La poesía dobla La Campana

La poesía dobla La Campana

Amor, hastío, emoción. Son algunas de las palabras que el pasado sábado 16 de abril inundaron La Campana de los Perdidos en el ciclo de poesía organizado por la Asociación Aragonesa de Escritores.


El encuentro Poesía para Perdidos comenzó su novena edición con las poetisas del grupo Molière, cuyos versos retrataban una vida castigada por el dolor, la soledad y ese desamor que tanto ha inspirado a poetas de todas las edades y rincones.

Un recital en el que las poetas mostraron una lírica comprometida con la sociedad, ya que cada una de sus  intervenciones concluyó con un poema dedicado al drama de los refugiados sirios. Además de la íntima lectura de versos, el evento gozó del acompañamiento musical del solista Chenchu Guzmán, quien interpretó temas propios y versiones como el famoso Para ti de El Zurdo.

Campana de los Perdidos
Tras el evento, se tomaron algunas fotografías de los artistas y todos los asistentes volvieron a sus casas entre felicitaciones, risas y versos.

Poesía para Perdidos es una propuesta cálida y acogedora que, pese a llevar nueve años en escena, parece escapar de los límites del tiempo, presentándonos a nuevos poetas, músicos y una infinidad de artistas con los que poder compartir impresiones y conversar entre copas.

Lejos de la mecanicidad de un evento, el ciclo de poesía y el original espacio en el que se desenvuelve nos transporta a un ambiente amigo en el que la intimidad literaria se hace patente.

Según sus organizadores, los poetas Fran Picón y Fernando Sarría, Poesía para Perdidos es un espacio abierto a todos aquellos que, conozcan o no la poesía, estén dispuestos a disfrutarla durante unas horas. «Pobre de la prosa que no tenga poesía», afirma Fran Picón tras el evento, trasladando la idea de que la poesía es necesaria no solo en la literatura, sino en todo aquello que nos rodea y pueda destilarse en palabras. Fernando Sarría la considera incluso «un reducto de lo humano», el cual convive con nuestro lado más simbólico y personal.

En la sala todavía hoy se puede palpar la magia de una actuación reciente, pero merece la pena esperar al siguiente ciclo de poesía. Porque solo queda eso, esperar a otra vuelta de campana.

 

Por Javier Fajarnés

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