Café con Juan López

Café con Juan López

Juan López, estudiante de 4.º de Comunicación Audiovisual en la Universidad San Jorge y colaborador de es_Cultura, se coloca al otro lado de la cámara para hablar del cortometraje que ha dirigido: Desconexión.


Además del Premio del Festival de Cine de la Almunia al mejor corto de la comarca y del Premio Clack a la mejor dirección, Desconexión ha ganado el Premio Raccord 2014 además, fue proyectado en el Festival de cine de Zaragoza, estuvieron cerca de ganar el Certamen Cortometrajes de Bujaraloz y próximamente se exhibirá en el Festival Internacional de Cine de Huesca.
Además del Premio del Festival de Cine de la Almunia y del Premio Clack, Desconexión ganó el Premio Raccord 2014, se proyectó en el Festival de Cine de Zaragoza y estuvo cerca de ganar el Certamen Cortometrajes de Bujaraloz.

Desconexión ha ganado recientemente el Premio del Festival de Cine de La Almunia al mejor corto de la comarca pero, ¿cómo empezó todo?

En la asignatura de Producción Audiovisual el año pasado. Ahí se nos planteaba la posibilidad de hacer un cortometraje, nos reunimos por equipos, hicimos un brainstorming inicial y empezaron a salir muchos temas relacionados con el uso de los móviles. Nos dimos cuenta de que actualmente la gente —incluidos nosotros— está muy metida en este mundo digital y se olvida un poco de lo que nos rodea. Entonces, viendo ideas locas llegamos a lo que es ahora Desconexión: una crítica de esta situación desde la sátira y la comedia.

Una vez elegido el tema toca el reparto de las funciones, ¿cómo decidísteis quién hacía qué?

La distribución de los roles fue muy sana. Todos implícitamente sabíamos quién iba a desempeñar cada rol. En mi caso, haciendo prácticas me había dado cuenta que tenía cierta inquietud a la hora de tomar las riendas y decidir las pautas visuales que tenía que llevar la pieza. Mis compañeros desde el principio apoyaron mi propuesta de ser el director.

¿Cómo te enfrentaste a este nuevo reto?

Al principio hay muchas dudas. Además está la incertidumbre de si lo vas a poder hacer bien o no y más en un primer corto. El miedo siempre está ahí, pero lo combatimos con ganas y pasión y teniendo la certeza de que la historia era atractiva y de que iba a gustar, sobre todo a los jóvenes.

Y sin esperarlo ganas el Premio Clack a la Mejor Dirección, ¿cuáles son las cualidades que debe tener un buen director?

Hay que saber escuchar, para dirigir hay que tener muy en cuenta lo que piensa el resto de tus compañeros de equipo. También hay que saber ser diplomático porque en algunos momentos se tiene que rebajar un poco a algún miembro de equipo, tratar de curar heridas que si no se atajan en el momento aparecen de golpe en el rodaje y pueden convertirse en algo peor. Es cierto que el liderazgo siempre está ahí, cuando se produce el caos todo el mundo acude a ti, eres el que lleva el timón y eso se conlleva mucha responsabilidad. Es muy importante tener mucha calma y no dejarse llevar por el momento.

Haces mención a algunas tensiones, ¿qué problemas surgieron?

Tuve un problema fuerte con la concepción del universo sonoro de la obra. Yo tengo mucha facilidad para imaginar imágenes, pero pensar en música me cuesta bastante. Fue un proceso arduo que llevé junto con uno de los guionistas. Al final entre los dos pudimos llegar a la música de Desconexión, que es uno de los aspectos que más valor y fuerza tienen dentro del corto.

Alguna anécdota…

Sí… El día del rodaje venían los actores desde Zaragoza a Alhama de Aragón —donde estábamos la mayoría del equipo—. Habían quedado a las ocho y media y uno de los actores no aparecía ni contestaba al teléfono. Además, la dirección de ese actor era la única que no teníamos, tampoco sabíamos el número de teléfono de su casa. Se me ocurrió meterme en internet a ver si con suerte y poniendo su nombre y apellidos aparecía su dirección o el número de su casa. ¡Y apareció! Llamé a su casa y lo cogió él, se había quedado dormido. Al final todo salió bien pero lo pasamos muy mal, fue uno de los momentos más duros de la fase del rodaje.

El cortometraje se financió con la ayuda de El Circo de Grandes Vinos y Viñedos, la compañía de telefonía Funker y la venta de cupones en los que se sorteaba una noche en un Balneario. Gracias a esto el equipo recaudó cerca de mil trescientos euros.
El cortometraje se financió con la ayuda de Grandes Vinos y Viñedos, la compañía de telefonía Funker y la venta de cupones en los que se sorteaba una noche en un balneario. Gracias a esto el equipo recaudó alrededor de 1300 euros.

Algunos de los actores vinieron desde Madrid, ¿por qué esa apuesta?

Cuando tuvimos el guion vimos claro que queríamos actores profesionales, pero además con recorrido y que fuesen jóvenes. Al principio disparamos muy alto pero nadie nos hizo caso. Luego utilizamos dos estrategias: primero conseguir algún actor de Madrid y que este se pusiera en contacto con otros y paralelamente hicimos un casting en Zaragoza, porque no sabíamos si lo de Madrid iba a funcionar. En el casting de Zaragoza descubrimos al protagonista, Eduardo Paradera, y nos sorprendió tanto que al instante supimos que le íbamos a dar el papel. Pero en ese casting el resto de personas no nos convencían demasiado. Por eso ampliamos al resto de España.

Dos de los actores de Desconexión —Álvaro Díaz y Cristina Abad— son fichajes recientes las series de Televisión Española Seis Hermanas y Acacias 38, ¿cuánta responsabilidad tiene el cortometraje de esto?

La verdad es que nuestro corto les ha servido de videocurrículum. De hecho, cuando presentaban el personaje de Cristina en Acacias 38 mencionaban Desconexión. Esta experiencia les ha venido muy bien para seguir avanzando en su futuro profesional.

Los actores nunca habían ensayado juntos, ni siquiera se conocían, además teníais un máximo de 12 horas para rodar…, ¿cómo conseguisteis que esto saliera bien?

Todos nos sorprendimos de cómo funcionaron las cosas. Álvaro Díaz me dijo lo sorprendido que estaba de la química que habían tenido entre ellos y conmigo, y de lo bien que estábamos sacando las escenas. Es cierto que esto nos preocupaba pero una vez ahí, todos cambiamos el chip. Yo como director traté, con un discurso inicial, de animarles e incentivarles a que por encima de todo disfrutasen y sacasen lo mejor de ellos. Todo funcionó como la maquinaria de un reloj suizo. ¡Hasta nos sobró tiempo!

¿En qué punto os encontráis ahora?

Ahora estamos en fase de distribución en festivales, pero tengo muchas ganas de distribuirlo de manera gratuita por internet para que cualquier persona, desde cualquier sitio pueda verlo y darnos su opinión —este momento llegará en julio o agosto—.

Aunque de alguna manera esto acaba de empezar…, ¿tienes otro proyecto entre manos?

Hay ideas anotadas en cuadernos y quién sabe, igual alguna de esas ideas se materializa en el futuro, pero por ahora eso es todo.

 

 Por María Muruzábal

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *