Café con Nacho Estévez, el Niño

Genio de la guitarra, formado en el mismísimo Liceo de Barcelona, y cofundador de la Escuela de Flamenco Los Cabales, Nacho Estévez, el Niño (Zaragoza, 1978) vuelve a sorprender a la ciudad que le vio nacer con un espectáculo muy especial: Flamenco Osaka, que presenta este fin de semana en el Teatro del Mercado, junto al bailarín Ryo Matsumoto. Qué mejor que tomarnos un café con él para ponernos al día.


Nacho Estévez

La boca me sabe a sangre (2013) es el áblum en solitario del guitarrista Nacho Estévez. Un título que proviene de la cita de la cantaora Tía Anica, la Piriñaca: «Cuando canto bien, la boca me sabe a sangre». Foto: Rabanaque / Moreno

—¿Cómo te introdujiste en el mundo del flamenco?

De casualidad y sorprendentemente sin ninguna influencia, salvo escuchar un casete de Paco de Lucía que había por casa. No hubo ni tradición familiar, ni nada… Solamente escucharle a él; algo que le ha pasado a millones de personas en el mundo.

—¿Qué es para ti el flamenco?

Es mi forma de vida, no cambiaría lo que hago, no esperaría tener un trabajo mejor. Disfruto mucho con mi trabajo que además tiene muchas facetas, como dar clases, conciertos y conocer mundo. Siento que me ha tocado la lotería, aunque también cuesta mucho mantener la disciplina y seguir estudiando todos los días.

—¿Con quién diste tus primeros pasos?

Mis padres me pusieron un profesor particular de guitarra y a partir de ahí me fue picando el bicho, hasta tal punto que un año después, con 14 años, ya estaba dando mi primer concierto.

Hay que estudiar de manera mecánica, pero también hay que vivir lo que es la juerga, la fiesta… Yo digo que la juerga flamenca es una asignatura más a la hora de tocar esta música. Hay que conocer la cultura gitana, cómo viven y cómo han vivido.

—¿Cómo ves el panorama del flamenco en Zaragoza?, ¿hay afición?

A todo el mundo le sorprende mucho y cuando hablo con artistas de otras partes de España alucinan, hoy en día en Zaragoza hay cuatro o cinco conciertos de flamenco a la semana. Son en salas pequeñas, como La Bóveda y El Zorro, y con artistas locales, y ciclos que promovemos, por ejemplo, desde la Escuela de Flamenco Los Cabales, o desde el Ayuntamiento… Son para un público minoritario, pero tampoco podemos pretender que sean conciertos para quinientas personas.

—Este fin de semana presentas Flamenco Osaka en el Teatro del Mercado, ¿qué nos vamos a encontrar?

Una pedazo de banda con unos músicos buenísimos, tres bailaores, dos cantaores, un percusionista, una violinista y la razón de ser, la cabeza de cartel: Ryo Matsumoto, el Cigarrón de Jeréz. El espectáculo lo hacemos a medias, él coreografía las canciones de mi primer disco de guitarra, La boca me sabe a sangre, y a partir de ahí ha ido evolucionado hasta unir, por ejemplo, unas alegrías de Cádiz con un kimono y una bata de cola. El nombre surge porque Matsumoto es de Osaka; es básicamente un espectáculo que demuestra que el flamenco está abierto a todo el mundo. No hay que ser gitano y haber nacido en Jerez… hay que estudiarlo y trabajar duro.

Flamenco Osaka

Flamenco Osaka es un espectáculo único que se podrá disfrutar los días 16 y 17 de enero.

—¿Cómo os conocisteis el Cigarrón de Jeréz y tú?

Fue curioso, estaba dando un concierto en la Casa de las Culturas de Zaragoza y justo en la última canción, un tío saltó al escenario y empezó a bailar muy espontáneo, la sorpresa fue que era japonés. Le dije: «Si vienes a Zaragoza podemos hacer alguna cosa», y resultó que había recibido el Premio Nacional de Baile en Japón, y que lleva 27 años viviendo en Sevilla y bailando flamenco.

—¿Se puede vivir de la música?

Sí, pero hay un concepto equivocado. No se puede vivir solo de los conciertos, puede ser una etapa de tu vida, pero no todo se puede basar en eso. Debe ser un abanico lleno de posibilidades: la enseñanza, promocionar la venta musical, la edición de partituras, trabajar componiendo para otros… hay muchas facetas dentro de la música para que se pueda vivir de ella.

—¿Por eso decidisteis montar la Escuela de Flamenco Los Cabales?

Sí, era una base y sustento económico. Pero también nos gusta mucho dar clase, de hecho, Alejandro Monserrat y yo, que montamos juntos la escuela, llevamos más de quince años en ello. Queríamos una sede en la que poder ofrecer enseñanza de calidad, con aulas, horarios y un local apropiado para que el alumno esté cómodo.

—¿Qué tipo de clases impartís?

Se puede aprender percusión, cajón flamenco, cante, guitarra, baile y algo novedoso que es hacer cuadros o combos. Esto significa que varios alumnos de diferentes disciplinas tocan juntos para tener una experiencia real. De hecho estos mismos alumnos están empezando a dar conciertos. Además, en la escuela organizamos jornadas gastronómicas una vez al mes. Digamos que hacemos una juerga para que todo el mundo saque la guitarra, cante…. nos tomamos unos vinitos y practicamos.

—¿Nunca es tarde para aprender flamenco?

El rango de edad de nuestros alumnos es bastante amplio, desde los 25 hasta los 70 más o menos. Nuestra satisfacción es ver cómo la gente se supera. Personas que no esperaban aprender a tocar flamenco resulta que llevan cuatro o cinco obras de Paco de Lucía. Cuando alcanzan esto para nosotros es una realización tremenda.

—¿Otra de tus facetas podría ser la de programador de conciertos?

Más que como programador, han surgido muchas cosas por amor al flamenco, por intentar hacer algo por el flamenco en Zaragoza. Desde luego no he sido yo solo, es un arte y tiene que ser para todos. A cuanta más gente llegue, más escuelas haya y más movimiento se genere, mejor.

—¿Ahora mismo qué proyectos tienes en marcha?

Seguir con mi disco, con Flamenco Osaka y con otro espectáculo con Beatriz Gimeno que se llama Pasionata Lírica Flamenca. Beatriz es la mejor mezzosoprano que hay ahora mismo en Aragón, y con ella estamos haciendo temas de García Lorca interpretados con flamenco. Este espectáculo es material de auditorio, canto lírico mezclado con flamenco puro.

—¿Qué consejo le darías a alguien que quiere iniciarse en el mundo del flamenco?

Sobre todo que hay que empezar escuchando y con la mente muy abierta. Da igual qué escuches, lo importante es que lo hagas, puede ser Morente, La leyenda del tiempo de Camarón o Paco de Lucía, pero lo importante es escuchar. No te tiene porque gustar todo, el flamenco es tan amplio que es un error pensar que debe gustarte todo, aunque una cosa te puede llevar a la otra. En cualquier caso el flamenco es maravilloso.

 

Por Elisa Plana

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