Café con Lucas Castán

Mientras lees estas líneas, Lucas Castán está presentando Los hombres de verdad no lloran, su segundo cortometraje, en el Festival de Málaga. Han pasado tres años desde que, con el estreno de Alba, el jaqués diera su primer paso como realizador de cortometrajes. Los asistentes a la premier de su segundo corto en los cines Aragonia y en Jaca pudieron apreciar que Castán no duda ni titubea a la hora de hacer cine. Porque no es necesario irse a 90 minutos o más para disfrutar del cine, y este corto integramente rodado en Jaca lo corrobora. Por suerte, mientras preparaba el equipaje para irse a Málaga, conseguimos pillar a Lucas Castán para hablar sobre su cortometraje, sobre él, y sobre los dos años de trabajo que ha empleado para sacarlo adelante.


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Lucas Castán: «Queríamos que en este corto se viera lo que éramos capaces de hacer, no solo yo como director, sino también el resto del equipo»

—Después de Alba, ¿consideras que este es tu segundo corto profesional?

Sí. Había hecho antes alguna cosa más pero ni lo habíamos distribuido. Cortometraje profesional como tal, este es el segundo. Para mí, casi casi el primero.

—¿Qué cambios y avances se pueden encontrar desde Alba hasta Los hombres de verdad no lloran?

El proceso de mi segundo cortometraje ha sido mucho más profesional. Hemos hecho las cosas un poco más «como se tienen que hacer», como se hacen en la industria. En Alba yo no tenía ni un combo para poder ver lo que se estaba rodando. El equipo en Alba estaba formado por seis o siete personas, y hacíamos todos un poco de todo, sin tener muy claro cuáles eran nuestros roles. En Los hombres de verdad no lloran cada uno cumplíamos un cometido. Teníamos un equipo formado por unas cuarenta personas, contando con la posproducción. Respecto a mí labor como director, en Alba apenas pude estar con los actores antes del rodaje. Eran actores de fuera, y no teníamos medios para juntarnos y ensayar. En mi último corto he intentado trabajar más con los actores. Creo que una de las funciones más importantes de un director es el trabajo con los actores, más que colocar la cámara y preparar el plano. Además, en este nuevo corto, con el protagonista infantil, Iván (Juan Fernández), estuvimos varios meses quedando para ensayar. Aunque grabamos en junio, en febrero ya estábamos quedando de forma habitual. Es un niño de 8 años y no es actor. Es un trabajo que hay que hacer muy poco a poco, sin exigir. Muchos días quedábamos simplemente para jugar a hockey, solo para que él fuera confiando en mí, que es una cosa importante de cara al rodaje. Otro avance está en guion: los personajes son un poco más complejos. Tenía más claro lo que quería, cómo lo quería hacer, cómo eran los personajes… Eso me ayudó a trabajar después con los actores.

—¿Cuánto tiempo has empleado en la preproducción del cortometraje?

El guion empecé a escribirlo en enero de 2015. En dos o tres meses tuve una versión bastante pulida, y empecé a enseñárselo a mis habituales: Daniel Vergara —el director de fotografía con el que trabajo siempre— y Lucas Sáez —de la productora Filmdonut—. Era un proyecto que requería de bastantes medios. De primeras no teníamos muy claro si íbamos a poder sacarlo adelante. En verano, lo presenté a una beca de la Diputación de Huesca, y me la concedieron. A partir de ahí, con ese «colchón», fuimos reuniendo al equipo, consiguiendo permisos, localizaciones, etc. Rodamos una parte en marzo de 2016, porque queríamos imágenes de un partido real de hockey hielo, y después, el grueso del cortometraje lo rodamos en junio del año pasado. Sacar este proyecto adelante, desde que empezamos con el guion hasta que estuvo acabado el corto para presentarlo, nos costó dos años.

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El pequeño Juan Fernández es ayudado por Lucas Castán durante la preparación del plano.

—¿Esta ha sido la primera vez que has dirigido a un niño?

Sí. Bueno, hace tiempo dirigí un spot para Aramón en el que salía un niño, pero no tuvo nada que ver. Al principio, en Los hombres de verdad no lloran, trabajar con un niño tan pequeño me generaba muchas dudas. Y al final ha sido una experiencia muy gratificante. Antes evitaba pensar en personajes infantiles, ahora, quizá sea al revés. Creo que el trabajo del director junto a un niño es un esfuerzo conjunto, muy diferente al que se hace con un actor adulto. A Alfonso Lara, por ejemplo, le ponía en contexto, le explicaba lo que quería, le daba algún estímulo y él se ponía a crear. Pero con Juanito (Juan Fernández) era distinto. Hay una escena en la que me tuve que situar al lado del protagonista, agachado sin que se me viera, para susurrarle cosas y que Juanito pudiese poner una cara u otra. Trabajar con niños es diferente, y me parece que es muy bonito.

