David Lorenzo Cardiel: «La poesía tiene un arraigado pasado, un intenso presente y un futuro prometedor»

David Lorenzo Cardiel: «La poesía tiene un arraigado pasado, un intenso presente y un futuro prometedor»

David Lorenzo Cardiel (Zaragoza, 1993) publicó hace dos años su primer poemario, Tierra de nadie (Anorak Ediciones) y desde entonces no ha parado de escribir: colabora en el suplemento «Artes y Letras» de Heraldo de Aragón, con varias revistas culturales (como Turia y Afcar Media) y tiene su propio blog literario. A finales de 2019 publicó su segundo libro, Hablar despacio, que continúa el camino trazado por Tierra de nadie y con el que ya ha cosechado magníficas críticas.

Fotografía de Elda Maganto Ollero

_______________________________________________________________


¿Qué pueden esperar los lectores de Hablar despacio?

Hablar despacio es una oda a la reflexión desde la sensibilidad y las vivencias que, como seres humanos, a todos nos atañen y vamos experimentando a lo largo de nuestras vidas. El lector que se adentre en las páginas del libro se encontrará reconocido a través de la sutil belleza que ofrece la poesía.


¿Qué tiene en común y qué lo distingue de tu anterior poemario, Tierra de nadie?

Hablar despacio continúa el trabajo iniciado con Tierra de nadie, y en este sentido es un poemario que, como el primero, posee un marcado carácter filosófico. Pero en este libroparto de las propias experiencias vitales que nos son comunes a cada uno de nosotros para alcanzar lo universal desde lo particular y efímero. En el libro trato de combinar sentimiento y reflexión utilizando la poderosa concisión en la palabra que ofrece el género literario de la poesía para invitar al lector a indagar en las propias cuestiones que le atañen como ser humano, como lo son el sentido de vivir, el lugar que ocupamos en el mundo, el amor romántico y la naturaleza de la amistad, por ejemplo.

¿Qué influencias o referentes destacarías durante el proceso creativo de Hablar despacio?

A lo largo de las páginas de Hablar despacio susurran numerosas influencias: desde clásicas, como Homero, Catulo, Marcial, Virgilio y la poesía de la tradición china (de hecho, en el poema Una muchacha pobre homenajeo al poeta Qin Taoyu), a más recientes y contemporáneas, como Antonio Machado, Federico García Lorca, Anna Ajmátova, Alejandra Pizarnik, Manuel Vilas, Antón Castro, Marta Fuembuena y Pilar Adón, entre tantas y tantas lecturas cosechadas a lo largo de mi vida.

¿Cuál es tu rutina a la hora de escribir? ¿Sueles buscar la inspiración de algún modo antes de comenzar?

Suelo ser muy puntilloso con las rutinas. Concibo la escritura como un placer que es, al mismo tiempo, oficio. Y todo oficio requiere constancia. Como sostenía Aristóteles, somos animales de costumbre. Así es como enfoco la escritura de mis reseñas y columnas para Heraldo de Aragón y Afcar Media, y cuando trabajo la narrativa y el ensayo. Primero defino de qué quiero hablar exactamente, esquematizo el contenido y detallo al milímetro cuánto debe abarcar cada párrafo, capítulo o sección. Pero todo cambia cuando escribo poesía. El proceso se invierte. Primero, me asalta la pulsión de aquello que deseo escribir, y si no quiero perder el poema debo tomar nota inmediata de él. Las palabras fluyen sin buscarlas ni meditarlas. Pero el proceso no se detiene en el poema emanado. Una vez escrito es necesario trabajarlo intensamente: analizar cada verso, estudiar qué persigo comunicar en él y escoger, por tanto, la palabra adecuada. Cuando uno de mis poemas llega a las manos del lector hay detrás un gran esfuerzo por combinar brevedad y belleza manteniendo lo más intactamente posible aquello que expreso en cada pieza.

Fotografía de Elda Maganto Ollero

¿Cómo ves el futuro de la poesía? ¿Crees que se le da menos importancia que a la narrativa?

La poesía es un género literario muy especial: persigue alcanzar la esencia mediante la brevedad formal. Es decir, aspira a comunicar mucho con pocas palabras. Esto obliga al escritor a detenerse y a reflexionar en abundancia sobre qué palabras deben construir el poema, en qué orden y de qué manera, y así transmitir de la mejor forma posible aquello que se desea decir. Pero este reto también afecta al lector, que ante el poema se ve habitualmente invitado, además de a disfrutarlo, a pensarlo.
Explicado esto, no considero tanto que se le dé menos importancia a la poesía frente a otros géneros literarios, pero sí que desde el desarrollo de la novela moderna se ha ido arrinconando a un papel secundario en la tradición lectora occidental. Y es muy curioso, porque circulan dos mitos en torno a la poesía: uno sostiene que es la culminación de la literatura, la más excelente de sus expresiones (por las características que he contado, con base en la tradición oral, que se apoyaba, precisamente, en las narraciones poéticas), y el otro que es un arte más prosaico que la propia narrativa y que carece de contenido. He llegado a encontrarme a una conocida escritora –me abstengo de decir quién– que afirmó, en un club de lectura, la tremenda burrada de que la poesía se asemeja al arte moderno y cada lector la dota de la interpretación que quiere otorgarle, sugiriendo que carece de significado propio.
Así que entre mito y mito sucede el triste fenómeno de que multitud de lectores no se atreven con la poesía, y la verdad es que lejos de ser un arte difícil para el lector resulta especialmente cómodo de abordar, sobre todo en nuestros tiempos acelerados, capaz de ofrecer diversas capas de significado y de aportar una belleza estética y léxica imposible de asemejar mediante los otros géneros literarios, por notables que sean los esfuerzos que se impriman en este sentido. La poesía tiene un arraigado pasado, un intenso presente y, auguro, un futuro prometedor. Está más viva que nunca, y los cada vez más crecientes y nutridos circuitos poéticos demuestran este axioma.

Cuéntanos algo sobre tus proyectos futuros.

En estos momentos estoy trabajando en un proyecto especialmente ilusionante: un cuento infantil basado en una leyenda oriental que actualizo a nuestra idiosincrasia moderna y europea que espero pueda estar en librerías en 2021, aunque ahora, en medio de la terrible vorágine de la pandemia, el horizonte literario es inestable e incierto. Más adelante tengo previstos varios ensayos filosóficos (en especial, uno acerca de una cualidad esencial del ser humano, la bondad). Y ya para el futuro desearía embarcarme en otro proyecto de narrativa, quizás una novela, pero por el momento aún no tengo nada definido sobre ello.

Fotografía de Elda Maganto Ollero

Por Jorge Traín y Lola Basavilbaso

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *