CATEGORÍA III: KL MAUTHAUSEN. EL DESCENSO AL INFRAMUNDO NAZI BAJO LA MIRADA DE JOSÉ EGEA PUJANTE

CATEGORÍA III: KL MAUTHAUSEN. EL DESCENSO AL INFRAMUNDO NAZI BAJO LA MIRADA DE JOSÉ EGEA PUJANTE

Querido abuelo:

Esta exposición es para ti. También para tu padre y para tus compañeros, pues no nos olvidamos de ninguno, pero especialmente para ti.

A ti, que me guiaste por Mauthausen aquel mayo de 2005 mientras yo intentaba guardar cada recuerdo en mi retina y en mi corazón. Recuerdo cruzar contigo, a tu lado, bajo el gran portalón de Mauthausen, tal y como tú habías hecho de la mano de tu padre aquel ya lejano 27 de enero de 1941, el día de tu vigésimo cumpleaños.

Me enseñaste el Mauthausen de los años de la Europa negra. Un Mauthausen sombrío, helador, lleno de terror, de miedo, de vidas vacías. De muerte. Recuerdo bajar la Escalera de la Muerte, peldaño a peldaño, los 186 escalones, contigo agarrado de mi brazo, de la misma manera en que tus compañeros hacían por sostenerse, aguantando la tormenta de vejaciones nazis.

Me enseñaste Gusen, donde creíamos que habían asesinado a tu padre, desconociendo que, en realidad, fue en el Castillo de Hartheim, un 15 de agosto de 1941. Me enseñaste lo que duele no tener dónde llorar a un padre.

Por otro lado, me enseñaste el Mauthausen de los homenajes, de los reencuentros, de las flores, de los abrazos fraternales. Lo viví contigo, el 5 de mayo de 2005, mientras sostenía el estandarte con el triángulo azul de los deportados españoles, frente a nuestro monumento. Y ahí, de pie, me enseñaste el valor de la vida, del compañerismo, de la solidaridad humana y de la libertad. Me enseñaste a ser lo que soy hoy. Y bajo ese estandarte juré seguir luchando, incansablemente, por vuestra-nuestra memoria.

En enero de 2010 volví a Mauthausen, gracias a Ramón J. Campo y a todo el equipo de Factoría Plural. Pero esta vez sin ti. Allí sentí, en mi propia piel, el frío invierno austriaco. En un Mauthausen en silencio fui recorriendo sus adoquines cubiertos por un palmo de nieve. La nieve crujía bajo los pies. Me imaginé el crujido que ocasionaban cientos de pies caminando en el último halo de existencia, arrastrándose hasta las barracas, esperando la sirena que de madrugada daba comienzo a una nueva jornada de trabajos forzados y torturas. Sentí la inhumanidad que se respiraba en el ambiente. Bajo un cielo encapotado, Mauthausen se volvía cada vez más y más desolador. Se convertía en la fortaleza gris que atemorizó y sesgó miles de vidas. Entre ellas, las de mi propia familia. Mauthausen nos cambió tanto, a ti y a mí. Mientras mi mente cavilaba por el Mauthausen de los años 40, recordé que guardaba en mi móvil la fotografía que os hicisteis el grupo de deportados españoles que sobrevivisteis a la barbarie. Recuerdo contemplarla y sonreír. Vosotros disteis vuestra vida por la libertad de los hombres, luchando contra el fascismo hasta sus últimas consecuencias. No os importaba arriesgar vuestra propia existencia por una causa mucho mayor. Y dentro del campo este espíritu quedó patente, dejando perplejos hasta a los propios nazis, caracterizados por una frialdad premeditada. Como todo en Mauthausen, calculado hasta el último milímetro para ser una máquina exterminadora. Hasta que llegaron los españoles. Ese pequeño grupo de almas vapuleadas por su propio país. Condenados al exilio, se alistaron en las Compañías de Trabajadores Extranjeras y decidieron emprender una afrenta directa contra el nazismo. Afrenta que continúo en Mauthausen. Quisieron despojaros de vuestra identidad, asignándoos números y el triángulo azul de los apátridas. Qué va. Vosotros erais mucho más que eso. Erais fuerza, coraje, quizá también un poco de descaro ante la vida. Pero, por encima de todo, erais compañerismo, la fuerza del grupo. Y eso os hizo seguir con la moral indemne, a pesar de las atrocidades que os rodeaban día a día.

«Categoría III: KL Mauthausen. El descenso al inframundo nazi bajo la mirada de José Egea Pujante» intenta plasmar todo lo anterior. Todo lo que me enseñaste. Y todo lo que aprendí de ti.

Así que decidí contar vuestra historia, la de un padre y un hijo que emprendieron un viaje hacia los límites de la humanidad. Y allí, donde culminaba su existencia anterior, se dieron la mano y entraron en el abismo. Oscuro como la boca de un lobo, decías. Y, a través de vuestra historia, quise contar la de muchos otros que se desvanecieron en la noche y en la niebla. Sus voces no se apagarán mientras los recordemos. La historia culmina, en los paneles, con la liberación. Cuando muchos se sentían libres, para vosotros comenzaban tortuosos caminos hacia la libertad plena en una España sumida en una dictadura. Caminos de incertidumbre, pero llenos de esperanza. Y, abuelo, ese es el mensaje que quería que quedara tras el visionado de los paneles. Mauthausen, el único campo del universo concentracionario nazi de categoría III, no pudo con los republicanos españoles.

Esta exposición se inauguró el 5 de mayo de 2019 en Villamayor de Gállego, con motivo de la conmemoración del aniversario de la liberación de Mauthausen. Espero que ese día, y los que siguieron, te llegara, donde estés, el cariño de todas las personas que te recuerdan.

Hoy, «Categoría III» vuelve a ver la luz gracias al Servicio de Actividades Culturales de la Universidad San Jorge, Cultura USJ, que han querido acoger un poquito de ti, y un poquito de mí. Y, cada vez que alguien es conocedor de vuestra historia, esta permanece en la memoria colectiva. No podría sino agradecer a la USJ haber recibido vuestra historia con los brazos abiertos. Espero que, también desde allí, percibas el cariño y el respeto con el que la han tratado.

Este es mi homenaje para vosotros. Para ti, abuelo.

Judith Miralles Egea

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