Entre las bambalinas de «Los Miserables»

40 escenarios, 300 trajes, 90 pelucas y un equipo de más de 80 personas son los que hacen posible que durante casi tres horas, el musical Los Miserables haga vibrar al público (hasta el 12 de octubre en el Palacio de Congresos de Zaragoza). Nos colamos en su backstage para conocer todos sus entresijos.


DESDE CONTROL DE MANDO

Regidor de Los Miserables, el musical

«Nuestro trabajo es que todo el mundo haga su trabajo en su momento», Juan Carlos Fernández (regidor).

Tres días y tres noches son necesarias para dar forma a todo el material que, transportado en 11 tráilers, recrea la Francia revolucionaria. «En cada lugar hay una adaptación; transformamos todo para que el público de cualquier parte del mundo vea el mismo espectáculo», señala el regidor, Juan Carlos Fernández.

Fernández, junto a otro regidor, coordina a los actores y todos los movimientos y cambios de escenografía, desde el puesto de control de mandos, con ocho cámaras que le permiten controlar el escenario y dar órdenes de entrada y salida mediante «un sistema de semáforos».

Una jornada habitual comienza dos horas antes del espectáculo con «la pasada», la revisión de telares, luces, micrófonos, instrumentos… Una hora después, los actores calientan la voz con el director y pasan a vestuario, peluquería y colocación de micrófonos con un horario minucioso.

ENTRE CORSÉS, PELUCAS Y MIRIÑAQUES

Sastrería Los Miserables, el musical

«Los trajes están muy bien ambientados; no hay cremalleras y todo funciona con corchetes, botones, corsés…», Pilar Pareja (sastrería)

Cada actor se cambia de vestuario una media de 15 a 17 veces por lo que el equipo de sastrería, formado por nada menos que diez personas, ha de preparar cada cambio por orden de aparición.

La jefa de Sastrería, Pilar Pareja, señala como momento más crítico el primer cambio de vestuario del protagonista, Jean Valjean, en el que cinco técnicos tienen que modificar su apariencia por completo en tan solo dos minutos. «Es una coreografía en la que nada puede variar para que todo salga bien. A veces surgen nervios por cualquier imprevisto porque estás en directo, pero esa es la magia del teatro».

Peluquería Los Miserables, el musical

«Cada peluca se adapta a los rasgos físicos naturales de cada actor», Sandra Lara (peluquería y maquillaje).

La obra transcurre a lo largo de casi veinte años, por ello, Sandra Lara, jefa de Peluquería y Maquillaje, y su equipo han de envejecer progresivamente los rostros de muchos de los actores, «es un proceso natural y gradual en el que vamos marcando ojeras, arrugas, palidez… Nosotros ayudamos a que los actores se vean más mayores y ellos nos ayudan a nosotros a que el público aún lo note más a través de su interpretación».

EL RESULTADO

Esta evolución en los personajes es una de las principales dificultades con las que se encuentran los actores. Daniel Diges confiesa que el papel de Jean Valjean es el más duro de su carrera, pero también con el que más está disfrutando: «Una evolución emocional tan increíble exige muchísimo, tanto vocal como interpretativamente. Entre un cambio y otro tienes que pensar qué edad tienes, en qué momento estás y en lo que siente el personaje».

Diges en Los Miserables

Vocalmente Diges ya era toda una garantía. En Los Miserables, su trabajo corporal, sin duda, le consolida como actor.

Todas las expectativas que pudimos generar entre bastidores se cumplieron desde el primer minuto. Los Miserables, el musical, supera enormemente en agilidad a su versión para la gran pantalla. Aunque la calidad musical de un gran directo como este siempre suma —sobre todo dejándote llevar por voces como la de Elena Medina (Fantine)—, la vertiginosidad de los cambios de decorado y, sobre todo, los recursos visuales proyectados (dibujos originales del propio Víctor Hugo) logran que en ocasiones veamos estampas que enorgullecerían al mismísimo Eugène Delacroix.

Si tuviéramos que ponerle un pero, sería que, si bien, el Palacio de Congresos de Zaragoza, cumple técnicamente los recursos que necesita un montaje de esta envergadura, el tamaño de su auditorio hace desde las últimas filas no se pueda vivir en su totalidad la gran experiencia que supone Los Miserables.

Por Leyre Beazcochea y Elisa Plana

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *