50 años de «Monty Python’s Flying Circus»

Dos exalumnos de la Universidad de Oxford (Michael Palin y Terry Jones), otros tres de Cambridge (John Cleese, Graham Chapman y Eric Idle) y un ilustrador americano (Terry Gilliam) se unieron hace 50 años para hacer algo completamente diferente.


El 5 de octubre de 1969 se estrenaba en la BBC la serie Monty Python’s Flying Circus, una de las comedias más influyentes de la televisión que mezclaba en un surrealista cóctel de crítica social y humor absurdo parodias de programas de entrevistas y los sketches más locos imaginables con animaciones grotescamente divertidas. El Flying Circus estuvo en antena hasta 1974 y tuvo la suerte de emitirse en color, lo que ayudó a que se transmitieran tan bien las alocadas ideas del grupo, y aunque costó un poco que la serie ganase su legión de fans, pronto se convirtió en un fenómeno tan grande que George Harrison llegó a decir que el espíritu de The Beatles había traspasado a los Monty Python.

Sin tener un nombre claro ni saber sobre qué iba a ir el programa, el productor de la BBC Michael Mills les ofreció 13 de los 45 capítulos que acabaría desarrollando el grupo, quienes hasta este momento habían trabajado por separado como guionistas para televisión (algunos de ellos), y aunque el único nombre conocido era Cleese, todos ellos eran, además, actores. Cleese tenía la mayor capacidad interpretativa, dominando tanto el humor verbal como el humor físico, Palin quizá fuera el mejor actor cómico del grupo, Idle componía canciones y Gilliam interpretaba a menudo papeles secundarios (y con el tiempo acabaría dando vida a algunos de los personajes más asquerosos de la serie). Y si Chapman no destacaba tanto por sus interpretaciones, sí lo hacía, por otra parte, tanto a la hora de escribir como de establecer qué era y qué no era gracioso.

Idle, Chapman, Palin, Cleese, Jones y Gilliam. Fuente: BBC.

Los Python no se veían a sí mismos como principalmente escritores ni principalmente actores, eran escritores actores, el 50 % del trabajo se dedicaba a la escritura y el 50 % restante a la actuación. Cleese y Chapman, por un lado, y Palin y Jones, por otro, escribían en equipos mientras Idle trabajaba solo, para después juntar todo el material en un guion cohesivo cuyos disparatados sketches a menudo estaban atados por las bizarras animaciones con recortes de Gilliam, en parte creadas por él, en parte usando el collage y frecuentemente terminando con el famoso pie de Cupido. Y mientras que a Idle se le daba especialmente bien la palabra, a Palin y a Jones les gustaba sorprender con gags más visuales y Cleese y Chapman preferían sacudir al público con su humor agresivo.

Este humor anárquico al margen de las normas de la comedia ya había sido tratado por Spike Milligan, pero serían los Python quienes lo llevaran al límite de la radicalidad formal y lo dominaran por completo, haciéndolo tremendamente influyente para todas las generaciones de cómicos que vendrían a partir de entonces. El humor del grupo estaba profundamente marcado por el absurdo y una ausencia total de miedo a arriesgarse y traspasar los límites de lo convencional, por lo que no es de extrañar encontrarse sketches sin punchlines y muchas veces terminados abruptamente con explosiones arbitrarias (ya que precisamente la intención de rematar un gag es muchas veces lo que se lo acaba cargando).

Título. Fuente: Apple.

A pesar del absurdo de sus ideas, al mismo tiempo son de un humor tremendamente inteligente, en el que el absurdismo nace de la inteligencia del grupo y viceversa, incorporando referencias e ideas filosóficas y culturales sin resultar pedantes. Además, la materia prima de los sketches a menudo dependía de las muchas caras de la sociedad británica, ya fuera parodiando a la clase obrera con los Gumbys o ridiculizando el conservadurismo inglés con El Ministerio de Andares Tontos, referenciado hasta la saciedad y uno de los sketches más recordados junto a La Inquisición española, que sigue siendo tan inolvidable como cualquiera de las mejores líneas de La vida de Brian (Terry Jones, 1980) o Los caballeros de la mesa cuadrada (Terry Jones y Terry Gilliam, 1975).

Pero ya lo decía Neil Gaiman: «si realmente quieres castigar a alguien que ha sido malvado […] recomiendo encarecidamente hacerles escoger su sketch favorito de los Monty Python». Plagados de algunos magníficos personajes recurrentes como El locutor de la BBC (Cleese) que enlazaba sketches con su frase «y ahora algo completamente diferente», El caballero con un pollo crudo (Gilliam) o el mafioso de pacotilla Luigi Vercotti (Palin), estos sketches normalmente se intercalaban con otros más flojos, pero aun así es imposible quedarse solo con uno y lo mejor es que no han envejecido ni una pizca; desde Tienda de quesos hasta Loro muerto, pasando por Banquero comercial, Autodefensa contra las frutas frescas, Bomba en el avión, El chiste más gracioso del mundo, Centro de discusión, Spam, El hombre que contradice a la gente y muchos más.

—Esta noche está conmigo Norman John Polevaulter, que lleva los últimos años de su vida contradiciendo a la gente. Señor Polevaulter, ¿por qué contradice a la gente?

—¡No la contradigo!

Pie de Cupido. Fuente: Wikipedia.

La última temporada solo contó con seis episodios y debido al deseo de Cleese de trabajar en otros proyectos, como la aclamada Fawlty Towers (John Cleese y Connie Booth, 1975), ya no aparecía en la serie. Si a su notoria ausencia le añadimos recortes de duración y palabras e incluso personajes enteros censurados, no es de extrañar que fuera la peor temporada de todas; pese a ello, la cuarta de los Python seguía manteniendo un alto nivel de comedia surrealista y dejó algunos sketches memorables.

Mientras los Python (con Cleese incluido) siguieron desarrollando su disparatado humor también en la gran pantalla dejándonos hilarantes películas como las mencionadas La vida de Brian y Los caballeros de la mesa cuadrada o El sentido de la vida (Terry Jones y Terry Gilliam, 1983), Monty Python’s Flying Circus permanece a día de hoy, a las puertas del 50.º aniversario de su estreno, como la comedia más imaginativa e ingeniosa de la historia de la televisión. La comedia que consiguió cambiarlo todo siendo estúpidamente inteligente.

 

Por Marcos Jiménez Lobera

Imagen destacada: Twitter

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