«Por trece razones»: yo también maté a Hannah Baker

Bienvenidos a la última cinta, la mía, la tuya, la de él y ella: la de todos. Bienvenidos a la cinta del espectador.

¡Hola! No toques… lo que sea que estés usando para leerme. Soy yo, en vivo y en papel. Coge algo para picar y ponte cómodo, porque voy a contarte la otra historia detrás de Por trece razones. Esa que nos inmiscuye a todos. Y de la que tú también eres protagonista. Sí, tú. ¿Acaso esperabas otra cosa después de todo?

Sé lo que estás pensando, pero por favor, no cierres todavía esta ventana de tu navegador. Hannah habría querido que lo leyeses todo. Del tirón y sin trampas. Además… Ten en cuenta que he tenido que ver el principio de la serie con el doblaje al español para hacer las referencias del párrafo anterior, así que apiádate un poco de mí —todavía me pitan los oídos— y quédate hasta el punto final.


“¿Por qué no me dijiste eso cuando estaba viva?”  – Hannah Baker (Katherine Langford)

«¿Por qué no me dijiste eso cuando estaba viva?»
(Hannah Baker —Katherine Langford—)

Iré al grano. Siento alarmarte, pero si estás leyendo esto y ya has visto Por trece razones, es que tú también eres culpable de la muerte de Hannah Baker. Si no has visto la serie, también lo eres, pero todavía no lo sabes; estás aquí porque Por trece razones te interesa, pero aún no te has lanzado a verla y esperas que mi opinión te ayude a decidirte. Pues siento decepcionarte, pero este texto no va de eso, así que me quitaré todo el rollo aburrido de un plumazo: la serie merece la pena. La verás. Y serás cómplice de todo. Disfrutarás. Sí. Porque para eso ves series de televisión, pero será un placer culpable. También llorarás y por momentos querrás no mirar a la pantalla, pero mirarás y lo presenciarás todo. Nada cambiará: Hannah Baker seguirá estando muerta. Y tú no habrás hecho nada para evitarlo.

Me imagino lo que estarás pensando: ¿Qué dice este tío? Es solo una serie de televisión, ¡solo ficción sin más! ¡La ves y ya está! Y sí, hasta cierto punto tienes razón. Podríamos decir que es así con todo. De hecho, si has perdido alguna vez a un ser querido, sabrás de la frustración que se siente cuando el mundo continúa como si nada pese a que para ti todo se colapsa. No poder traer de vuelta lo perdido te lleva a seguir dando vueltas en círculos, preservando en tu memoria a los que ya no están. Es una forma de mantenerlos vivos. Igual que Hannah se mantiene viva a través de sus cintas y del recuerdo y actos de las —pocas— personas que la amaron de verdad.

Si tan solo hubiésemos conseguido mantener un poco más esa sonrisa en su rostro… Quizá todo habría cambiado. Dime, ¿por qué no hiciste más, Clay (Dylan Minnette)?

Si tan solo hubiésemos conseguido mantener un poco más esa sonrisa en su rostro… Quizá todo habría cambiado. Dime, ¿por qué no hiciste más, Clay?

Me gusta mucho cómo trata este tema Por trece razones, especialmente a través de Clay, uno de los protagonistas de la serie. Su forma de enfrentarse a las cintas que ha grabado Hannah, en las que explica las razones por las cuales se suicidó, me sorprende mucho. No por ser atípica u original, sino porque me es familiar. Me resulta humana. Me la creo. Me creo el sufrimiento de Clay y, sobre todo, me creo ese duelo alargado hasta el hastío. He escuchado críticas a la lentitud con la que Clay avanza a través de las cintas, pero esto tiene una explicación emocional muy clara: está viviendo su duelo. Necesita tiempo. Tiempo para entender por qué Hannah hizo lo que hizo; tiempo para asimilar lo que ha perdido y para aceptar, llegado el momento, que nunca volverá a verla. Hasta entonces, toca huir de la banalidad de la muerte impuesta por la sociedad y las instituciones, como ese instituto no tan ficticio en el que se escurre el bulto sin que nadie quiera saber nada sobre el suicidio de Hannah para que no afecte a la reputación del colegio o su lugar en el sistema. Es un juego macabro donde parece que todos se quieren quitar de encima la patata caliente, sin compartir, bajo ningún concepto, la culpa del suicidio de Hannah. Y todos son, de alguna manera, culpables. Todos lo somos. Todos dejamos que sucediese y nadie hizo nada cuando tuvo la oportunidad. Miento: algunos hicieron, sí, pero nada más que daño. Mucho daño.

