Un pequeño paso para la cultura, otro pequeño gran paso para la ciudad

El pasado jueves 11 de mayo tuve la oportunidad de asistir a Un salto de gigante. Se trata de un espectáculo, esta vez para adultos, creado por la Promotora de Animación Infantil (PAI), una organización que lleva décadas siendo capaz de montar, desde atracciones para nuestras queridas fiestas del Pilar —tan magníficas como El Parque de los Insectos—, hasta representaciones teatrales para adultos como la que nos ocupa.


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En esta representación todo el peso actoral reacáe en sus dos únicos protagonistas.

El lugar de la representación fue el Teatro del Mercado, al que siempre da gusto ir, y más de un tiempo a esta parte, en el que El Gancho bulle de cultura y de vida, gracias a iniciativas tan notables como la Escuela Municipal de Música y Danza, La Bóveda del Albergue, el Centro Cultural Las Armas, y tantos otros.

La historia comienza con la observación de las estrellas por parte de los sumerios, pasa por Galileo y acaba con el paso de gigante de Neil Armstrong. Lo tiene todo: buenos actores que utilizan la magia de la narrativa oral, proyecciones de imágenes de los viajes espaciales, emocionantes pasajes musicales, poesía, curiosidades de la cultura, de la historia y del arte, ecología, filosofía, historia, divulgación científica y, sobre todo, humor. Un momento: ¿he dicho en la misma frase «divulgación científica» y «humor»? ¿Es esto posible? ¿Estoy en mis cabales? La respuesta a todo esto es sí y, además, puedo dar fe de ello, porque en esa sesión matinal, a la que también asistió un grupo de estudiantes de instituto, pude ver las reacciones de un público absorto en la representación, que aprendía, que disfrutaba, que reía y que aplaudía, agradeciendo el estupendo montaje, y que salió del teatro, al igual que yo, habiendo crecido un poco en su interior.

La obra está dirigida por Blanca Resano, y protagonizada por Gonzalo Ferreró y Oswaldo Felipe

La obra está dirigida por Blanca Resano y protagonizada por Gonzalo Ferreró y Oswaldo Felipe.

En cuanto a la puesta en escena, Un salto de gigante es un montaje sobrio y elegante, en el que cada uno de los elementos —vestuario, luces, música y atrezo— tiene su función, y hace que el texto camine con un ritmo perfecto, que es lo que, en mi modesta opinión, hace siempre que el milagro y la magia del verdadero teatro puedan obrarse, como en esta feliz ocasión.

Esta obra, que es una adaptación de la pieza One Giant Leap de la compañía escocesa de teátro científico Wee Stories, solo tiene un decorado: una biblioteca con una mesa. En ella un padre y un hijo, ambos bibliotecarios, nos cuentan la gran aventura de la carrera espacial desde dos planos temporalmente distintos. El padre lo hace desde sus emotivos recuerdos del primer alunizaje en blanco y negro, y el hijo desde el año 2069, mientras prepara una presentación para la conmemoración de una efeméride: los cien años del primer viaje del hombre a la Luna.

Como reza el título de este modesto artículo, desde hace ya muchos años, nuestra ciudad va rehabilitando y construyendo, paso a paso, un entorno cultural cuyos frutos ya podemos comenzar a recoger y saborear. Uno de ellos es esta obra de teatro de la PAI. Si pueden, no se la pierdan.

 

Por Quique Artiach

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