Café con Javier Olivares y Pablo Lara

Javier Olivares (Madrid, 1958), guionista en series como El club de la comedia, Los hombres de Paco o Los Serrano, director argumental y jefe de guion de la primera temporada de Isabel; es el creador y productor ejecutivo de la exitosa serie El Ministerio del Tiempo; y Pablo Lara (San Roque Cádiz, 1989) ejerce como productor transmedia en Onza Entertainment en la serie El Ministerio del Tiempo.

Un café con tiempo, lleno de miradas cómplices entre dos profesionales que trabajan codo con codo para que El Ministerio del Tiempo siga brillando como hasta ahora. Una conversación que abre puertas que cruzar para viajar a preciosos rincones que no podemos ver desde nuestras pantallas.


Pablo y javier

Pablo Lara y Javier Olivares. Tiempo, piel, cariño, talento, y un equipo de profesionales que suman 20 premios Goya. «Ministéricos», cultura, historia, pasión, verdad. Esto es solo una puerta de El Ministerio del Tiempo, la serie española que cada lunes revoluciona las redes sociales.

Para aquellas personas que todavía no tienen muy claro qué es eso de la narrativa transmedia, ¿lo podrías explicar con un ejemplo de El Ministerio del Tiempo?

­ Pablo Lara (PB): Al final es simplemente hacer crecer una narrativa normal en distintas plataformas. Para hacerse una idea, un claro ejemplo de la serie es el de Julián. Sale en el capítulo uno de la segunda temporada y no vuelve hasta el séptimo. En este tramo decidimos hacer un podcast contando su viaje. Es un incremento de la narrativa de la serie en general utilizando una plataforma diferente. Puede sonar con mucho nombre pero simplemente consiste en utilizar más medios para contar más cosas en base a la narrativa fija de la serie.

¿Qué tiene El Ministerio del Tiempo para que haya sido posible aplicar este tipo de narrativa?

­Javier Olivares (JO) : Tiene una posibilidad muy grande de capacidad narrativa. Están las referencias culturales pop y la propia historia de los personajes que sugiere un paralelismo en el que se van nutriendo unos de otros. Hay una patrulla, pero habrá muchas más patrullas por ahí haciendo misiones. Ese universo que tú no ves pero que sabes que realmente está detrás es lo que te apoya para contar más historias.

¿Qué porcentaje de consumidores/audiencia de El Ministerio del Tiempo participa activamente en redes sociales y cuáles se limita a consumir la serie de una manera tradicional?

JO:  Es una serie que la consume una media del 11 % de la audiencia. No somos líderes de audiencia tradicional, pero sí lo somos en redes sociales. En números concretos te diré que en audiencia tradicional estamos en torno al 10 % u 11 % y en términos de web estamos en 300.000 o 400.000 a la semana. Somos la serie número uno en Twitter en el año 2015. Por ejemplo, en el capítulo del pasado lunes hicimos un 11 % de audiencia —por debajo de La Embajada y de Bertín— pero tuvimos 32.000 tuits con un impacto de 72 millones y medio. En España tenemos muy buena audiencia  en Netflix y Yomvi.

Al hilo de esto, ¿se está viendo la serie fuera de España?

JO: Sí, en Latinoamérica. Pero por ejemplo cada capítulo tiene subtítulos en ruso, chino, inglés, italiano, húngaro, eslovaco, serbocroata… Un fenómeno al que no habrá llegado probablemente otra serie española.

—PL: Actualmente con internet no le puedes poner puertas a nadie, pero quizás esta serie debe verse de manera diferente. Con público internacional. No le puedes poner puertas al mar, si una persona rusa quiere hacer unos subtítulos probablemente sea un indicador de que el producto llama la atención.

—JO: Creo que El Ministerio del Tiempo lo que está planteando es que las audiencias de los audímetros no sirven solas. Yo creo que esa es nuestra gran revolución. Una serie en la que hay 32.000 tuits en una hora es una barbaridad con respecto a otro tipo de programas. Eso tiene que tener más preponderancia que el simple numero de audiencia.

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Pablo Lara y Javier Olivares durante su conversación en el Café Nolasco.

¿Desde el primer momento pensabais que iba a tener esta movimiento en redes sociales?

—JO:  No tanto la verdad. En Isabel, serie que creé, ya empezó a tener mucho movimiento en redes sociales.

—PL: En la primera temporada sabíamos que la serie tenía los ingredientes. Al principio haces un planteamiento, una estrategia y ves si funciona. Ciencia ficción, aventuras, un ministerio, historias personales. Al final ha funcionado, pero obviamente, y esto hay que remarcarlo, la serie no sería le fenómeno que es si no fuera buena.

Es una serie pionera en el mundo al verse en realidad virtual. ¿Cuáles han sido los resultados?

—PL:  La realidad virtual es algo muy pionero y decidimos hacerlo de la mano de Televisión Española porque pensamos que una televisión pública debía de ser puntera en innovación. Ha llamado mucho la atención en Inglaterra a los productores de Doctor Who. Ser pionero es difícil, pero los resultados son buenísimos. La experiencia mola mucho y es interesante ver como una serie de convierte en algo más que un capítulo de la tele.

¿La interacción con el público ha hecho que el guion haya cambiado de rumbo en algún momento?

