Crónica de Taburete o cómo pasar de «grupi» a compañera de fiesta

Crónica de Taburete o cómo pasar de «grupi» a compañera de fiesta

Si al despertarme la mañana del sábado alguien me hubiera contado cómo iba a acabar el día, habría pensado que seguía soñando. Os pongo en situación, después de 48 horas duchándome, comiendo, andando y hasta durmiendo con Taburete, el gran día había llegado.


CONCIEERTO TABURETE
«Electro chotis con toques new age pero tranquilito», es la descripción de la música de Taburete según su página de Facebook.

Corrían las ocho de la tarde, el tiempo era bueno y la compañía inmejorable, pintaba bien. Por aquel entonces yo estaba completamente centrada: Taburete, cerveza, Taburete y cerveza otra vez. En ese momento la música de los madrileños se había convertido en uno más de nosotros.

El sol se ponía y mis ganas aumentaban; a las diez y media comenzó el caminito al motel, perdón al concierto. Las Armas y su ambiente alternativo, indie, moderno, lúdicofestivo, nos dieron la bienvenida. Olía a fiesta, bueno a fiesta y a comida culpa del Catatruck. Ya no había marcha atrás.

Me bebí los nervios y fumé la espera, pasadas las once y media, tras el himno del Real Zaragoza con el que se ganaron a buena parte de los presentes el silencio se apoderó de la sala, contuve la respiración y… grité. ¡Willy Bárcenas y los suyos habían aparecido! Vale, lo acepto, que el hijo de Bárcenas fuera el vocalista del grupo daba morbo, pero puedo prometer y prometo que bastó una canción (México DF) para olvidar por completo ese detalle.

Willy Bárcenas
Guillermo Bárcenas, más conocido como Willy, es el vocalista y líder de Taburete.

La sala pasó de cero a cien en cuestión de segundos y lo cierto es que los chicos de Taburete mantuvieron el nivel durante todo el recital. Con canciones como Dos Tequilas, Mariposas y Amos del piano bar la petaron. La conexión entre los artistas y el público fue absoluta. El grupo dio una auténtica lección de entrega sobre el escenario, muchas «estrellas» deberían aprender de ellos.

Yo canté, bailé, salté y hasta me enamoré platónicamente. Y ellos cantaron, bailaron, saltaron y… no, no se enamoraron lástima. Canciones del primer disco intercaladas con algunas del segundo se sucedían; cada vez quedaba menos de concierto, pero de repente el tiempo se paró y los decibelios del lugar se dispararon: ¡Caminito al Motel!

«Y esto ya se acaba, esto ya se cierra, la gente ya se marcha, cerrad la puta puerta» eso era lo que creíamos pero estábamos equivocados, Taburete nos había guardado un par de sorpresas, y de nuevo volvió a suceder: ¡Caminito al Motel! Echamos el resto ­que se lo digan a las grupis de primera fila que invadieron el escenario y se comieron a los artistas.

La 1 de la mañana puso punto final a un gran concierto. Yo me quedé con ganas de más y no fui la única. Para algunos había sido el mejor día de su vida lo escuché literal no podía acabar así… entonces, el milagro se obró. Hay que tener amigos hasta en el infierno (que se lo digan a Cuca…), lo que sucede a partir de aquí es difícil de explicar.

María y Willy
Documento gráfico que confirma la continuación del concierto de Taburete por las calles de Zaragoza.

Los que estaban sobre el escenario, a los que vitoreé durante más de una hora, estaban con nosotros, como les gusta decir a ellos, eran nuestros «compañeros de joda». La noche se terció de lo más surrealista, guitarra en mano recorrimos Zaragoza, disfrutando por segunda vez del recital. El concierto privado acabó con el huevazo que tiró algún vecino con intachable puntería, todo hay que decirlo y con la llegada de la policía que por ser la primera vez quedó en aviso.

Pasadas las 5 de la mañana volví a mi cama, ¿estaba soñando?, ¿había sucedido de verdad? Ahora no tengo duda, hay una evidencia además de las gráficas que lo confirma… ¡Desde ese día estoy terriblemente enfriada! Gracias, Taburete, por mi congestión nasal, mi dolor de cabeza y por hacerme vivir pegada a un pañuelo, pero gracias sobre todo por hacer de la noche de San Jorge una noche mágica.

 

 

 

Por María Muruzabal

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