La ilusión de la realidad

Para muchos, esta película podría calificarse como encantadora, ligera o tierna. Lo que parece obvio es que uno se sienta en la butaca y disfruta de un rato agradable en compañía de Woody Allen, pero aquí, lo evidente, se plasma de forma poco convencional. Además de la magia y el encanto que irradia esta producción, encontramos una complejidad velada que me parece interesante desmenuzar.


Magia a la luz de la luna (Magic in the Moonlight,  Woody Allen, 2014)

Magia a la luz de la luna (Magic in the Moonlight, Woody Allen, 2014)

Como no podía ser de otra manera, los temas de las relaciones sentimentales, la muerte, la magia y demás asuntos de la condición humana que le preocupan a Allen aparecen reflejados explícitamente. No obstante, el nihilismo nietzscheano que ha acompañado al director neoyorquino a lo largo del tiempo ha evolucionado en la última década con giros bruscos que nos recuerdan a la revolución de su primera etapa y que se plasmó en obras como Interiors (1978) con respecto a Annie Hall (1977) y Love and death (1975).

El Woody Allen de filmes como Match Point (2005) o Cassandra´s Dream (2007) había perdido la confianza en la especie humana. La vida que, por supuesto, es trágica, ahora perdía el sentido también a nivel particular y social. No existían referentes desde los que estipular pautas de comportamiento y la esperanza en una nueva clase de valores que guiasen al individuo por un camino, ya no correcto pero, al menos, convenido, se había esfumado.

Sin embargo, la desesperanza con la que cierra, con estas dos obras, una trilogía que comenzó con Delitos y faltas (Crimes and misdemeanors) en 1989, en el filme que nos ocupa se pliega sobre sí misma como quien busca una redención que nunca llega pero que se tiñe, en unas ocasiones, de nostalgia romántica y, en otras, de una tristeza melancólica que en este caso se pertrecha de un humor absurdo que hace reírnos de nosotros mismos y de nuestra condición humana.

La magia que encontramos a la luz de la luna, es la magia de saber que existe una ontología que hasta este momento habíamos obviado. Como se menciona en la propia película, «No hay un mundo metafísico, lo que vemos es lo que hay» y se añade que «Nietzsche se deshizo del tema de Dios de forma convincente». Pero el rechazo a una metafísica entendida como un «otro» mundo separado y distinto del nuestro como esperanza, no significa que no exista ilusión por vivir «nuestro» mundo. «La vida es desagradable, tosca y», sin embargo, «breve» se menciona igualmente. Pues bien, en esto consiste la Ontología Estética que Nietzsche proponía y que nadie como Woody Allen ha sabido trasladar a la segunda mitad del siglo XX y lo que llevamos de XXI. Una Ontología en la que el ser necesita vivir su existencia de forma plena.

Woody Allen nos insta a regocijarnos en el absurdo de nuestras limitaciones y nuestras aspiraciones frustradas. Nos reclama vivir la vida de forma sincera.

Nos invita a ser verdaderamente felices.

Por Jacobo Henar

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