Café con Refree

Raül Fernández Miró (Barcelona, 1976), más conocido como Raül Refree, es uno de los productores más reconocidos del país; ha trabajado con Rosalía, con Silvia Pérez Cruz o con Lee Ranaldo, de Sonic Youth. Además, también es un destacado compositor que aguarda en su discografía numerosos discos en solitario, con distintas colaboraciones o hasta bandas sonoras que ha hecho para directores como Isaki Lacuesta. Jorge Martínez se reúne con él para así conocer más a fondo a este artista que ha llevado el flamenco a los terrenos más vanguardistas.


Refree y Lee Ranaldo. Foto: Celso Pinto (El País). Fuente: Raül Refree.

– ¿Qué discos te han marcado o son una referencia para ti desde el punto de vista de la producción?

Al final, yo pienso que los gustos –supongo que a ti te pasa lo mismo– van girando y dándose la vuelta y a veces vuelves a un sitio donde estabas… y sí que hay discos que me han marcado, obviamente, me han marcado los Beatles muchísimo y grupos de los 60 como los Zombies que tienen producciones que me gustan mucho o… es que más que marcarme a nivel de producción, pienso que me han marcado a nivel de que me han gustado mucho. Estaba pensando en un disco de Frank Sinatra que se llama Watertown que es maravilloso y que me gusta mucho cómo está orquestado, el problema es que, más que la producción de ese disco, me gusta la orquestación, como los discos de Phil Spector, que también me gustan mucho sus producciones, pero también me gustan mucho y creo que sobre todo; los arreglos. Y después, en los últimos tiempos yo pienso que me interesa mucho lo que hace Kanye West, me parece súper interesante a nivel de producción. He leído varias cosas últimamente como que dicen que está perdiendo un poco el norte y tal, pero cada disco que produce me parece que tiene cosas interesantes. El otro día escuchaba el de Pusha T, que empieza con un tema alucinante producido por Kanye West.

– En los últimos años has producido discos que esencialmente se sitúan en un no-flamenco u otro-flamenco, se crea así un juego donde se reniega de que eso sea flamenco mediante la constante alusión al término. No es un sí-alternativo o sí-x, sino un no-flamenco. En todos estos discos hay una fuerte personalidad en el sonido, y a su vez se le concede un espacio privilegiado al cantaor. Hablo por ejemplo de El Niño (Rocío Márquez), Los Ángeles (Rosalía) o Antología del Cante Flamenco Heterodoxo (Niño de Elche). Desde mi punto de vista, esto forma parte de un flamenco que ha sabido templar aquella explosión estética de los 60-70 que marcó un canon y unos referentes, un flamenco que ha sabido buscar por otras rendijas y, a fin de cuentas, hacer una lectura esencial del lenguaje y sus posibilidades. ¿Qué rendijas son estas? ¿Encuentras aquí un movimiento anterior del que te sientes parte?

Son muchas preguntas en una y voy a intentar organizar la respuesta, pero pienso que la razón principal por la cual voy a construir el mensaje, o a partir de la cual voy a construir lo que te voy a contar, es que yo nunca sentí un interés por el flamenco ni tuve una educación de flamenco. Yo tuve una educación de música clásica, en casa siempre, y después de rock and roll, metal –de Black Sabbath y de grupos setenteros– y después de cosas más pop y soul, pero, es decir, lo que quiero resaltar es que de pequeño en casa nadie escuchaba flamenco y lo que yo escuchaba de pasada no me interesaba, y no fue hasta más tarde, cuando al trabajar con Rocío Márquez y con Kiko Veneno, yo creo que los dos fueron culpables (en el buen sentido, obviamente) que me enseñaron un montón de flamenco. El otro día por ejemplo en una entrevista me preguntaban, «pero ¿cómo puede ser que cuando hablas de una seguidilla hables de Black Sabbath», y yo decía, «porque este es mi referente en realidad». Porque a lo mejor si hubiera sido al revés, si hubiera escuchado mucho flamenco, yo compararía a lo mejor Black Sabbath con algo de flamenco, pero lo contrario, yo escucho una seguidilla tocada a la antigua y tengo la sensación de que tiene el peso de cosas que he escuchado en mi vida, el peso del drone, o del riff de Black Sabbath.

