Diez preguntas a Ruth Iniesta

Diez preguntas a Ruth Iniesta

Nace en Zaragoza y desde muy corta edad siente pasión por el canto. A los 10 años, se inicia en danza clásica, escuela bolera y danza moderna. Tras cuatro años de estudio de piano, lenguaje musical y coro en la escuela Dionisio Aguado, a los 18 años accede al Conservatorio de Música de Arturo Soria, en Madrid, donde comienza su carrera de canto con la maestra Virginia Prieto para más tarde acceder a la Escuela Superior de Canto de Madrid con su misma maestra, obteniendo allí la licenciatura en Teatro Lírico en 2013.

Complementa su formación con el asesoramiento del maestro Giulio Zappa y el maestro Juan Lomba. Compagina sus estudios (donde obtiene mención honorífica en todos los cursos) con su carrera en teatro musical, interpretando papeles protagonistas en grandes producciones musicales como We Will Rock You, Hoy no me puedo levantar, Los Miserables…

En el año 2011 resulta ganadora del premio a la mejor intérprete de música española del XIII Concurso Internacional de Canto Jacinto Guerrero. Recibe premio especial en el Concurso Internacional de Canto de Bilbao en diciembre de 2012, gracias al cual viaja a Austria para recibir clases magistrales de la mano de la soprano Helen Donath (Mozarteum) y el pianista Istvan Cserjan (Viena).

Durante la temporada 2012-2013 participa en las visitas guiadas del Teatro de la Zarzuela, montaje bajo la dirección de Enrique Viana con texto original del mismo. Es invitada como solista al concierto de presentación de la Orquesta de la Universidad Complutense, realizado en el auditorio de El Escorial en julio de 2013. Encarna a Clarita en La del manojo de rosas en la temporada 2013-2014 en el Teatro de la Zarzuela, bajo la dirección de Emilio Sagi y el maestro Miguel Angel Gómez Martínez.

También ha debutado como Giannetta en L’elisir d’amore en el Kursaal de San Sebastián y el Teatro Principal de Zaragoza, y como Elisa de Montellano en El diablo en el poder de Barbieri,  en el Teatro de la Zarzuela. En septiembre de 2014, consigue el tercer premio en el Concurso Internacional de Canto Montserrat Caballé celebrado en Zaragoza.


Ruth Iniesta
La joven zaragoza, Ruth Iniesta, ya ha representado más de 20 papeles entre ópera, zarzuela y oratorio

—¿Hay antecedentes musicales o especiales influencias en tu familia?

Mi bisabuelo materno, Enrique Iniesta, fue un estupendo y famoso violinista, ganador del Sarasate. La música en muchas de sus vertientes siempre ha sido gran protagonista en mi familia, aunque a nivel profesional solo se dedicó mi bisabuelo.

Tuve apoyo incondicional siempre por parte de mi madre, pero también hubo quien tenía sus recelos y me decían aquello de «busca una profesión de verdad». De todas formas, lo de decantarme por la ópera fue mucho más tarde… ¡Y eso sí que les sorprendió!

—¿Cómo fueron tus comienzos en la lírica? ¿Tuviste especiales dificultades o fue relativamente fácil?

Tuve la suerte de ganar el tercer premio en el primer concurso de canto al que me presentaba, Jacinto Guerrero. La final se celebró en el Teatro de la Zarzuela y gracias a ello, Paolo Pinamonti me escuchó y decidió darme una oportunidad con un pequeño papel que guardo con cariño: Carmela en La vida breve.

A partir de ahí, por suerte, vino todo rodado con roles cada vez más grandes. Así pude ir aprendiendo poco a poco y ganando seguridad. Cada vez son más horas de estudio y más exigencia, como es lógico. Las oportunidades que te trae la suerte de la vida, no las mantienes si no trabajas cada día para mejorar.

—Ser cantante lírica exige esfuerzo, estudio, sacrificio, movilidad… ¿Es difícil elegir entre ser cantante de ópera o una profesión, digamos, más convencional?

Cuando lo sientes dentro tan intensamente, la decisión viene sola. Te tiene que gustar viajar y pasar tiempo a solas, perfeccionar y aprender. Sin eso, supongo que se haría cuesta arriba. Obviamente, es una profesión dura; te expones a juicio constantemente, se te exige un nivel de perfección «de disco» y no hay que olvidar que somos personas ante todo.

Yo siempre digo que hay que vivir feliz y si en algún momento esta profesión me hace estar infeliz, buscaré otra ocupación. Por el momento, gana la parte positiva y el subirme al escenario me renueva por dentro.

