Diez preguntas a Francisco J. Vas

Diez preguntas a Francisco J. Vas

Zaragozano licenciado en Ingeniería Técnica Industrial, Vas comienza su formación musical como violinista. En 1980 se traslada a Barcelona para estudiar violín junto con Eva Graubin en el Conservatorio Municipal de Barcelona y, posteriormente, inicia sus estudios de canto.


Emprende sus estudios operísticos con la Maestra Dolores Aldea y consecutivamente se introduce en el conocimiento del oratorio y el lied. En 1996 recibe una beca de la Comunidad Europea para recibir clases con la Maestra Margarita Lilowa en Barna, Bulgaria. Completa su formación asistiendo a cursos y masterclass de figuras internacionalmente reconocidas en el mundo de la música como Magda Olivero, Aldo Baldin o Jeerzy Artysz.

Realiza su debut en el Giravolt de Maig de Toldrà en el Teatro Romea y posteriormente en Il Barbiere di Siviglia en el Teatro Vitoria. Consolida su carrera en España, apareciendo asiduamente en las temporadas de teatros como el Teatro Real, Palacio Euskalduna, Teatro de la Ópera de Santiago de Compostela, Teatro de la Zarzuela de Madrid y Teatro de la Maestranza de Sevilla. Entre sus interpretaciones más destacadas valdría subrayar sus apariciones en el Teatro Real como Schmidt en Werther, Don Riccardo en Ernani, Lord Arturo en Lucia de Lammermoor, el estreno mundial de La Señorita Cristina de Luis de Pablo, L´enfant et les sortileges de Ravel y Beppe de Rita.

Trabaja regularmente con directores de orquesta de la talla de Sebastian Weigle, Michael Boder, Josep Pons, Victor Pablo Pérez, Bertand de Billy, Maurizio Benini, Marc Piollet, Fabio Luisi, Harry Bicket, entre muchos otros.

Francisco Vas aparece en diversas grabaciones de sellos discográficos tan destacados como Deutsch Grammophon, Opus Arte, Unitel Classica, EMI, Bel Air, entre otros. De las cuales señalamos Les Contes d’Hoffmann junto a Patricia Petibon, Gurre-lieder con Melanie Diener, Manon junto a Natalie Dessay y Rolando Villazón, Tannhäuser con Peter Seiffert o Carmen con Roberto Alagna y Beatrice Uria Monzón.

Entre sus compromisos más recientes podemos destacar el rol de Edrisi de Król Roger en el Palacio Euskalduna; en el Gran Teatre del Liceu, Andres, Cochenille, Franz y Pitichinaccio de Les Contes d’Hoffmann; su debut en el rol de Loge en Das Rheingold; Goro de Madama Butterfly; la Atlàntida en versión concierto en el Gran Teatre del Liceu y en Auditorio de Madrid; el retorno a su aclamado rol como Abate di Chazeuil en Adriana Lecouvreur en el Palacio Euskalduna y Tosca en el Gran Teatre del Liceu.

Francisco Vas
Francisco Vas ha recibido excelentes críticas por su actuación en Tosca

—¿Hay antecedentes musicales o especiales influencias en tu familia? ¿Te animaron o se extrañaron de que quisieras ser cantante de ópera?

No hay antecedentes musicales de manera activa aunque sí de manera lúdica; a mi padre le gustaba escuchar zarzuela y mi madre tenía cierta empatía hacia lo sinfónico.

Mi trayectoria estaba enfocada hacia la ingeniería y telecomunicación así que la perspectiva de apartarme de los logros y seguridades de esos campos no fue muy aplaudida que digamos.

—¿Cómo fueron tus comienzos en la lírica? ¿Tuviste especiales dificultades o fue relativamente fácil?

Solitarios y bastante osados. Una vez que me afiancé como violinista en diversas orquestas y cuartetos, di un salto hacia la actividad vocal. De ahí, mediante un compendio de disponibilidad, aptitudes, tesón y buena fortuna me vi inmerso en este fabuloso mundo de la ópera. Como la mayoría de la gente, imagino, el principio fue una transición débil y preocupante, desde un punto de vista económico, pero luego los contratos se fueron sucediendo de una manera continuada y la confianza de los teatros en mí se vio reforzada.

—Ser cantante lírico exige esfuerzo, estudio, sacrificio, movilidad… ¿Es difícil elegir entre ser cantante de ópera o una profesión, digamos, más convencional?

Estoy seguro de que cualquier tipo de profesión que se base en tus aptitudes, las cuales tienes que demostrar continuamente y sin obviar que pueden ser mermadas por un sin fin de agentes externos (afecciones vocales, estados de ánimo, gripes, catarros…), estará de acuerdo conmigo en que puede ser el juego de la ruleta muchas veces. A todo esto hay que añadir viajes que, aunque al principio pueden ser emocionantes, te alejan de tu familia y seres queridos y que llevan a una atenuada soledad si no hay complicidad en el elenco de turno.

Uno se sumerge en este oficio solo y exclusivamente por amor al arte y por las ganas de subirse a un escenario, expresarse y conectar con el público. Cada día es diferente y eso lo hace vivo, atractivo y desafiante. Esto no lo da una profesión convencional, en la ópera al igual que en el teatro uno está siempre en la cuerda floja pero las satisfacciones que produce son únicas.