Refree. Foto: Óscar García (RDL). Fuente: Raül Refree.

Después con todas las virguerías que pueden hacer los guitarristas actuales, que no digo que no estoy interesado, pero a mí lo que me interesa es el peso cuando guitarristas antiguos, cuando escucho flamenco antiguo, creo que su manera de acompañar tiene un peso y una suciedad que a mí me interesa mucho porque entronca con, primero, una manera que me interesa de ver la música o mi manera de ver la música, que no es pulcra ni es clínica, y por otro lado porque también entronca con algo que me interesa en la música popular, en el blues de los años 20, 30 y me interesa en las señoras asturianas cantando con la pandereta, que es esa sensación de estar escuchando, y ya no hablar de pureza, porque a los flamencos les gusta mucho hablar de pureza y no estaríamos de acuerdo con el tipo de pureza que ellos hablan, pero sí que encuentro algo que es súper creíble, 100 % creíble, que es la realidad, no hay otra cosa, es que la mujer que toca la pandereta y canta una muñera o un pandero cuadrado, pues me parece que hace eso porque le sale de las entrañas y eso me interesa mucho y es lo que también busco cuando escucho y cuando toco flamenco.

Entonces plantearme, cuando nunca me he planteado en mi vida, unos límites (porque intento no tener límites cuando trabajo) de golpe, cuando he estado trabajando dentro de un marco partiendo del flamenco, sentir que me aprietan para que diga «eso no es flamenco», pues mira, es que me da igual lo que es, es lo que es, y cuando me viene alguien y me critica y me dice «es que esto no es flamenco», pues le doy la razón, no lo es, no sé lo que es. Y a lo mejor eso es la rendija, no saber lo que es.

El Niño de Rocío Márquez es uno de mis discos favoritos, hay temas como El Venadito o Una rosa que nos hablan desde un lenguaje fresco y lúcido. ¿Cómo se cocinó todo aquello?

Antes, por ejemplo, el conductor que nos ha traído me decía que a él le gustaba mucho ese disco y que al principio él lo escuchó a partir de saber que lo había producido yo y que de golpe se encontró con una parte que es mucho más flamenco clásico, que lo hizo otro productor, y él dice, «al principio me sorprendió, pero después me parece que es muy interesante ver las dos vertientes», y a mí me lo pareció siempre. Creo que es un disco donde Rocío tuvo claro que quería hacer una parte de homenaje a Marchena donde fuera un cante más clásico, un homenaje de guitarra y voz, más ortodoxo de alguna manera, a mí me encanta esa parte, y otra conmigo que fuera mucho más de investigación, porque en esa parte yo creo que Rocío reivindicaba el punto de experimentador que tenía Marchena, y entonces básicamente nos juntamos con Rocío y yo eso creo que fue, a parte del disco de Las Migas y de trabajar con Kiko, que bueno, con Kiko siempre tienes un aire flamenco, yo creo ese fue el primer disco donde yo me di de bruces con el flamenco de verdad, de escuchar flamenco antiguo con la reinterpretación de eso y me sorprendí de lo mucho que me inspiraba.

No voy a decirte que me salieran las ideas muy fáciles, pero sí que me sentía cómodo por ejemplo en la Rosa, que nombrabas, tocando el piano o el Rhodes en ese caso, también pensando un ritmo de batería que me parecía que unas alegrías como esas eran muy claras a nivel de patrón rítmico. Mira, otra vez te voy a contar una cosa que creo que no habré dicho nunca; cuando yo pensaba en ese patrón, pensaba en grupos como más de postcore, si quieres, como Slint o como los temas más tranquilos de Codeine. Cosas así pensaba, o Don Caballero, que hacían patrones rotos, pero muy claros, que no era como cuando escuchas algunos discos de flamenco con batería que hacen mucho redoble, sino que son patrones muy claros, y me inspiré con eso y vi como una conexión, y yo creo que ese fue el primer momento que me di cuenta de que –y también en el disco con Silvia Pérez Cruz al reinterpretar a Morente– había un camino que tenía muchas ganas de explorar ahí.

