David López: «El lector español de cómics tiene mucho donde elegir y muy bueno»

Ayer arrancó Zaracómic, una semana en la que editoriales, tiendas y librerías unen esfuerzos para aumentar la visibilidad del cómic en Zaragoza, y contribuir al reconocimiento de figuras profesionales locales dedicadas a la creación y difusión del noveno arte. Una de las charlas programadas para esta segunda edición es la que impartirá el historietista David López el próximo viernes 10 de marzo a las 19:30 en El Armadillo Ilustrado, y que versará sobre su proceso de trabajo.

Y, con esta excusa, no quisimos perder la oportunidad de poder hablar con él. Optimista, crítico y afable, David López se desenvolvió en nuestra conversación con la misma facilidad con la que entraba en el mundo de su hija de 2 años y medio, que le acompañaba. Inquieta y luminosa, irrumpía en nuestro diálogo para ofrecernos un suculento menú invisible, que solo parecía ver ella: guisantes, pollo al chocolate, cerezas y una tarta en forma de corazón. Menos mal que no fui merendado a la cita.


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David López, artista del cómic nacido en Las Palmas de Gran Canaria y afincado en Zaragoza, tiene una experiencia que se extiende a lo largo de veinte años de trabajo.

Al escuchar que alguien trabaja para Marvel, nos imaginamos a una persona haciendo su vida fuera, en Estados Unidos. Sin embargo, en tu caso no es así. ¿Cómo desarrollas tu trabajo a distancia?

En el año 2000, cuando empecé, era un poco más complicado, pero aún así, la facilidad que tuvimos los que empezamos a trabajar en «los dosmiles» fue que la banda ancha hacía que se pudieran enviar y recibir archivos de alta resolución a Estados Unidos. Los servicios de mensajería no tardaban tanto, no había que usar fax… Ahora, la distancia o el lugar donde vives ya no es un problema. En el último tebeo que saqué en Estados Unidos trabajábamos en cuatro zonas horarias distintas. El escritor estaba en Australia, los dibujantes en España, los editores en Nueva York y el colorista en Canadá. Cuando el colorista empezaba su jornada laboral, el guionista estaba durmiendo, y los dibujantes estábamos cerrando. El cambio cultural, aprender cómo es otra cultura, entender sus porqués… a eso puede costar un poquito más hacerse. En mi caso, la globalización me ha venido muy bien. Me ha permitido vivir de mi trabajo.

¿Te consideras dibujante, guionista o historietista?

Cuando trabajo en Estados Unidos soy dibujante. Para hacer interiores de un cómic: me envían un guion, lo transformo en lenguaje de cómic, y lo mando en blanco y negro para que otra persona lo coloree. Dado que es prensa mensual, las fechas de entrega son muy apretadas, y las posibilidades técnicas han hecho que uno vaya todavía más apretado. Para las portadas el color lo hago yo digitalmente. En el caso de mis cómics para España, escribo, dibujo, rotulo… lo hago todo.

Mi primer cómic en España, Espiral, se publicó en 1998 en la editorial La Cúpula. Después empecé a trabajar para el mercado americano, pero ahí ya no escribía, solo era dibujante. En EE. UU. cada persona hace una labor única, específica.

¿Cómo fue tu salto de Espiral al mercado estadounidense?

Empecé haciendo cómics para mí. Los fotocopié, los compartí con gente y, cuando me di cuenta, tenía un fanzine de fotocopias. Luego, con otra gente, hacía un fanzine con impresión normal y corriente. Después empecé a publicar semiprofesionalmente, me pagaban por publicar pero no lo suficente para ganarme la vida. Al tiempo, empecé a tener unos trabajos un poco más decentes de dibujante de cómic. Y, a partir de ahí, empecé a trabajar para Estados Unidos. Tuve la suerte de profesionalizarme bastante pronto, desde los 25 años dedico el cien por cien de mi tiempo de trabajo al cómic.

¿Cómo definirías al lector de cómics español?

Creo que es muy exigente. Tiene acceso tanto a cómic impreso, con una variedad increíble, como al digital, donde puede llegar al cómic de todo el mundo. Con saber inglés, puedes tener el Marvel Unlimited que te permite ver, igual que a un señor de Minnesota, todos los cómics que saca Marvel. Y culturalmente, desde la destrucción del tejido industrial del cómic español, a finales de los ochenta, se ha importado mucho cómic desde el exterior, lo que ha dado pie a que los autores de cómic español tengan una formación muy rica. Nos hemos nutrido de cómics de todo el mundo. Creo que, en manga, con respecto a EE. UU., las publicaciones salen antes aquí, con fechas muy cercanas a Francia, que es una gran superpotencia. El lector español tiene mucho donde elegir y muy bueno. Dentro de los formatos, Internet y las redes sociales hacen que el contenido de cómic, la tira humorística y la ilustración con bocadillos funcionen muy bien. Hay muchísima gente que está haciendo cosas interesantísimas: Ana Belén Rivero, Moderna de Pueblo, Ana Oncina

All New Wolverine

All New Wolverine es el trabajo más reciente de David López en Estados Unidos y ha sido, de lejos, el más exitoso a nivel de público, crítica y ventas.

¿Estamos viviendo un exceso de aculturación?

Tengo la sensación de que en España estamos perdiendo nuestra identidad cultural. Estamos consumiendo productos que vienen de todas partes, menos los nuestros. Es decir, hacemos boicot a películas españolas. ¡Pero qué tontos somos! (risas). Nos están contando historias de otra gente que no somos nosotros. Bajo a la calle, y la realidad que veo no es la de Massachusetts, Nueva York, o Iowa. Estamos sufriendo disonancias cognitivas. Lo que nos dice la televisión y los medios, y lo que captan nuestros sentidos es diferente. Nos cuentan historias de otra gente que no somos nosotros, que no nos representan. De lo que he visto últimamente, la ficción que más se parece a quiénes somos es Aquí no hay quien viva. El mejor retrato de la crisis, de todas nuestras miserias como cultura es esta serie. Es escalofriante porque es un espejo deformado, pero no es tan distante a quienés somos al final del día. A mí eso me llega más, porque son referentes que entiendo, me están representando.

¿Cómo ves las adaptaciones de los cómics de Marvel y DC al cine?

Creo que Marvel dio con la tecla cuando hizo Iron Man, y vio que su manera de contarlo era creando aventuras para un público más familiar con un toquecito de humor. En DC, en cambio, son más oscuros y así se diferencian. En Fox, que tienen a X-Men, cuando hicieron First Class encontraron su manera de hacer, y han seguido ahondando en ello. Y solo nos queda que acierten con Los 4 Fantásticos, que estoy harto de películas malas (risas).

¿Marvel también tiene un público de edad bastante amplia?

Sí, pero se da una paradoja. Ahora no sé si tiene línea de adultos. En tiempos, Marvel era absolutamente diverso, y el cómic de superhéroes era la parte residual; tenía cómic bélico, de western, de amor… Pero, con el tiempo, el cómic que más se ha mantenido ha sido el de superhéroes, y Marvel se ha especializado en ello. Quitando alguna cosa muy puntual para lectores adultos, actualmente casi todo el cómic de Marvel va destinado a que lo pueda leer un niño y un adulto. Eso lo hace un poco complicado de llevar, ha de soportar el lastre de que los personajes no pueden cambiar demasiado.

Después de trabajar para el mercado estadounidense todos estos años, estás a punto de lanzar Black Hand Iron Head, ¿has tenido la necesidad de embarcarte en otros proyectos, más pequeños o personales, con el fin de reciclarte o de salir de cierta rutina?

Exacto, es el caso de Black Hand Iron Head. Después de trabajar un tiempo para EE. UU., técnicamente, el aprendizaje se ralentiza, y puedes desmotivarte. Y si te desmotivas en un trabajo artístico, este ya no tiene ningún sentido, pues requiere mucho sacrificio y energía. El último cómic que he hecho en Estados Unidos ha sido, de lejos, el más exitoso a nivel de público, crítica y ventas, All New Wolverine. Ahora sacan la película, y en ella hay escenas en las que he pensado: «Esto se parece a lo que he hecho yo». Llegados a ese punto, te planteas la necesidad de reciclarte. Cuando lo explico, la gente me dice: «Tío, ahora estabas en lo mejor, ¿por qué lo dejas?». Precisamente por eso. Para no dormirme en los laureles. Después de tanto tiempo trabajando con los mejores escritores de guion para cómic que hay en Occidente —los que trabajan para cómics de superhéroes—, he aprendido un montón de cosas, y he sentido la necesidad de hacer algo propio.

