paradoja. Una que, de alguna u otra forma, todos hemos experimentado alguna vez.

Y ya está. Creo que cuando una película consigue sacudirte los cimientos de tu vida, invitándote a la reflexión y mostrándote dos pastillas a lo Morfeo en Matrix, pero sin decirte cuál de ellas debes tomar, lo demás importa poco. No será igual para todos. Pero para mí es transcendental.

Seguiré persiguiendo sueños.

La-La-Land-Banner

 

Por Juan López Moreno.

Un comentario de “¿Qué hace tan especial a «La La Land»?

  1. Impresionante crítica. No puedo estar tan de acuerdo con lo que planteas. !Viva el jazz, la improvisación, la vida y los dilemas a los que somos sometidos! ¡Eso significa que estamos emocionalmente vivos!

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