—¿Cómo es actualmente tu día a día laboral?

Mi día a día depende de si estoy inmerso en una producción o no, pero como norma general hay una buena parte de estudio de nuevos proyectos, ejercicios de calentamiento y técnica vocal y otra (aunque sin obsesiones) de ejercicio físico para engrasar la maquinaria y que responda a la infinidad de exigencias de los directores de escena. Cuando estoy en casa disfruto de mi vida familiar e intento conservar las amistades pese a mi tipo de vida y horarios.

—¿Cuál ha sido hasta ahora tu mejor momento vivido en la profesión?

Yo diría que hay muchos momentos dignos de recordar: Glyndebourne, Bastille, Ginebra… pero quizá el que afianzó mi carrera fue la inauguración del Teatro del Liceo en Turandot, cosa que no estaba prevista y que a una semana, decidieron que el trío de ministros Ping, Pang, Pong al que yo pertenecía pasase a cantar el día de la inauguración, retransmitida en todo el mundo.

En una carrera muy consolidada ya, has realizado multitud de papeles importantes. ¿Qué papel que no hayas hecho te gustaría interpretar y dónde?

Para mí es muy importante afrontar cada rol, ya sea grande o pequeño, clásico o contemporáneo, de una manera fresca y como si fuese el papel de mi vida, poniendo todas las ganas y el ingenio que me sea posible. Todos los papeles tienen un jugo que extraer y disfruto haciéndolo con mayor o menor fortuna.

Francisco Vas  obtuvo el Premio de Interpretación en el IV Concurso Nacional de Canto ONCE'89
Francisco Vas obtuvo el Premio de Interpretación en el IV Concurso Nacional de Canto ONCE’89

—Cítanos algunos de tus cantantes preferidos.

Hay muchos cantantes y en ellos siempre hay cosas que admiras y quieres investigar y otras que no te convencen tanto, es muy diferente ver a un cantante en un vídeo o sentado en una butaca o trabajar en una producción a su lado. Admiro la condición humana de muchos cantantes, la destreza técnica de otros, las condiciones vocales entendidas como instrumento que la vida ha regalado a ciertas personas, el gusto musical y delicadeza de fraseo en otras y la fuerza escénica que alguna gente desborda en el escenario. Cuantos más cromos de estos tengas mejor será tu álbum de cantante.

De todos es sabido que hay y ha habido voces excelentes. No quisiera por enumerar a algunos dejar otros en una posición secundaria, pero por citar a alguno de los que he tratado me gustaría citar a Jaume Aragall, de una riqueza vocal solo apreciable en el directo y solo conocida por los más aficionados a la ópera, y Graham Clark al cual tengo un cariño especial y del que he aprendido muchas cosas. Citados estos, a modo de homenaje personal, diré que los cantantes no son buenos para todo y que me gusta seleccionarlos según lo que quiero oír.

—¿Cómo ves actualmente la situación de la lírica en España y, particularmente, en Aragón, desde tu atalaya liceística?

Por fortuna hay mucha inquietud y buenas ideas pero por desdicha no hay casi ningún apoyo para nuevos proyectos en España y particularmente en Aragón. La cultura necesita del apoyo de los gobiernos y todos sabemos cuál es la actual situación. No creo que una orientación educativa y social hacia las virtudes de la economía y productividad sea promotora de una sociedad mejor; la cultura es vida y sobre todo es calidad de vida.

Al menos, es mi punto de vista y enseñar música o dibujo o expresión corporal en los colegios no es ninguna tontería, es desarrollar otro lenguaje que nos da otras perspectivas en un día a día tan maltratado por programas de televisión de entretenimiento, telediarios, gente sin escrúpulos, maltratos gratuitos y otras joyas en las que se sustenta una sociedad voraz.

—Cuéntanos tus proyectos inmediatos y cuál ha sido tu reciente experiencia con esa esplendida Norma del Liceu en tu rol de Flavio, el amigo de Pollione.

Participar en una producción como Norma donde el reparto de cantantes es tan importante para el éxito ha sido muy gratificante y me quedo corto. Creo que el nivel del elenco en los dos repartos ha sido un lujo. Todas mis alabanzas hacia Sondra Radvanovsky, con la que ya había trabajado en Tosca y como no, Gregory Kunde de los que me considero amigo y que por supuesto están en mi larga lista de cantantes preferidos con un montón de cromos en su favor, cantantes impresionantes y personas entrañables.

Próximamente vuelvo al Liceo con Carmen, Tosca en Sevilla, Magnificat de Bach en Zaragoza, Otello en el Festival Castell de Peralada y Tosca en San Sebastián para finalizar la temporada.

—La lírica es una actividad ilusionante y difícil; un camino largo y lleno de retos. ¿Qué consejo darías a quienes están ilusionados y comenzando a recorrerlo?

Mi consejo es la ilusión por encima de todo y la sentencia es que el único que llega es el que continúa. Nada importan las condiciones que uno tenga si se para en el camino. Disfrutar es lo más importante en esta vida y hacerlo mientras caminas es lo óptimo.

 

Gracias, Francisco Vas, y que sigan los éxitos en tu espléndida carrera.

 

Por Miguel Ángel Yusta

 

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