En busca del poeta Antón Castro

En busca del poeta Antón Castro

Antón Castro y la poesía debería ser el título de esta reseña, sin lugar a dudas, pues la aparición de un nuevo libro de poemas no hace otra cosa que poner de manifiesto algo que todo el mundo sabe, que algunos dejan escrito (como José Luis Melero en su prólogo, o Fernando Sanmartín en la solapa, o Miguel Mena en anteriores publicaciones) y que todos sus lectores disfrutan en cada uno de sus libros pertenezcan estos al género literario que sea: la poesía y él caminan juntos siempre.


 

Seducción, Antón Castro, Zaragoza, Olifante, 2014, 85 pp, 15 euros.
Seducción, Antón Castro, Zaragoza, Olifante, 2014, 85 pp, 15 euros.

Se me hace raro hablar de la creación poética de Antón Castro y circunscribir el texto solo a los libros publicados dentro de los marcos de lo que es aparentemente el género, es decir, Vivir del aire (Olifante, 2010), El paseo en bicicleta (Olifante, 2011), este Seducción que nos ocupa (Olifante, 2014) y la antología Versión original (Isla de Siltolá, 2012). Tengo la sensación de que para tener una visión general de su concepción poética hay que remontarse a sus libros en prosa, a sus ediciones (como la de las cartas de Julio Antonio Gómez, El corazón desbordado, también editado por Olifante en 1989) incluso a sus post.

Seducción es un libro híbrido, de esos que conviven en la ya inexistente frontera genérica y que ofrecen al lector la posibilidad de entenderlo como un registro poético, como un diario o como un texto vinculado a un lenguaje íntimo y sumamente emocional. Porque Antón Castro es un escritor que siempre expone sus emociones en el texto, que vibra en sus versos y hace que el lector comprenda que hay vida tras ellos. Difícilmente encontraremos un verso hermético, cosa que este lector agradece (y mucho), y su constante ruptura del éxtasis lírico con elementos de la vida cotidiana hacen del poeta, y parafraseando al propio autor, «igual a los demás hombres» (este verso pertenece al poema «El poeta interrumpido» de su libro Vivir del aire, y es uno de mis favoritos de la poesía escrita en Aragón en lo que va de siglo).

Apasionado, arrebatado, cercano, candoroso, tierno y un sinfín de adjetivos semejantes podrían definir un poco de lo que contiene este poemario, pero hay en él también una visión que acepta resignada el incoherente día a día, esa sinrazón llamada vida en la que lo que hoy parece seguro mañana es presa de la incertidumbre o la pérdida.

«Amor y bricolaje» es mi poema favorito del libro. En él el lector ha de encontrase al poeta más cercano y más real (y realista, claro): «Déjame que te lo diga. Mejor: déjame que lo piense: / en esta casa solo soy algo feliz por verte feliz a ti / pero vivo con la sensación de que no tengo / ni un instante de respiro. Todo es demasiado provisional». Cada uno hará una lectura de estos versos citados, pero yo podría convertirlos en mi personal himno generacional, esa melodía que nos recuerda que estamos todo el tiempo de paso, que la felicidad no es la meta sino el camino, que el amor y el trabajo dejaron hace tiempo de ser indefinidos y se han convertido en temporales, y que todo alrededor a veces es hostil y nos hace daño, pero que nos queda la posibilidad de ser felices a través de hacer feliz a alguien, si es que ese alguien existe (o somos capaces de encontrarlo).

Pero el poema continua siendo fascinante desde un punto de vista teórico, pues incluye una autodefinición estupenda: «Ya lo sé: soy aprensivo, temeroso, dubitativo. / Antes que contigo, me he casado con el pánico. / ¿Sabes si se heredan los miedos y la incertidumbre? / Vivo en la cuerda floja permanente». Yo aplaudo el tono del poema, el tono que adopta el poeta y esa sensación confesional que comparte con nosotros un pensamiento que hace en voz alta a su mujer (se entiende por el texto, claro). Me gusta esa sensación de honestidad brutal que dimana del poema, me gusta sentir que comprendo el sabor agridulce una vida plena que en el día a día a veces se complica y otras solo contiene luces (me viene a la cabeza un verso de José Luis Rodríguez García que dice «a veces vivir es acostarse cansado» o aquel verso de Sergio Gaspar de Estancia: «Definitivamente no seré feliz…») y ese llanto contenido del que afronta una batalla diaria y hace frente a la desilusión y el agotamiento con energías salidas de lugares que algunos no podemos ni imaginar.

Y es un poema que me gusta, también, porque abre ese vínculo evidente de Antón Castro con la música, una constante en su vida, en su trabajo y una banda sonora (que también queda expuesta desde, incluso, un preciosismo formal que evidencia su virtuosismo verbal y emocional en su poema «Tchaikovsky») que supongo acompaña estos días, estos poemas: «Entonces, me callo y te miro. / Desde aquí o desde allá. Desde la ventana mientras suenan / Regina Spektor, Suzanne Vega, Carole King o Noa». En resumidas cuentas, es un poema brillante que a mi modo de ver hace las veces de piedra roseta para comprender al poeta y entender mejor el texto (sí, ya lo sé, todos pensáis que la biografía y estos detalles no son importantes para comprender un texto, o no son importantes… pero ahí están…).

El lector encontrará en Seducción un poemario estructurado en cuatro partes bien diferenciadas y un epílogo, que sirven a la perfección para comprender el universo poético de Antón Castro, bien por la naturaleza poética de los textos en prosa, bien por los poemas más tradicionalmente estructurados y aquí comentados, bien por los nombres que acompañan a los mismos o por la banda sonora que se puede extraer ellos. Y eso es mucho, muchísimo, la posibilidad de entender a alguien, de ir en busca del poeta y encontrarlo entre las páginas de su libro.

 

Por Nacho Escuín

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