Gervasio Sánchez: « «Antología” es una exposición dura porque la guerra lo es y soy cuidadoso en mis fotografías»

Premio de Periodismo Rey de España, Premio Nacional de Fotografía, Premio Derechos Humanos en la categoría de medios de comunicación, Enviado Especial de la UNESCO por la Paz, Premio Ortega y Gasset de Fotografía, hablamos con Gervasio Sánchez (Córdoba, 1959) con motivo de la inauguración de la muestra «Antología» que repasa toda su carrera profesional en cinco bloques temáticos: América Latina, Balcanes, África, Vidas minadas y Desparecido.


 

Gervasio Sánchez es un icono del periodismo comprometido Foto: L. Beazcochea

Gervasio Sánchez es un icono del periodismo comprometido. Foto: L. Beazcochea

—¿Por qué va Gervasio Sánchez a la guerra?
Desde pequeño sabía que quería ser periodista para viajar a muchos países y, al comenzar la carrera, ya tenía claro que quería hacer periodismo de conflicto para ver lo que realmente ocurría en las guerras. Nunca me ha gustado que me informasen de cosas que no había visto.

—¿Cuáles crees que son las cualidades necesarias para ser fotoperiodista?
Todo periodista debe creer en su propio trabajo contra viento y marea, ser muy autocrítico y tener una gran capacidad de trabajo porque este es un oficio de 24 horas en el que hay que batallar para ir superando infinidad de obstáculos.

—¿Qué opinas del trato de los medios sobre este tipo de conflictos?
Hay conflictos, como la guerra de Afganistán, que son mediáticos en algunos momentos y después caen en el olvido. Hay otros en África, el continente olvidado, que casi nadie quiere publicar. La pregunta es si lo que hay en los medios es realmente periodismo o no. Yo creo que esta exposición lo es y que es importante que los ciudadanos conozcan esta realidad no solo en exposiciones sino en los medios. Yo siempre he estado muy orgulloso de ser de los pocos periodistas españoles que iban a los conflictos y que por ejemplo en el aeropuerto de Sarajevo estuviera The New York Times, Time, Associated Press (AP), Reuters y Heraldo de Aragón.

—Acabas de inaugurar la exposición «Antología» en el IAACC Pablo Serrano en la que se recoge tu carrera profesional de más de 25 años en 132 fotografías y 48 retratos. ¿Te ha resultado muy complicado condensar tantas vivencias en una sola muestra?
La comisaria, Sandra Balsells, y yo decidimos que era importante hacer una muestra evolutiva que recogiera desde que era un joven periodista inseguro que no había recibido nunca clases de fotografía hasta aquellas imágenes ya consolidadas que forman parte de proyectos muy intensos. Con ella todo es más fácil, tenemos una gran relación y complicidad profesional.

—¿Qué sientes al ver esta evolución recogida en una sala?
La emoción y suerte que he tenido de no estar en la lista de muertos. Esta exposición está dedicada a todos los fotoperiodistas españoles que han muerto en territorio de conflicto, la mayoría amigos míos. Tengo claro que podría estar en su lugar, ellos en el mío y que sus trabajos tendrían el mismo prestigio. También siento un gran dolor y pesimismo al ver lo difícil que es que no haya guerra en alguna época. La exposición es dura porque la guerra lo es y yo soy cuidadoso en mis fotografías.

—¿Cuál ha sido tu momento más duro durante todos estos años?
Cada vez que ha muerto un compañero, el estar cerca y tener que ejercer de familiar cercano… En mayo del 2000, cuando murió Miguel Gil en Sierra Leona tuve que identificar a ese gran amigo con el que he hecho algunas de las fotos aquí expuestas. Todavía me surge su imagen sin vida en mi cabeza. Son momentos en los que, por un lado, sientes el dolor de ver a alguien cercano muerto y, por otro, piensas en la suerte que tienes de poder contarlo.

—¿Y el momento más satisfactorio?
He ganado muchos premios pero el más especial para mí es el que la Asociación de la Prensa de Aragón (APA) me otorgó en 1993 al Mejor Periodista del Año por mi cobertura de la guerra de Bosnia. El hecho de que fueran mis propios compañeros los que me dieran ese reconocimiento me animó y conmovió mucho. Después han llegado otros premios pero a veces estás en la lista de premiados porque viste muy bien tu nombre.

Gervasio Sanchez va a guiar dos visitas el 18 y 20 de noviembre en las que explicar su exposición Foto: L. beazcochea

Gervasio Sanchez va a realizar dos visitas guiadas el 18 y 20 de noviembre en las que explicará su exposición. Foto: L. beazcochea


—En tu obra destaca el uso del blanco y negro, ¿por qué?

Hasta 1990 siempre fotografiaba en color pero en 1990, uno de los mejores fotógrafos del mundo me sometió voluntariamente a una crítica brutal en la que prácticamente me dijo que si no cambiaba mi forma de fotografiar, no iba a ir a ningún sitio. Me compré otra cámara y empecé a hacer otro tipo de fotos más pausadas y tranquilas que mostraran otra cara de la guerra: unos niños jugando entre el caos, alguien rezando ante unas tumbas… Estas fotos son las que han consolidado mi carrera y las que más alegrías me han dado.

—También vas a impartir clases magistrales durante el mes de noviembre bajo el nombre «Los ojos de la guerra». ¿Qué vas a enseñar en ellas?
Quiero enseñarles la trastienda; contarles todos los secretos que hay en este tipo de trabajo que aunque son fotografías planas, tienen detrás una historia. Cómo afrontar un proyecto a largo plazo, cómo plantearlo, cómo buscas transmitir las historias… Por ejemplo, tengo miles de fotos de desaparecidos que nunca se publicarán pero que son importantes porque ayudan a llegar a las fotos que sí ven la luz.

—A su vez, estás presentando junto a Mònica Bernabé el libro y exposición «Mujeres. Afganistán» en el que has trabajado durante 6 años. Has confesado que es uno de los proyectos más duros, ¿por qué?
Cuando uno trabaja en «Vidas minadas», ves que aquellos chicos que conociste entre la vida y la muerte crecen, tienen hijos, son felices.. En «Desaparecidos», no hay nada más emocionante que aparezca un cuerpo, te llamen y te digan «Han identificado a mi abuelo» porque ahí termina el dolor, el luto. Pero, ¿qué pasa con las mujeres de Afganistán? Todas con las que he trabajado van a seguir siendo mujeres maltratadas, van a continuar en matrimonios forzosos, violadas. Mi trabajo no va a servir para cambiar nada.

—Además, en CaixaForum expones «Camboya. Tierra de esperanza» junto a documentales de Oriol Gispert hasta el 8 de febrero. ¿Cómo describirías esta exposición?
Esta exposición es algo diferente. Fue una propuesta del Programa de Cooperación Internacional de la Obra Social «la Caixa» del año 2008 en la que debía mostrar la realidad de Camboya. Estaba cansado de fotografiar en blanco y negro y como tenía imágenes en este país en color de los años 90, decidí hacer este trabajo en color. Fue un trabajo menos intenso en el que durante un mes me acompañó mi familia y que muestra la realidad de Camboya pero con una imagen de esperanza.

 

Por Leyre Beazcochea

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