Por otro lado, no es lo mismo que cuando hacía cosas para mí, con 20 años. Con este proyecto me he planteado algo de manera profesional. Pero bueno, sea económicamente viable o no, yo ya he ganado. He aprendido mucho. Además, cuento con el respaldo de tener una posición en Marvel, que me permite hacer solo portadas durante dos años y reducir la carga de trabajo. Esto posiblita que pueda correr el riesgo de probar algo nuevo. Y, sobre todo, he podido trabajar mientras veía crecer a mi hija.

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Del 7 al 12 de marzo, Zaragoza se va a envolver de exposiciones, talleres, presentaciones, podcasts en vivo, firmas, master class, tertulias, batallas de dibujantes y charlas sobre el mundo del tebeo.

¿Cuándo podremos disfrutar de tu nuevo proyecto?

El primer número debería salir entre finales de marzo y principios de abril. La ventaja que tiene es que, al ser digital, se pueden cambiar las fechas sin ningún problema. Cuando esté listo, saldrá. Después, los números cortos saldrán a los dos meses, y los números largos tardarán un poco más. La idea es acabar a final de año, constará de dos números largos —el primero y el último—, y tres normales.

¿Qué te parece la iniciativa Zaracómic? ¿Consideras que Zaragoza se está convirtiendo en un referente nacional en cómic?

El Salón del Cómic de Zaragoza, cuando empezó, era un evento muy local, y ahora se ha hecho muy importante a nivel nacional. Con Zaracómic, disponemos de una semana en la que podemos hacer exposiciones, con más calma. Más local, y eso me gusta mucho. Afortunadamente, toda la gente que nos dedicamos al cómic nos llevamos mejor, nos vemos más y tenemos más puntos en común. Zaracómic es un poco una expresión de eso: todos los libreros, autores y editoriales, en lugar de hacerse la competencia, deciden juntarse en un mismo evento. Y con esto, de la nada, y sin una inversión loca, sacamos una semana en la que dar a conocer el cómic local. Todo ello, simplemente a base de gente que ha decidido arriesgarse, trabajar más, y pasar alguna noche sin dormir.

También creo que las instituciones han apoyado bastante el cómic en Zaragoza. En 1995, la DPZ dio unas subvenciones para sacar el fanzine 451º, en el que participé. De ese fanzine, unos compañeros y yo tuvimos la oportunidad de tener una experiencia semiprofesional: poder difundir nuestro trabajo, conocer a otros profesionales, y presentarnos ante las editoriales con un proyecto de verdad, con una calidad estupenda, y donde realmente pudimos demostrar lo que valíamos. En ese fanzine estuve con Jesús Saiz, Javier Pina y Fernando Blanco, que ahora son profesionales de primer nivel. El objetivo último de la subvención a la cultura no es hacer una obra y que se pierda en el vacío, sino que poco a poco vaya goteando y generando un tejido industrial —además de empresarial—. Ese dinero que puso la DPZ, lo ha recuperado con creces con el trabajo y los impuestos que hemos pagado como profesionales. Esa inversión ha producido mucho más dinero del que le costó.

¿Nos puedes avanzar un poco en qué va a consistir tu charla del próximo 10 de marzo en El Armadillo Ilustrado?

Hablaré de la génesis de Black Hand Iron Head. Traeré dibujitos, páginas de la publicación, e igual hago unas grabaciones del proceso, que iré comentando. Tiene sus curiosidades. Contaré anécdotas de cómo se generó el proyecto, del desarrollo del guion con David Muñoz, del proceso de dibujo, del reto de la página en horizontal o de cómo es ser tu propio editor.

 

Por Adrián Martínez Moliné

 

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