No obstante, antes de pasar a las responsabilidades, incluyendo la tuya y la mía —para eso estamos aquí— es importante cerrar esta cara A del texto con una reflexión final sobre la trivialidad de la muerte y, en este caso, del suicidio. Estamos malacostumbrándonos a ver con cierta normalidad este tipo de noticias en la tele e Internet, restándole la gravedad que tienen; y en el caso del suicidio todo va a más: es un tema todavía tabú a día de hoy y sobre el que la policía no suele perder demasiado tiempo. No hay culpables, así que… ¡culpabilicemos a la víctima en su lugar y archivemos el caso! Todo esto me recuerda a ese hipnótico inicio de Tesis, la primera película de Amenábar, con una parte de la sociedad que continúa su camino, tal y como se le ha educado que haga, y otra que se atreve a acercarse para ver lo que hay en las vías del tren, saliendo del patrón establecido. Y es cierto que tampoco sería normal que se formase un corrillo alrededor de la persona que se acaba de suicidar, pero la normalidad con la que se afronta la situación, como algo rutinario, me resulta apabullante. Se nos intenta proteger del suicidio. Y es un problema real que hay que afrontar directamente. Por ello, aplaudo la decisión de la serie de ser lo más explícita posible en la escena del suicidio de Hannah Baker. Es desagradable. Pero es necesaria. Tan necesaria como la cara B de este texto.

¿Sigues conmigo? ¡Enhorabuena! ¡Estás casi en el final! Te dejo aquí un regalo por haber llegado tan lejos. Ponte los cascos y escucha mientras lees lo que falta.

¿Sigues conmigo? ¡Enhorabuena! ¡Estás casi en el final! Te dejo aquí un regalo por haber llegado tan lejos. Ponte los cascos y escucha mientras lees lo que falta.

Ha llegado el momento. Es hora de explicarte por qué todos hemos matado a Hannah Baker. ¿Recuerdas cómo jugaba Haneke con el espectador en Funny Games? Pues aquí la misma sensación te invade una vez que termina la serie. No entiendes muy bien por qué, pero sientes una desazón inmensa. Sabes que tú no has hecho nada, pero de alguna manera haber sido testigo de todo hace que te creas también partícipe. Sientes que tú también has sumado para que Hannah terminase tomando la decisión que tomó. Como mínimo, estás seguro de que no has hecho nada, o, mejor dicho: no has podido hacer nada. Ahí está la clave. Igual que los protagonistas de cada una de las cintas, te enteras de todo lo que Hannah tenía en su cabeza a posteriori, una vez que ya no hay nada que hacer: sin vuelta atrás. Avanzar por las cintas junto a Clay, descubriendo esos 13 motivos por los que Hannah se quita la vida, es un ejercicio tremendo de introspección y empatía. Te hace ser consciente de verdad de que pequeñas acciones, por ínfimas que parezcan, pueden tener grandes consecuencias. Se habla varias veces del efecto mariposa. Aunque yo prefiero quedarme con la importancia de cada uno de los hechos aislados que finalmente llevan a esa consecuencia final… y en todo lo que podría haber cambiado si simplemente una persona hubiese hecho algo. Algo diferente, o simplemente… algo. Por eso siento que yo también maté a Hannah Baker. Al fin y al cabo, escuché todas sus cintas, pero no fui capaz de hacer nada para revertir lo sucedido: simplemente lo dejé estar. Lo dejé estar… igual que hice en mi adolescencia.

En mi clase del colegio había un chaval al que le hacían bullying. Yo no era uno de los acosadores, pero de alguna forma permitía por omisión que todo sucediera. Ocasionalmente salí en defensa de esta persona, pero nunca fue suficiente, nunca me involucré demasiado, quizá por miedo a que se me relacionara con él o quizá por egoísmo, para no hacer peligrar mi posición en el grupo. Por suerte, él nunca llegó al extremo de Hannah y consiguió salir adelante, pero ¿quién te dice que todo eso no haya marcado profundamente el resto de su vida? Puede que el acoso sufrido en el colegio le haya dejado unas secuelas por las que nadie ha asumido responsabilidades. Por las que todos salimos impunes. Por eso Por trece razoneses una serie tan relevante. Te lleva de vuelta a momentos oscuros que, lamentablemente, demasiados de nosotros hemos protagonizado; ya sea como víctima, como acosador o, simplemente, como espectador: sin hacer nada.

 

Por Juan López

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

Puedes usar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>

Current month ye@r day *