«Assassin’s Creed: Unity», una oportunidad perdida

«Assassin’s Creed: Unity», una oportunidad perdida

Assassin’s Creed: Unity llegó a las tiendas el martes pasado. Un día antes ya empezó la polémica con la propia crítica que, por culpa de un embargo draconiano, no pudo ofrecer su opinión hasta horas antes de la puesta en venta. Muchos periodistas y críticos se movieron por la suave brisa del 7, Metacritic dixit, pero según avanzan los días y las quejas de usuarios aumentan, se demuestra que la obra acaba siendo de todo menos notable. Unity puede que sea indigno o no pero indiscutiblemente responde a una mentira, ya que lo mostrado en el pasado E3 2014 no se corresponde en absoluto a lo recibido en consolas y PC, y la excusa de Ubisoft refugiándose en lo cinemático del 30fps ha demostrado ser una farsa. Pero estos no son los únicos problemas.


Todo el mundo habla de Assassin’s Creed: Unity. El eurodiputado Jean-Luc Melenchon asegura que el videojuego desprestigia a la República francesa
El eurodiputado Jean-Luc Melenchon asegura que Assassin’s Creed: Unity desprestigia a la República francesa

En un mundo en el que tres cuartos del mismo piensa que Los Miserables sucede durante la Revolución Francesa, el hecho de que Assassin’s Creed: Unity haya desaprovechado la oportunidad de ofrecer una visión interactiva de la Francia de finales del siglo XVIII, como ningún otro medio podría haberlo hecho, importa poco. Y eso no lo he tenido tan en cuenta como se debería a la hora de valorar la producción de Ubisoft, repleta de errores técnicos, gráficos y jugables que ahora se apresuran en arreglar. Por desgracia, el guion no tiene arreglo. Por ello no puedo dejar de pensar que Ubi ha perdido una oportunidad única para con la historia.

Los antecedentes revolucionarios habrían deparado en sí mismos un videojuego único. En ese extraño, inédito e inesperado miedo de Ubisoft Montreal de tratar con los personajes importantes del proceso en más de dos o tres capítulos (es el caso de Napoleón y el mismísimo Robespierre, el último absolutamente decepcionante, de principio a fin) se acaba perdiendo lo que engatusó a los jugadores de las primeras entregas de la franquicia: las ganas de hacer viva la historia a los mandos de un videojuego. En eso, Unity, ha fracasado estrepitosamente. Y a los apasionados del proceso nos decepciona profundamente, máxime cuando podría haber sido algo irrepetible.

Podrías tomar las gentes de las calles de París, llevarlas a la Roma de La Hermandad y tendrías, prácticamente, el mismo comportamiento y no se notaría en absoluto. En las calles francesas de Unity en 1791 no se ve hambre, miseria o desesperación: de vez en cuando se ve a algún fulano hondeando una bandera, a algún loco con una cabeza colgada en un palo (sin que nadie parezca hacerle mucho caso) y algún trapete tricolor (siempre el mismo) inerte en el suelo manchado por el barro. Nos perdemos docenas de personajes y momentos importantes de la historia, y dos de los tres más relevantes se ven salpicados por una factura técnica indigna, vergonzante y ridícula para la nueva generación de consolas. El otro podría haber sido escrito por un chaval de instituto antes de su primer examen sobre el periodo francés.

La historia de asesinos y templarios no ha firmado su peor videojuego desde que comenzó la franquicia en el año 2007, pero sí ha protagonizado el más decepcionante y menos pulido desde su nacimiento.  La lista de errores recopilados por la firma se cuenta por docenas, los mensajes de usuarios angloparlantes enfadados por miles y los beneficios de la empresa, a pesar de todo, en millones. Con el presente título ha funcionado pero, ¿hasta cuándo le valdrá a la firma jugar con las creencias y los deseos del usuario?

Por Toni Piedrabuena

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