—JO: No, nunca. El guion es como una novela, tiene un autor. Y la autoría es sagrada. Una cosa es corregir errores u opciones que puedes querer que salgan, pero nunca hay influencia directa en la creación del guion.

¿Qué novedades creéis que se han introducido en El Ministerio del Tiempo respecto a otras ficciones españolas? 

—PL: Una que se aleja un poco del mundo de internet sería que los seguidores de la serie pueden ver que detrás hay un equipo enorme que responde cuando ellos hablan. Es decir, ellos ven que escriben a El Ministerio del Tiempo y que El Ministerio del Tiempo les responde. Escriben a Javier, y Javier les responde, el director se baja directamente al sitio. La serie deja de hablarle al público como si estuvieran en un estrado. No es novedad, es tratar al público como si fuera igual que tú, que lo es.

—JO:  A nivel de coordinación creo que la gran novedad del Ministerio es que quién tiene la última palabra en la serie soy yo, un creativo, no un ejecutivo. Es el gran punto distinto de El Ministerio del Tiempo. También lo es que toquemos temas que no se han tratado en la ficción española como los viajes en el tiempo o el género fantástico.

Hablando de ficción española, ¿tenéis la sensación de que está en un segundo plano respecto a otros países como Estados Unidos?

—JO: Estamos por debajo en cuanto medios y tiempo. Estamos en los 70 minutos que es un desastre y con unos presupuesto de media mucho menores a los de cualquier serie americana. En Europa, que es lo que más nos tendría que interesar, se hace una ficción mucho mejor que la generalista americana equiparable a HBO, Show Time o a las grandes cadenas de cable o pago o Netflix. En Europa, BBC o en series danesas o noruegas, estamos en una duración  de 50 minutos y con un promedio de 200.000 euros. Evidentemente estamos por debajo, no tenemos los medios ni la posibilidad.

—PL: Vamos por debajo en tiempo, en formato, en dinero, pero no en talento. Estoy seguro de que en España es donde más barato y mejor se produce.

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La serie fantástica y de aventuras El Ministerio del Tiempo está producida por TVE en colaboración con Onza Partners y Cliffhanger.

Hay mucho debate con el tema de los datos de audiencia. A título personal, ¿qué es para vosotros que El Ministerio del Tiempo sea un éxito?

—JO:  Eso es muy curioso porque leyendo determinadas webs encuentro que unos dicen que «el Ministerio del Tiempo  tiene un mínimo histórico» o que es un «fracaso absoluto» y luego en las entrevistas me preguntan por el éxito alcanzado. Ahí hay una bipolaridad, esa esquizofrenia a la que estamos obligando a entrar al mercado mola. Es la primera serie que no triunfando en la audiencia es un éxito. Estamos orgullosos, además de lo bien que nos está quedando la serie, de crear debate. Una serie que se lleva todos los premios, Ondas, Premios Madrid Imagen, Festival de Televisión de Nueva York… Nos gusta que la serie sirva para poner en duda una estructura caduca que demuestra que es una serie que se ha convertido en un fenómeno social.

—PL: El éxito es cuando un fan te dice que la serie que haces le ha ayudado en algún momento complicado. Que de repente se junten 90 fans para ver los sitios en los que se ha rodado la serie en Madrid. Cada fin de semana si te pasas por la plaza de Tirso de Molina, donde se supone que está la sede del ministerio, hay gente haciéndose fotos.

—JO:  Si entras en Google maps y buscas el Ministerio del Tiempo aparece.

—PL: Eso es a lo que me refería. ¿Queremos hacer una serie que pase a la historia o una serie para ganar dinero? El éxito viene cuando pasa a la memoria colectiva.

—JO: La cadena pública no da el paso para renovar o no renovar. Nosotros como productora no encontramos ningún hueco en Antena 3 o Telecinco. Sin embargo, se da el hecho de que todas las plataformas de presente y de futuro internacionales están llamándonos para que nos vayamos con ellos. Algo no funciona.

Para terminar, el papel de los haters y fans… ¿Os esperabais este revuelo?

—JO: A los fans hay que responderlesy tenemos una relación fantástica con ellos. Los haters son la sal de la vida. Ese punto de diversión al que te dedicas diez minutos al día.

—PL:  «Que hablen mal o bien de ti pero que hablen», parece muy tópico, pero es real.

—JO:  Nuestro gran triunfo en las redes es que tenemos un 80 % de comentarios positivos, tal y como está Twitter eso es todo un éxito. Hay un prestigio, en cada capítulo tuitea la Biblioteca Nacional o el Museo del Prado. Por ejemplo la Biblioteca Nacional nos llama para preguntarnos los temas del capítulo para empezar a buscar imágenes y acompañarnos durante la emisión.

—PL:  Creo que la gente se da cuenta de esa empatía por parte del equipo. La pelea en la redes la llevamos cuatro o cinco personas. Es agotador porque nos gusta contestar. No invertimos nada en publicidad, es todo muy artesanal. Es mucho trabajo conforme está la industria hoy en día, como se ha hecho siempre y ahí está nuestra lucha. Si no hay tercera temporada que nadie diga que lo hemos hecho mal. Eso es superimportante, que el producto sea perfecto, que sea exquisito desde el primer minuto hasta el último.

Por Isabel Esteban Ríos

 

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