«Capitana Marvel»: un «blockbuster» como de 1995

Capitana Marvel (Anna Boden y Ryan Fleck, 2019) supone la primera adaptación al cine de imagen real de Carol Danvers, la heroína creada por Gene Colan y Roy Thomas hace ya 51 años. Con su estreno, la historia protagonizada por Brie Larson ha reventado la taquilla y ha dividido bastante al público, aunque la crítica ha mostrado generalmente opiniones más favorables. Pero, en definitiva, todo el mundo coincide en una cosa: deja con ganas de más. Capitana Marvel podría haber sido una mejor película. ¿Y por qué incluso sin esperar nada puede decepcionar? Y no decepcionar en el sentido de que es una mala película, está lejos de serlo, pero queda lastrada por su ritmo y su desinflada emoción, y aunque no termina de funcionar del todo, tiene algunas buenas ideas.

Capitana Marvel (Carol Danvers) en los cómics. Fuente: Marvel.com.

La pareja de cineastas que ha dirigido la película, Boden y Fleck, previamente había nadado en el cine indie con La última apuesta (2015) o Una historia casi divertida (2010), y ahora se ha lanzado a las superproducciones partiendo de un guion que nace del trabajo de hasta cinco personas diferentes. ¿Será esta la causa de que se sienta como que no lo ha escrito nadie en concreto? Capitana Marvel cuenta la historia del origen de Danvers como superheroína. Es 1995 y estamos en el planeta Hala. Al principio conocemos a Danvers como Vers, una Kree que lucha en la Fuerza Estelar junto a su mentor, Yon-Rogg (Jude Law), quien trata de que Vers controle sus emociones al luchar debido al enorme poder que le permite lanzar rayos por las manos. Los Kree están en guerra con los Skrulls, una raza de metamorfos que cuentan con un agente Kree encubierto en sus filas al que Vers y compañía irán a rescatar en una misión en la que nuestra heroína es finalmente secuestrada. Vers consigue escapar de las manos de estos tipos y acaba parando en el planeta C-53, es decir, la Tierra.

Hasta aquí es sorprendentemente aburrida. Hay algún chiste medio gracioso por ahí y visualmente no está mal; los efectos están muy conseguidos, aunque no hay un estilo propio, que digamos. Pero, más allá del entrenamiento entre Vers y Yon-Rogg y de las visiones que nuestra protagonista tiene sobre cierta mujer mayor, poco hay a lo que agarrarse en este tedioso, pero lleno de acción, comienzo. A partir de aquí la cosa mejora ligeramente. Como ahora estamos en la Tierra, la película adopta la estética noventera (impostada o no, es uno de los principales ganchos de la peli), y así empieza la búsqueda de identidad por parte de Vers/Danvers como un pez fuera del agua en una suerte de buddy movie llena de referencias a la época de The Smashing Pumpkins y Nine Inch Nails. Desde Mallrats (Kevin Smith, 1995) a El Príncipe de Bel-Air (Andy y Susan Borowitz, 1990), pasando por la Game Boy, PJ Harvey, los muñecos troll o chistes sobre la lentitud de los viejos ordenadores. Por supuesto, la música también está cargada con algunos de los cañonazos de la época: Garbage, Nirvana, Elastica, Hole, No Doubt… Un poco de nostalgia barateja que tampoco hace demasiado daño y que es de agradecer frente al ya cansino revival ochentero. Y, por cierto, el cameo de Stan Lee es uno de los más entrañables (especialmente lo ha sido para cierto director de cine).

Nick Fury (Samuel L. Jackson). Foto por Chuck Zlotnick. Fuente: Marvel.com.

Tras un aterrizaje forzoso en un Blockbuster, Danvers intercambia unas palabras que parecen sacadas del mismísimo Buzz Lightyear (Tim Allen) con un más o menos convincentemente rejuvenecido Nick Fury (Samuel L. Jackson). Efectivamente, con el actor que interpretara a Jules en Pulp Fiction (Quentin Tarantino, 1994) las partes humorísticas están en buenas manos. Y el gato que nos encontramos más adelante también tiene su gracia, sin ser tan hilarante como las risas del público parecen hacernos creer. Fury y Danvers se complementan bien, hay química entre estos dos personajes, incluso es difícil no acordarse de Terminator 2: El juicio final (James Cameron, 1991), tanto por la interacción entre los personajes como por los metamorfos, las peleas callejeras o hasta el atuendo molón que se agencia Danvers y la moto que le roba a cierto cretino. Y hablando de ciencia ficción noventera protagonizada por Arnold Schwarzenegger (sí, el T-800 es el verdadero prota y no John Connor), los creadores de Capitana Marvel también avisaron de que películas como Desafío total (Paul Verhoeven, 1990) serían una influencia parcial. No cuesta imaginar a Danvers como una Douglas Quaid (Schwarzenegger) moderna en perpetua búsqueda de su verdadera identidad.

Carol Danvers tiene carisma, puede que no la veas como un derroche de expresividad, pero es que tiene ese punto del T-800 con su emoción contenida (muy al hilo de su historia con Yon-Rogg), su humor, humanidad y relación con otros personajes. Y aunque Brie Larson hace un buen papel, nos deja un personaje que quizá resultaría más creíble si nos hubieran contado mejor su vida previa. Se echa en falta más de la historia de Danvers antes de ser Vers. Más momentos de verdad en lugar de unos flashbacks que, aunque sirven para entender el mensaje de superación del personaje, resultan más carentes de alma que otra cosa. La relación de Danvers con Maria Rambeau (Lashana Lynch) tampoco te la crees del todo. Se supone que la amistad de estas dos chicas es uno de los puntos fuertes de la peli, pero no hay momentos entre ellas verdaderamente memorables, así como sí los tiene Danvers con Monica Rambeau (Akira Akbar) o con Fury. De hecho, Maria es un personaje de lo más anodino.

Hacia el final, la película no vuela tan alto como debería. Están pasando muchas cosas muy emocionantes y eso se supone que te tiene que llegar, pero no cala hondo realmente, no ha habido un encanto suficiente como para que importe de verdad lo que está pasando. Sea como sea, no dejas de ir con Danvers, la has visto levantarse tras cada caída y es reconfortante ver cómo les da su merecido a los malos tras un momento visualmente digno de Dragon Ball Z (Akira Toriyama, 1989). De nuevo, todo ello puede resultar bastante aburrido, de todas formas. El clímax de la película deja una sensación agridulce, es satisfactorio solo a medias, porque es cierto que, de haberse usado ese mismo recurso al principio (ya en el entrenamiento con Yon-Rogg), quizá podríamos haber asistido a un final mucho más imaginativo y potente.

Capitana Marvel se ha convertido en un blockbuster de ciencia ficción moderno arrasando en su estreno mundial con una recaudación de 455 millones de dólares. A ratos entretenida, a ratos aburrida, con algunos muy buenos personajes, un ritmo algo extraño, algún agujero de guion por ahí y llena de acción noventera, la vuelta de Marvel a las películas de orígenes está bien, pero poco más, aunque no haya ningún momento en el que pienses que es un completo desastre, tampoco es de extrañar que pueda decepcionar. Más que una película de 2019, es como uno de esos entrañables taquillazos de los 90, pero de los que no dejan un poso verdaderamente profundo, a pesar de que el tema de la superación personal sea muy inspirador. Tampoco hay que olvidar que no son películas dirigidas exclusivamente a gente adulta.

 

Por Marcos Jiménez Lobera

Imagen destacada: Marvel.com

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