– En tu último disco (La otra mitad) te vales de grabaciones de campo o samples de cantaores con los que has trabajado para construir varios de los temas, recordando a los trabajos de Roberto Musci, a las recomposiciones minimalistas de Max Richter o a aquel Pequeño reloj de Morente. No es nada común, al menos que a mí me conste, trabajar estas técnicas sobre música de tintes tradicionales. La tecnología hace que la barrera que separa al que escucha música y al que la hace se vaya difuminando. ¿Cómo te enfrentas a estas cuestiones de collage, error y manipulación?

La otra mitad (Refree, 2018). Fuente: Raül Refree.

Es una pregunta interesante. Pienso que la tecnología de la era digital sí que ha cambiado algo en ese sentido porque, por ejemplo, en este disco he utilizado grabaciones de campo y he utilizado también voces de, por ejemplo, está Rocío Márquez, pero está tan manipulada y tan cambiado el pitch que la gente se cree que es un hombre. Sí que nos permite esto, pero antiguamente con la cinta ya hubo mucha gente que trabajó en la música concreta… A mí lo que me interesa de todo esto, más que la inserción de sámplers, es la creación de un nuevo escenario, de un nuevo vestido para cosas que han sido grabadas con otros fines, en otra dirección. Es decir, coger la voz de un niño cantando en San Fernando que ha cantado en medio de la calle y que no tiene un tono concreto, en el sentido de que no está atado a un instrumento armónico, y de golpe otorgarle una orquestación a eso, que podrían ser muchas, pero en ese caso es esa, me parece interesante, porque es como resucitar un sonido y vestirlo.

Es hacer lo contrario a como se hacen los discos habitualmente y eso me parece que me interesa mucho, y me interesa mucho también de todo esto, otra vez, la imperfección –que para mí está a veces más cerca de la perfección que no la misma perfección de la perfección– de los amateurs, de las voces amateurs o de las voces grabadas de cualquier manera. Obviamente estoy interesado en los discos muy bien grabados y tal, pero estoy muy interesado en la gente cantando en la calle y grabando, como te digo, sin pensar que eso va a ser un disco. Grabar una canción y grabarlo por diversión o porque les apetece y si está desafinado da igual porque es incluso más emocionante a veces.

– En muchas de tus obras encontramos un hermanamiento entre las formas flamencas o tradicionales con las llamadas técnicas extendidas (formas inusuales de tocar la guitarra o de tratar la voz). Todo esto me hace pensar en las conexiones que se están estableciendo en ese sentido entre una revisión de la estética flamenca y toda aquella escena vanguardista de John Zorn, Marc Ribot, The Lounge Lizards, Arto Lindsay… Hay aquí una cita de John Zorn que nos viene al pelo:

Todos los distintos estilos están conectados orgánicamente entre sí. Soy una persona aditiva: en el almacén de mi conocimiento se va quedando todo lo que hago. La gente está tan obsesionada con la superficie que no puede ver las conexiones, pero están ahí.

¿Cómo ves este tema? ¿Todo está más cerca de lo que puede parecer en un primer vistazo?

Yo sí, no puedo hacer otra cosa que darle la razón a John Zorn. Parece que de golpe nos hayamos vuelto todos bibliotecarios y necesitemos indexar cualquier cosa y al final a mí me preguntan a veces: «¿Qué música te gusta?». ¿Qué significa eso? «Pero ¿te gusta el rock?». Me gustan cosas. «¿Te gusta el jazz?». Cosas. «¿Te gusta el flamenco?». Cosas. Hay cosas que me gustan y otras no, y eso es el tejido que define mi gusto estilístico, y eso no quiere decir que yo tenga un gusto por encima de los demás ni mucho menos, sino que es el mío y es el que yo utilizo para crear, y este gusto se va alimentando de las cosas que escucho y va creciendo hacia algún lado, lo cual no quiere decir que evolucione o involucione, sino que va hacia un lado, entonces todos esos filamentos que unen los estilos cada vez para mí son más fuertes y al mismo tiempo las separaciones están más difuminadas porque cuando me gusta algo de música africana sé que es una sensación que también la tengo cuando escucho algo de flamenco que me gusta o cuando escucho algo de metal que me gusta, y eso no lo puedo explicar. Me dices: «¿por qué te gusta esto sí y esto no?». Te podría explicar algunas cosas, pero al final es una cuestión de epidermis, 100 % epidérmica.