—En cuanto a la trama, estableces una fuerte relación padre-hijo con una clara ausencia maternal, ¿cuál es el motivo?

Más que a omitir el papel de la madre, me decidí a optar por el desarrollo del papel del padre. De esta forma, podemos apreciar mejor el papel que tiene el padre en la vida del niño. Se sobreentiende que él es el que le está cuidando. Tiene un trabajo, la afición de bajar a la pista de hielo y de hacer de utillero, y es también el padre del niño. Por ello, creo que el vínculo entre ellos más fuerte por la ausencia de la madre. Va un poco también en la línea de la historia, que con el título del corto parece que va a ser una historia de hombretones, pero luego no es así. Intenté que no apareciese ningún personaje femenino por este motivo, ¡no es porque yo tenga algo contra las mujeres, ni nada parecido! (risas).

—¿Te basaste en algún referente argumental o estético para este trabajo?

Todos tenemos referentes directos e indirectos. Algunos muy claros, que nos interesan e invitan a seguir por un camino, y otros que están asimilados o que no los seguimos de una manera consciente. En este cortometraje, uno de sus referentes es el cine de Jacques Audiard, que a mí me gusta mucho. Por ejemplo, la película De óxido y hueso y su personaje protagonista. Creo que le he cogido algunas cositas para mi corto aunque, evidentemente el cambio es muy grande de un personaje a otro, pero va un poco en esa dirección. También hay referencias en la forma de contar: con silencios, con lo que no dicen. Pero en Los hombres de verdad no lloran hay un referente claro que es El luchador de Darren Aronofsky, sobre todo en la escena final. Además, hay otros referentes que quizá se noten menos, pero que me sirven a mí, como Sergio Leone.

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Fotograma de Los hombres de verdad no lloran, donde se puede apreciar  cuidada estética del corto.

Los hombres de verdad no lloran tiene un estilo y una estética fuertemente cinematográfica, en cómo fluye la historia, en su montaje… ¿Preparas el salto al largometraje?

Mi objetivo siempre ha sido llegar a dirigir largometrajes, porque del cortometraje no puedes vivir. Pero no tengo claro si lo siguiente que voy a hacer es un largo, algún corto antes, u otro tipo de trabajo. Tampoco quiero correr. No he trabajado nunca profesionalmente como director, aunque es verdad que tratamos que este corto tuviese factura de cine. Además, el guion de Los hombres de verdad no lloran lo reciclé de un guion para largometraje que empecé a escribir en clase de guion en la universidad. Tenía un tratamiento de guion, pero no se podía utilizar. Era el primero que escribía y no acababa de funcionar. Era un poco desastre. Pero cogí las partes que me interesaban y las compactamos en este guion. Creo que tiene unos personajes tan definidos —no suele ser habitual en los cortometrajes—, porque los había trabajado antes como guion de largometraje. De hecho, una de las críticas positivas que nos han hecho es que este corto podría ser fácilmente el fragmento de un largometraje, que sería extensible.

—Este corto ha participado en la Muestra de Cine Internacional de Palencia, donde habéis recibido el premio del Jurado Infantil, y ahora va a formar parte de la sección oficial del Festival de Málaga, el festival de cine español por antonomasia. ¿Qué carrera de festivales os espera?

Pusimos el corto en las manos de la Agencia Freak para que lo distribuyeran, y ellos lo están mandando a los festivales en los que creen que va a funcionar. Lo de Málaga en concreto fue una alegría, porque es un festival muy potente. El nivel en el que vamos a estar compitiendo es alto. Además, es un festival en el que ganar el primer premio te da acceso a los Goya. Por mi parte, poder estar en ese festival y que se vea el corto me parece una alegría. Allí hay mucha gente del sector, es un buen sitio para proyectarlo. De aquí en adelante, el cortometraje lo sigue moviendo Agencia Freak, y ellos lo irán mandando a donde consideren.

—¿Cuál será tu próximo paso?

Ahora estoy empezando a gestar una idea, pero no sé si acabará en largometraje o cortometraje. Cuando me pongo a escribir ya tengo algo bastante sólido en la cabeza. No me suelo enfrentar al folio en blanco. Nos ha costado dos años sacar adelante Los hombres de verdad. Es demasiado tiempo. Me he propuesto descansar y desconectar un poco, antes de ponerme con otro proyecto. Tras el estreno, parece que todo haya acabado, pero empieza la fase festivales y hay que trabajarla. El cortometraje no puede viajar solo, hay que ir a defenderlo. En cuanto a trabajo, la productora Filmdonut me llama cuando tienen algún proyecto: anuncios, vídeos para Internet…

 

Por Adrián Martínez Moliné

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