Larga vida al «live coding»

Larga vida al «live coding»

El sábado 22 de noviembre los Benoît & The Mandelbrots me iniciaron en una nueva dimensión musical completamente electrónica y sintetizada. Live coding ha sido un descubrimiento, ni bueno ni malo, por ahora un descubrimiento.

Uno, que solo escucha rock, es poco dado a ver otros experimentos. Absorbido por esa pantalla gigante que está frente a la Estación Delicias, acudí al Centro de Arte y Tecnología Etopia sin saber muy bien (todavía tampoco lo sé) lo que me iba a encontrar. Para empezar, la nada: un edificio con un interior blanco y vacío, muy vacío.


El festival Radical dB ha mostrado la experimentación sonora en acción del 20 al 23 de noviembre en Zaragoza
El Festival Radical dB mostró qué es la experimentación sonora en acción del 20 al 23 de noviembre en Zaragoza

El programa del Festival Radical dB anunciaba la actuación de Benoît & The Mandelbrots; tres tipos que hacían música live coding. A mí todo lo que pasa en ese edificio de la pantalla gigante me genera expectación. Primer paso, ver que significa live coding y acudir a Wikipedia, que aunque no es una fuente fiable de información, es menester. «Live coding: programación en vivo, se utiliza a menudo para crear sonido y/o imagen basados en los medios digitales. Es particularmente frecuente en la música por ordenador, combinando la composición algorítmica con la improvisación». ¡Toma ya! Y lo mejor de todo es que en un apartado de la Wikipedia donde pone «bandas destacables» salen los Benoît & The Mandelbrots. Vamos, «cremita» del live coding es lo que me esperaba. Siguiente paso: YouTube, y esto es lo que me encontré:

Por el camino inhóspito, ya que uno solo coge ese trayecto para ir de viaje, pensaba en lo que me iba a encontrar. Estuve una vez en Etopia pero para una charla, nada comparado con lo de ahora. Al fin y al cabo, un festival es un festival y uno siempre espera una sala diáfana y una barra de la que se pueda extraer algún refrigerio que haga pasar el rato. Llego al edificio y no. Tras seguir la línea naranja me encuentro de bruces con un auditorio, pero de los de verdad, con sus butacas. Mal empezábamos si había que estar sentado… Mi cara, supongo, era de sorprendido. La mía y la del todo el que iba entrando, que me fijé.

Comienza el espectáculo y la estampa era tres tíos sentados en una mesa con sus portátiles. En la pantalla veías como iban programando, vamos, lo que iban escribiendo. A la vez ellos, que les separaban cuarenta centímetros entre sí, se comunicaban mediante una especie de Messenger. «Go, go, Power Rangers!» indicaba que iban a darle caña al tema. ¿La música? Casi era lo de menos ante tal impacto visual. Música electrónica que mejoró cuando se decidieron a incluir bases rítmicas. En general cuarenta minutos animados pero faltos de vida en el escenario y sobre todo faltos de ritmo. Tenía la sensación de estar bebiendo horchata acústica, a aquello le faltaba algo, ¿era el ambiente?, ¿era la música? No lo he conseguido descifrar aún.

Por un momento pensaba en símiles rocanroleros y es que me parecía bastante valiente que mostraran todo lo que hacían, así, a pelo. Es como el guitarrista solista que se pone ante el público con el único afán de que se aprendan su solo de guitarra. Claro que, si no sabes de programación, es imposible que entiendas nada. Y yo, en aquel momento, estaba completamente sumergido en un mar de ignorancia e incomprensión.

Aun así no me imagino a nadie por la noche, en un antro recreando el Air Laptop, al estilo Air Guitar. Al final la noche se quedó buena. Satisfecho por lo que había escuchado e, incluso, por lo que había visto; Benoit & The Mandelbrots se despidieron como se despiden los grandes, reverenciando al público. Y luego, los portátiles, hicieron lo mismo.

 

Por David H. Secorún

2 comentarios en «Larga vida al «live coding»»

  1. Gracias por tu reseña! En realidad tocamos en muchos sitios y musicas diferentes, dadas las condiciones que ya mencionaste (donde está la barra con la cerveza?) decidimos tocar un set mas relajado, masivo y ruidoso y con poco ritmo, pues como ya viste, no habia espacio para bailar. Estas son decisiones que tomamos al momento de tocar y lo que hacen nuestros conciertos diferentes en cada lugar y con otras audiencias. Sin embago, al menos fue una experiencia nueva de escuchar y ver la música electrónica, que es en realidad lo que nos propusimos desde un principio.

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