– En este sentido también creo que aporta la siguiente cita de Israel Galván:

La época que viene creo yo que es más mental, no es tan rítmica, no es tan armónica, es como más… eh… digamos, a lo mejor el futuro del flamenco son gente que no son flamencos, son los que verdaderamente entienden el flamenco como raíz, y saben que no pueden copiarlo, entonces lo transforman en otra cosa.

¿Todo lo que fluye tiene por causa un deseo insatisfecho?

¡Guau! Son muchas cosas esta pregunta, también. Todo lo que fluye, el motor de la creación es muy raro, pueden ser muchas cosas. Puede partir de una frustración, sí que es cierto que es muy difícil crear algo interesante a partir de la comodidad, de sentirse muy bueno en lo que haces, eso yo creo que no… Tienes que estar en una zona de no confort, tienes que sufrir y tienes que no estar convencido de lo que estás haciendo y sentirte días que eres una mierda porque si no, eso no va a ningún sitio. Esto lo digo muchas veces y lo he leído alguna vez, creo que lo dije así un día en una entrevista y dije «mira, esto lo creo de verdad»; creo que un género, para sobrevivir, tiene que tener los que cuiden de la tradición por muy equivocados que puedan estar en lo que es la tradición en realidad porque a veces ya contradicen una cosa que tiene 20 o 30 años y no es la tradición real, pero su tradición está muy bien que la cuiden, pero después, y eso muchos no se dan cuenta, tienen que haber otros que experimenten, que lleven ese género más allá, y eso, no hablo de flamenco, hablo de cualquier tipo de música o de pintura o de danza, y entonces para experimentar hay que romper, es la única manera, y hay que crear materiales incómodos.

– ¿Qué relación tienes con el silencio?

Mucha relación y cada vez más. A veces me gusta más cuando no toco que cuando toco, creo que hay discos que he hecho últimamente, por ejemplo, creo que Los Ángeles, el disco que hice con Rosalía, creo que me gusta cuando no toco, también. Hay momentos cuando toco que me gusta, pero creo que el silencio que hay es muy importante y cada vez veo más paridad en lo que hago con el silencio y el no silencio. Creo que cuanto más sé jugar con el silencio, más emoción tengo cuando toco, cuando rompo el silencio. Creo que cuando estábamos juntos tocando con Rosalía eso lo exploramos un montón, no sé por qué a la gente le incomoda el silencio, pero no me parece mal porque me permite a mí jugar un poco más aún. Me acuerdo que había momentos cada vez más en los conciertos que dejábamos como silencios incómodos que nos quedábamos respirando los dos porque estábamos agotados a lo mejor en un momento y eso era como muy emocionante, para mí era súper emocionante. No sé por qué es tan incómodo en los últimos años el silencio, pero a mí me encanta.

– ¿Qué músicos o artistas españoles en activo te resultan excitantes?

He tenido mucha suerte de trabajar con la gente con la que he trabajado. Me parece excitante la mayoría de gente con la que he trabajado [risas]. Me parece excitante Niño de Elche, un montón. Me parece Rocío Márquez muy excitante. Incluso ahora los dos han hecho dos discos, Rocío por su lado y Niño de Elche en Colombiana, me parecen igual de excitantes, no solo por haber trabajado conmigo. Ahora estoy trabajando con un chico de Asturias que coge la música popular y la lleva hacia la experimentación (y estamos haciendo un disco que yo creo que será chulo) que se llama Rodrigo Cuevas y estoy muy contento de trabajar con él, creo que es muy interesante. Me parecen excitantes cosas que pasan en la música urbana también, escucho Yung Beef, me gusta lo que hace y ahí pasan muchas cosas, o Kinder Malo, toda esta gente creo que están haciendo cosas que están muy bien. Y después gente mayor, me gustan muchos flamencos, me gusta el timbre áspero de Tomás de Perrate, me gusta Kiko, siempre me gustará… ¿Qué más? No sé.

– Vale, está bien, no has dicho pocos [risas].

[Risas]. No, no, no…

– Pues muchas gracias, Raül.

 

Por Jorge Martínez Casasnovas

Imagen destacada: eldiario.es

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