 —¿Cómo es actualmente tu día a día laboral?

¿Día a día? ¿Eso existe? Es constantemente cambiante. Dependes de los horarios de ensayo, después de los horarios de las representaciones, de los viajes, y de ti mismo las temporadas «libres». Y lo digo entre comillas, porque esos días en los que no viajas, ensayas o tienes función, tienes que organizar tus horas de estudio en casa para preparar el repertorio. Conclusión: nada aburrido.

—¿Cuál ha sido hasta ahora tu mejor momento vivido en la profesión?

Afortunadamente ha habido muchos y no sabría elegir solo uno. Por poner uno reciente, el recital «improvisado» que di en el ambigú del Teatro de la Zarzuela en el marco de las actividades de «Madrid, otra mirada». Habrá quien diga que no es nada importante, pero fue una experiencia maravillosa tener al público tan cerca y tan entregado, mostrando tanto interés y cariño. Era entrada libre y se llenó con tantísimo público que el personal de sala (¡gracias!) hizo un verdadero tetris para poder poner más sillas. Trajeron sillas de los palcos, bancos… ¡Y aun así se quedó gente en la calle! Para que luego digan que no hay público interesado… Fue genial ver esas sonrisas y ojos tan abiertos entre las butacas. Al fin y al cabo, esa es la mejor de las recompensas.

—¿Qué papel te gustaría interpretar y dónde?

 Hay muchos. Me encantaría encarnar a Gilda, Manon (Massenet), Juliette… Y como escenarios, sería una maravilla poder cantar en la Staatsoper de Viena, en la Opera Garnier, La Fenice…

—Cítanos algunos de tus cantantes preferidos.

Diana Damrau es mi mayor referente. Admiro su forma de dar sentido a cada coloratura, cada adorno, cada palabra. Mariella Devia también es un faro al que seguir. Y qué decir de Pilar Lorengar, Teresa Berganza… La lista es muy larga.

—¿Cómo ves actualmente la situación de la lírica en España y, particularmente, en Aragón?

De momento solo conozco de primera mano el circuito madrileño y aragonés y he de decir que es un circuito cerrado y en el caso de Aragón, con apoyo nulo. Siempre digo que sería una maravilla tener un sistema parecido al alemán con sus ensembles estables en cada teatro para hacer repertorio todo el año y dar trabajo de forma estable a tantos artistas. En España hay mucho talento por explotar.

En mi opinión, una compañía joven establecida en el Teatro de la Zarzuela que reavivase el género español a la manera de los ensembles germanos, sería una gran iniciativa. Además, no es que haya falta de público precisamente, porque los amantes y curiosos de y por la lírica son muchos.

—Cuéntanos tus proyectos inmediatos y cómo ha sido tu reciente experiencia con Luna de miel en El Cairo.

Luna de miel en El Cairo ha sido una experiencia preciosa y divertida en la que he aprendido tanto a nivel profesional como a nivel personal. He tenido la gran suerte de contar con unos compañeros estupendos dentro y fuera del escenario y con la mano de Emilio Sagi, que ha funcionado a modo de «empujoncito en la espalda» para caminar los pasos necesarios para avanzar.

Esta semana acabo de estrenar el rol de Adina en una divertida producción de gira que dirige Nacho García. Un placer de música y una buena oportunidad para rodar el rol.

Tengo un recital en Atenas, homenaje a Elvira de Hidalgo (maestra de María Callas) y cuando vuelva a Madrid comenzaré los ensayos de La ópera de las cuatro notas, en los Teatros del Canal, bajo la dirección de Paco Mir y la batuta de Manuel Coves. Más adelante tengo previstos un par de conciertos de zarzuela en Rusia con el maestro Borja Quintas. ¡Ajetreada y contenta! Me gustaría volver pronto por el Principal de Zaragoza o el Auditorio, pero ya se verá si salen fechas.

—La lírica es una actividad ilusionante y difícil; un camino largo y lleno de retos. Ruth, ¿qué consejo darías a quienes están ilusionados y comenzando a recorrerlo?

Paciencia. Hace falta muchísimo trabajo personal, tener buenas personas al lado que te escuchen y te guíen es imprescindible, pero no es tan fácil encontrarlas. Hay que tener paciencia y la seguridad de que tu trabajo bien hecho, se verá recompensado. Te van a decir que «no» por el camino, pero muchas veces no dependerán de ti. Son muchos los factores en juego. Sobre todo hay que trabajar humildemente y tener la confianza para saber esperar.

Gracias, Ruth, y que sigan los éxitos en tu espléndida carrera.

 

Por Miguel Ángel Yusta

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